Entremés de «Diario de un escritor» de Fiódor Dostoyevski

«En el número de octubre, informaba del suicidio de la hija de un emigrante: ‘Empapó un algodón en cloroformo, se lo llevó a la cara y se acostó en la cama. Así murió. Antes de morir escribió una nota: “Me apresto a emprender un largo viaje. Si el intento no sale bien, que se reúnan para celebrar mi resurrección con copas de Clicquot. Si sale bien, ruego que no me entierren hasta que esté muerta del todo, pues resulta muy desagradable despertarse en un ataúd bajo tierra. ¡No es nada chic!.” El señor N.P., lleno de arrogancia, se enfada con esa suicida “frívola” y saca la conclusión de que su acto “no es digno de la menor atención”. De buenas a primeras añade: “Me atrevería a afirmar que una persona que desea festejar su vuelta a la vida con una copa de champán en la mano, no ha sufrido mucho en esta vida, cuando la retoma de manera tan solemne, sin alterar sus costumbres y sin pensar siquiera en ellas…”.
¡Qué idea y qué razonamiento tan ridículos! Lo que más le ha fascinado es el champán. No obstante, si le hubiera gustado tanto el champán, habría seguido viviendo para beberlo, pero lo que hizo fue referirse a él antes de morir, antes de morir de verdad, sabiendo muy bien que seguramente iba a morir. No podía tener mucha confianza en sus posibilidades de volver a la vida, y además esa eventualidad no le ofrecía ningún atractivo, porque en su caso volver a la vida significaba enfrentarse a un nuevo intento de suicidio. Aquí el champán no significa nada; seguramente no tenía la menor intención de beberlo… ¿De verdad es necesario explicarlo? Mencionó el champán porque, antes de morir, deseaba permitirse una extravagancia abyecta y repugnante. Eligió el champán porque no pudo encontrar un cuadro más abyecto y repugnante que una borrachera para celebrar su “resurrección de entre los muertos”. Necesitaba escribir algo así para cubrir de barro todo lo que dejaba en el mundo, para maldecir la tierra y su propia vida, para escupir sobre ellas y dejar constancia de ese escupitajo a sus deudos, a quienes abandonaba. ¿Cómo explicar tanto rencor en una muchacha de diecisiete años? ¿Y contra quién iba dirigido ese rencor? Nadie la había ofendido, no tenía necesidad de nada; se diría que murió también sin ningún motivo. Pero es precisamente esa nota, es precisamente el hecho de que en un momento semejante estuviera tan interesada en permitirse una extravagancia tan abyecta y repugnante, es precisamente todo eso lo que lleva a pensar que su vida había sido incomparablemente más pura de lo que sugiere esa ocurrencia abominable, y que el rencor, la inmensa amargura de su ocurrencia, testimonian, por el contrario, los sufrimientos y las torturas a que estaba sometida su alma, así como la desesperación del momento postrero de su vida. Si se hubiera dado muerte llevada de cierto apático hastío, sin saber muy bien por qué, no se habría entregado a esa extravagancia. Para analizar esa disposición de espíritu es necesario adoptar una actitud más humana. En este caso, el sufrimiento es evidente, y no cabe duda de que murió de angustia espiritual, después de muchos tormentos. ¿Cómo pudo atormentarse tanto una criatura de sólo diecisiete años? Pero ésa es la terrible cuestión de nuestro tiempo. He avanzado la hipótesis de que murió de angustia (una angustia demasiado precoz) y del convencimiento de que su vida carecía de sentido… y que ambas afecciones eran consecuencia exclusiva de la depravada educación que recibió en casa de sus padres, una educación basada en un concepto erróneo del sentido supremo y los objetos de la vida, que destruyó deliberadamente en su alma cualquier fe en su inmortalidad.»

Diario de un escritor (Fiódor Dostoievski, 1873-1880)

Fiódor Mijáilovich Dostoievski (Moscú, 1821- San Petersburgo, 1881) Novelista ruso, es uno de los autores rusos más universales y ha ejercido una profunda influencia en la narrativa rusa posterior. A los veinte años, después de terminar sus estudios en San Petersburgo, escribió su primera novela, Pobres gentes (publicada en 1846), de carácter epistolar, cuyo valor fue reconocido por el poeta Nekrásov y el crítico literario Belinski. Posteriormente escribió una serie de relatos —El doble (1846), La patrona Joziaika (1847), Corazón libre (1848), Noches blancas (1848)— que alcanzaron un escaso éxito entre el público. Acusado de conspiración en 1849 por la policía de Nicolás I, Dostoievski fue condenado a muerte , pero en el momento de la ejecución le fue conmutada la pena por la de cuatro años de trabajos forzados en Siberia. Cumplida la condena, fue incorporado a un grupo de tiradores siberianos en Semipalátinsk, y más adelante, en 1859, se autorizó su regreso a San Petersburgo. Coincidiendo con estas fechas, el escritor ruso publicó dos obras que, basadas en su experiencias en la cárcel, conseguirían devolverle su prestigio literario: Recuerdos de la casa de los muertos (1861) y Memorias del subsuelo (1864). De significativo valor literario resultaron sus tres obras publicadas en 1866: Humillados y ofendidos, Crimen y castigo, primera de una serie de novelas que confirmarían definitivamente su reputación literaria y que hoy se considera una de sus obras más representativas, y El jugador. Asediado por sus acreedores, decidió abandonar Rusia, transitando entre una y otra ciudad (Dresde, Hamburgo, Baden-Baden, Ginebra, Florencia), golpeado por el fallecimiento de su hija y por su padecimiento epiléptico. Pese a este tipo de experiencias, publicó El idiota (1868), y El eterno marido (1869). En 1870, la publicación de Los endemoniados consiguió proporcionarle el suficiente dinero para regresar a Rusia, y será allí donde escribirá una serie de artículos periodísticos que recoge en el Diario de un escritor (1873-1880), obra en la que reflexiona, desde una perspectiva cristiana, sobre la problemática de la época. Con la publicación de El adolescente (1875) y de Los hermanos Karamazov (1879), logró conquistar uno de los lugares más altos en la historial universal de la narrativa.

Siervos de la Guadaña

SIERVOS DE LA GUADAÑA de Víctor Morata / Editorial: Amazon KDP / Género: Narrativa / 434 páginas / ISBN: 9798464879188 / 2021

Sobre el libro:

Para Eladio Jones, la vida ha perdido el gusto y apenas tiene nada por lo que merezca la pena levantarse cada mañana. Ha ido cavando su propia tumba desde hace años y lo ha perdido todo: su familia, sus amigos e incluso el respeto de sus compañeros de la comisaría de Corralas de San Juan. Cuando aparece la grabación del asesinato de un hombre que más parece una ejecución y le asignan el caso, él ya sabe que puede que sea el último. Se iniciará, sin él saberlo, una cuenta atrás que lo llevará de vuelta a sus miserias del pasado y hará que las heridas, aún abiertas, comiencen a sangrar de nuevo, arañando sus recuerdos. El inspector Eladio Jones la ha cagado muchas veces. Es consciente de ello. Tanto como de su inevitable naturaleza que le lleva a cometer esos errores una y otra vez. Quizá atrapar al asesino sea su única forma de redención y la guinda del pastel de la jubilación que todos desean para él.

Sobre el autor:

Víctor Morata Cortado (Cartagena, 1977) exhibió por primera vez sus escritos en público en redes como la premiada tusrelatos.com, de la que nacieron autores como Darío Vilas, Javier Pellicer o Marta Abelló. También ha compartido letras en antologías diversas con Guillem López, Iván Mourin, Tony Jiménez, Elena Montagud o Cristina Puig, entre otros. Colaborador desde los inicios de páginas como «El café del autor», «Propera Parada: Cultura» y «La Jungla de las Letras», además de los fanzines de Horror Hispano y otras muchas publicaciones impresas y digitales. Ha publicado en antologías de diversas revistas literarias como la madrileña «Voces» o la argentina dedicada al Rey del Terror «Insomnia». Ganador del «VII Yoescribo de Relato» y finalista en algunos concursos de índole nacional. Esta es su primera novela publicada.

Entremés: «El jade del mandarín» de Raymond Chandler

«Conduje yo. O, más bien, sostuve el volante del enorme coche negro mientras este rodaba solo. Llevaba una gabardina clara y un sombrero de Lindley Paul. En uno de los bolsillos llevaba diez mil dólares en billetes de cien. Paul iba en el asiento trasero y llevaba una Luger con cachas de plata que era una verdadera monada. Yo tenía la esperanza de que supiera utilizarla. No me gustaba nada aquel trabajo.
El lugar de la cita era una hondonada a la entrada del cañón de la Purissima, a unos quince minutos de la casa. Paul dijo que conocía bastante bien el sitio y que no tendría ningún problema para indicarme el camino.
Subimos, bajamos e hicimos ochos por la ladera de la montaña hasta que me dieron mareos, y de pronto nos encontramos en la autopista estatal y las luces de los coches que pasaban formaban una franja continua de luz blanca hasta donde alcanzaba la vista en ambas direcciones. También circulaban grandes camiones con remolque.
Después de pasar por una gasolinera de la Sunset Avenue, giramos tierra adentro. Allí, por fin, encontramos soledad. Durante algún tiempo percibimos un débil olor a algas marinas y el aroma mucho más fuerte de la salvia silvestre, que bajaba de las oscuras laderas. En la lejanía, alguna que otra ventana amarillenta nos miraba desde lo alto de una fantasía inmobilaria. De vez en cuando, nos cruzábamos con un coche cuyas luces borraban durante unos instantes las colinas.»

El jade del mandarín (Raymond T. Chandler, 1937)

Raymond T. Chandler, novelista estadounidense (Chicago, 1888 – La Jolla, California, 1959), es quizá, junto con D. Hammett, el máximo representante de la novela negra norteamericana. Tras el divorcio de sus padres viajó muy joven a Inglaterra con su madre, allí estudió en el Dunwich College de Londres, aunque parte de su educación también transcurrió en Alemania y en Francia. Cuando regresó a los Estados Unidos, tras una breve experiencia como funcionario del gobierno británico, trabajó en los más diversos oficios: empleado de banca, periodista (colaboró con publicaciones como el London Daily Express y la Bristol Western Gazette), dependiente y ejecutivo de una empresa petrolífera. Antes de volver a Estados Unidos en 1912 ya había conseguido publicar más de veinticinco poemas y su primer relato: The Rose Leaf Romance. Luchó en la Primera Guerra Mundial con las Fuerzas Expedicionarias Canadienses, y terminada la contienda se casó con Cissy Hurlburt, 18 años mayor que él, y fue entonces cuando comenzó su verdadera carrera literaria, desarrollando un estilo propio y diferenciador. Es el creador del famoso detective Philip Marlowe, inmortalizado en el cine por Humphrey Bogart, y también del célebre ensayo El sencillo arte del asesinato (1950). Entre sus obras narrativas destacan: El sueño eterno (1939), donde aparece por primera vez Marlowe, Adiós muñeca (1940), La dama del lago (1943) o El largo adiós (1954).

¿Quién asesinó al teniente Castillo?

¿QUIÉN ASESINÓ AL TENIENTE CASTILLO? de José María García Páez / Editorial: Éride Ediciones / Género: Ensayo / 265 páginas / ISBN: 9788417659974 / 2021

Sobre el libro:


El asesinato del teniente de la Guardia de Asalto, Castillo, es un acontecimiento por aclarar en la historia de España. Provocó el asesinato inmediato, del político conservador Calvo Sotelo, siendo este crimen, el desencadenante de la Guerra Civil. Preston o Gibson, acusan sin mucha evidencia, a carlistas o falangistas, respectivamente. Castillo era instructor de milicias antifascistas y se le hacía responsable, meses antes, de dos asesinatos alevosos: el carlista Ángel Llaguno y de un primo de José Antonio Primo de Rivera. No es tan simple. En España, las conocidas como derechas, no aceptaban el resultado electoral de febrero o lo hacían a regañadientes, pero solo una parte de ellas estaba dispuesta a cambiar las cosas, por las “malas”. El equilibrio, más bien el desequilibrio, de fuerzas a favor de la República era evidente, frenaba a los más impetuosos. A la derecha para entrar en una “aventura” le hacía falta un detonante. El partido comunista iba asentándose en España, pero imponer su famosa Dictadura del Proletariado, era todavía una utopía, necesitaba un revulsivo. Un golpe de estado fallido era su solución. En esta novela-ensayo, se analizan estos hechos. Fue una partida de ajedrez con múltiples gambitos. El Komitern, se hizo con el Partido Comunista de España e impuso su estrategia, el objetivo no disimulado de Stalin, era hacer de nuestro país la segunda república soviética de Europa. No le salió… por un pelo.

Sobre el autor:


José María García Páez nace en Madrid, en el barrio de Chamberí en 1944. Termina Magisterio con diecisiete años, pero ejerce esa profesión muy poco tiempo, ya que su familia tiene que emigrar a Colombia. Trabaja en un cafetal durante dos lustros, pero por motivos sentimentales tiene que emigrar nuevamente, esta vez a Nueva Zelanda, donde trabaja en diversas profesiones: lampista, cartero, repartidor, escribiente, etc.
Es autor de «Las Cenizas de la Reina» (Éride Ediciones 2012), «Los Herederos de Fernando VII» (Éride Ediciones 2013), «Estania 23E. Contado por los que lo perpetraron» (Éride 2014), «No se hizo la miel… La leyenda de Paracuellos» (Éride 2015), «Eugenio 1930-1936», (Éride 2016), «Los viajes de Peral. Historia de una infamia», (Éride 2017), «Batet y Campins. Dos generales y un destino» (Éride 2020).
Asimismo, en 2018 hace su primera incursión en la poesía con «Del pasado… recuerdos», que continuaría a finales de 2019 con «Del pasado… viajes, sueños»; y en 2019 presenta su primer libro de teatro con dos títulos «¡Franco!, ¿dónde estás?» y «El día que Pacheco se perdió en el súper», todos ellos en Éride ediciones.
En 2021 presenta su tercer poemario «Árbol de raíz amarga».