Sangre en la frente

SANGRE EN LA FRENTE. LA GUERRA CIVIL EN COLOR de Jordi Bru y Jesús Jiménez / Editorial: Desperta Ferro Ediciones / Género: Ensayo / 400 páginas / ISBN: 9788412323993 / 2022

Sangre en la frente es mucho más que un libro de fotografías, mucho más que un ensayo de historia sobre la Guerra Civil. En este libro podemos adentrarnos en la realidad de un conflicto como si fuésemos coetáneos de esa misma época. Es un recorrido visual por la historia de la Guerra Civil en el que podemos asistir al relato del conflicto a través de una selección de fotografías coloreadas digitalmente para la ocasión. Muchas de estas fotografías son relativamente conocidas, pero muchas otras han salido ahora del anonimato para la gran mayoría del público. La selección de las fotografías está pensada con un hilo argumental y temporal, son verdaderos documentos históricos, otrora en blanco y negro y ahora, gracias a la tecnología, en colores, un color que les da vida. La pigmentación consigue que el lector empatice mucho más con el personaje o con la escena de la imagen. Hoy en día, en un mundo donde la hiperconectividad de la sociedad está basada en el reino de la imagen, un libro de historia con un discurso narrativo tan visual como es Sangre en la frente, se me antoja una suerte de relato que no debería ser obviada por nadie.
Sangre en la frente huye de victimismos, de vencedores o vencidos. Reúne más de ciento ochenta fotografías tomadas durante el periodo de la Guerra Civil española, entre 1936 y 1939, de cada uno de los dos bandos contingentes. El libro se divide en nueve capítulos organizados cronológicamente, que van desde los días de la sublevación, a finales de Julio de 1936, hasta el fin de la guerra, en la primavera de 1939. Hay fotografías, más allá de las evidentemente militares y políticas del momento, donde se pueden observar todos los estamentos socioeconómicos, culturales o profesionales de aquel trágico período histórico, incluidos a los más vulnerables, los ancianos, los niños, las mujeres…
No es este otro libro “más” sobre la Guerra Civil Española, Sangre en la frente es mucho más que eso, es todo él un documento histórico increíble y al alcance de cualquiera.

Jesús Cuenca Torres

Y se quedó tan ancha…

Hay algún que otro difamador convencido de que es fundamental para que un escritor prospere en su oficio repudiar las obras que escribió en el pasado… ¡vamos!, desdeñar su pasado en pos de un futuro mejor. Hablo de esos cantamañanas que, con la única intención de demostrar a todo el mundo lo cultos que son, se las apañan en el turno de preguntas de un acto para iniciar una diatriba, sin venir a cuento, contra el escritor de marras. Hace muy poco estuve en la presentación de un poemario de una escritora murciana. Allí, entre los asistentes, se encontraba uno de estos individuos (individua) a los que hago referencia. Cuando llegó para el público el momento de las preguntas, este personaje, ya entrado en los cincuenta calculo, se levantó, pidió el micrófono, sacó de una carpeta un montón de folios mecanografiados, y empezó a recordarle a la homenajeada algunas reglas de ortografía y gramática de la Real Academia Española, le comparó con tono despectivo sus versos con los de Calderón de la Barca, y para terminar le aseguró, con la osadía que le daba la ignorancia, que para hacer buenos versos un poeta debe repudiar los que ya hizo.

Y se quedó tan ancha.

Yo, como padre orgulloso de mis obras, y en solidaridad con esta poetisa y con los millones de millones de millones de seres imperfectos que poblamos la tierra, os dejo un extracto de uno de mis últimos trabajos publicados, “El Cementerio de la Alegría”, una novela que, lejos de enterrarla en el olvido, la tendré en mi corazón siempre (y en la memoria, el tiempo que me permita la cordura)…

« (…) Deambulé en la oscuridad de los pasillos, sin advertir nada fuera de lo normal a esas horas de la noche. Las puertas de los módulos estaban cerradas o entornadas, y las enfermeras que quedaban de guardia dormitaban sentadas al final de cada corredor. Apenas se escuchaba otro sonido en toda la planta que no fuera el estrépito cacareado de Pierre.

Al final de uno de los corredores que daban a la calle, justo antes de la sala principal que hacía las veces de recibidor, vi una luz tenue escaparse de una pequeña ventana. Me dirigí hacia allí, inquieto por el cansancio y el aburrimiento. Hubiese sido más fácil abrir un poco la puerta que enmarcaba ese halo de claridad y asomarme con disimulo, pero decidí colgarme del resquicio de la ventanita y echar desde allí un vistazo. La habitación estaba toda forrada de madera, hasta el techo. No había más muebles que una vieja mesa de roble y dos sillones de terciopelo marrón desgastado hasta la vagancia. Una bombilla con decenas de mosquitos estrellados era lo que completaba la escena. No había ni un solo signo de intranquilidad.

Seguí curioseando.

Entré en la capilla del hospital. Aquella sala era especialmente tenebrosa. Al Cristo Cautivo le acompañaba una docena y media de cucarachas más grandes que la palma de mi mano. Mientras una mitad de ellas correteaba de arriba abajo por el dorado manto de la estatua, sin parar; las otras se hallaban quietas, delante de un pedestal de mármol, dirigiendo las alabanzas que allí, a modo de oración, proclamaban al Hijo de Dios. Leí en voz alta:

“Cristo Cautivo,

que tras espinas de amor entregas tu alma,

libera mis penas,

perdona mis faltas.

 

Jesús,

perfumado de gracia divina,

hijo del Dios único y salve,

escucha mi lastre perdido,

mi llanto, mi fe, mi dicha

escucha mi triste camino,

libra de mí la falsa palabra,

el comento, el engaño.

 

Salve Dios tu hijo,

porque cautivo mira al mundo con amor,

porque el amor es su mundo cautivo,

porque su sentencia de muerte

nos libra del pecado.

 

Cristo Cautivo,

que tras espinas de amor entregas tu alma,

perdona mis penas,

liberas mis faltas.”

Me quedé un rato pensativo, mirando a los ojos de la imagen. Se me ocurrió pensar que a lo mejor esa plegaria la había escrito mi padre, el poeta. La inspiración divina no sólo fabrica salmos o utiliza las metáforas para decidir la verdad que más conviene a los miedos de los mortales, también destruye mentiras con las que puedan naufragar y sentir la debilidad de sus espíritus los mensajeros de Dios; yo a sabiendas de estar pecando, me sentí orgulloso de ser egoísta y creerme un privilegiado que podía poseer para mí solo todo el deleite de la creación. Sonreí. (…) »

El Cementerio de la Alegría (Martínez Roca, Planeta, 2012)

 

José Antonio Castro Cebrián

El asesino del rompecabezas

EL ASESINO DEL ROMPECABEZAS de Nadine Matheson / Traductora: María José Díez Pérez / Editorial: Catedral / Colección: Noir / Género: Narrativa / 538 páginas / ISBN: 9788418800238 / 2022

Cuando una serie de cadáveres empiezan a aparecer a orillas del río Támesis, la inspectora Anjelica Henley teme que pueda ser obra de Peter Olivier, el famoso asesino del rompecabezas. Pero eso es imposible; fue ella misma quien le dio caza y logró meterlo entre rejas.

Aunque Henley esperaba no tener que enfrentarse de nuevo a el, sabe que solo puede recurrir a Olivier para dar con su imitador. Y cuando Olivier sea conocedor de los nuevos asesinatos, ayudar a Henley será lo último que tenga en mente…

Nadie estará a salvo, y mucho menos después de que el asesino del rompecabezas haya logrado fugarse de la cárcel. Cualquiera puede ser su siguiente víctima. Solo es cuestión de tiempo.

Matheson ha escrito un libro de narrativa tensa y de ritmo rápido. Disfruté cada una de las páginas de la novela, me atrapó desde los primeros instantes. Desde luego El asesino del rompecabezas cumple la premisa de los grandes bestsellers, disponer de un comienzo arrollador para que el lector no pueda parar de leer hasta el final. Para mí, esto ha sido un gran logro, porque hoy en día, con tantos estímulos exteriores, me resulta cada vez más difícil abstraerme en la lectura, y en este caso me ocurrió todo lo contrario, una vez me senté a leer el libro lo hice de una sola vez: los giros argumentales son excelentes, y el suspense va creciendo a medida que se avanza en la historia. Entre todos los personajes me quedaría con Peter Olivier (el asesino del rompecabezas original), un villano fascinante, manipulador y carismático que, a pesar de estar preso en una cárcel de máxima seguridad, da la sensación de ser él quien está al mando, jugando con la inspectora Anjelica Henley a su antojo.

Juanjo Melgarejo

No sabía nada de esta autora. Desconocía su bibliografía y mucho menos su biografía. Hasta que no me terminé el libro no me interesé en saber algo más de Nadine Matheson. Sospechaba (como al final constaté) que El asesino del rompecabezas probablemente sería su primera novela, por diferentes motivos. El primero de ellos es por la cantidad de personajes que tiene la historia, y por el desarrollo vital de los mismos a lo largo de la trama. En algunos momentos (sobre todo los personajes secundarios) no me resultan demasiado creíbles, es más, pienso que están poco madurados, como si en algunas escenas sobraran, y lo hicieran únicamente ellos. He sentido, quizá solo sea mi sensación, que el desarrollo de los personajes ha sido fruto de un gran esfuerzo por parte de la autora, y eso no me ha gustado nada, me ha sacado de la historia. La trama no es un mal argumento, los diálogos son fluidos (aunque algunos no me terminan de convencer) y el desenlace bien, es el esperado. Para mí, El asesino del rompezabezas no es una mala novela, ahora sabiendo que es una primera obra puedo entender por qué tengo esa sensación de que es una obra incompleta, pero tengo que ser totalmente sincero y decir la verdad: me he aburrido en algunos momentos (sobre todo por la mitad de la novela), y en muchos otros no he conseguido concentrarme en la lectura.

P.D.: Con esto no quiero decir que todas las óperas primas sean unas novelas incompletas que no merezcan ser leídas, para nada. Hay por ahí auténticas joyas editadas que son óperas primas.

Maxi Sabela Tornés

El arte del bien vivir

EL ARTE DEL BIEN VIVIR de Joaquín Riera Ginestar / Editorial: Almuzara / Género: Ensayo / 490 páginas / ISBN: 9788416750931 / 2022

El historiador y escritor Joaquín Riera Ginestar (Tormos, 1975) ha escrito el ensayo El arte del bien vivir (Almuzara, 2022) para demostrar que, incluso en las sociedades actuales más eclécticas, es posible aplicar los principios de la filosofía epicúrea. El epicureísmo es una doctrina filosófica fundada unos trescientos años antes de nuestra era, que tiene como premisa fundamental las enseñanzas del filósofo griego Epicuro de Samos, las cuales tenía como objeto la búsqueda de la felicidad a partir de un equilibrio “inteligente” de los placeres y la eliminación de los temores básicos de todos los hombres, como el miedo al destino, a los dioses o a la muerte. Para ello Epicuro fundó una escuela a la que llamó “El Jardín”, una escuela alejada de todo movimiento político y social, que practicó sobre todo la amistad, y que fue considerada en su tiempo lo más alejado al platonismo.
Riera nos dice que hoy en día la sociedad ha asumido que la felicidad es el resultado de un gozo inmediato, una apremiante necesidad de consumir todo del momento y al instante, todos los placeres son variados y efímeros. El ser humano se ha convertido en un producto de él mismo, donde la obsesión consumista hace que la realidad de su felicidad sea algo totalmente subjetivo y, por supuesto, un placer nada satisfactorio.
El ensayo se divide en cuatro capítulos principales y una conclusión, una introducción y un epílogo, y un apéndice bastante completo. La lectura es amena, el ensayo está orientado para cualquier tipo de lector con un mínimo de curiosidad. Si se lee con la suficiente atención, en El arte del bien vivir encontraremos una forma diferente de ir hoy en día en busca de la felicidad, teniendo como referente la filosofía clásica helenística.

Aurelio R. Silvano