14 de junio de 2024

Hoy nos visita en la Jungla el divulgador científico, profesor de secundaria y escritor Alessandro Maccarrone para hablar, entre otras cosas, sobre su última obra publicada, El infinito placer de las matemáticas:

«Las matemáticas son la arquitectura del universo, y son fáciles y enormemente divertidas cuando te las explican bien. Las grandes ideas matemáticas explicadas gráficamente.

Un libro original y sorprendente que derriba el mito de la dificultad. 17 conceptos básicos que permiten entender el lenguaje imprescindible de la ciencia y de la técnica, y desvelan las claves de su inaudita belleza. Con la ayuda de GOLDBACH Leavitt FIBONACCI ARQUÍMEDES NEWTON Hipatia PITÁGORAS FERMAT y muchos otros».

Pregunta: Alessandro Maccarrone, el científico que rechazó una brillante carrera para ser profesor… Cuéntenos sobre esa decisión, ¿cuáles fueron las motivaciones que habían detrás de esa elección, y ha influido ello en su perspectiva o percepción sobre las matemáticas?
Respuesta: Es cierto que algunas decisiones que he tomado en mi vida pueden parecer poco ambiciosas profesionalmente, aunque a mí no me lo parecen en absoluto. A mí el conocimiento me interesa, sobre todo, si se puede compartir, si se puede hablar de él, porque además esto genera nuevo conocimiento. Yo creo que con la ciencia o con las matemáticas pasa un poco como con los descubrimientos geográficos. Están los exploradores que son los que se empujan hasta donde aún no ha llegado nadie, pero también están los cartógrafos, que son los que trazan los mapas que conectan esos nuevos territorios con los ya conocidos, para que más gente pueda acceder a ellos. Probablemente, el más famoso cartógrafo de las matemáticas sea Euclides, porque su aportación principal no fue tanto hacer nuevos descubrimientos sino sistematizar todo el conocimiento disponible. Yo creo que los profesores y los que nos dedicamos a la divulgación tenemos mucho de cartógrafos.

P.: ¿Cómo aborda en «El infinito placer de las matemáticas» la tarea de desmitificar la dificultad asociada comúnmente con esta disciplina, especialmente para aquellos lectores que puedan no tener una base o formación científica?
R.: Efectivamente, la dificultad de las matemáticas es un mito. Al menos la idea de que aprender matemáticas sea mucho más difícil que aprender otras materias. O de que hay personas que tienen el don de las matemáticas y otras que no están hechas para ellas. Los estudios sobre el cerebro parecen indicar que es un órgano plástico y que prácticamente todo el mundo puede desarrollar habilidades matemáticas.
En el libro no abordo esto desde la teoría, sino que opto por “hacer camino al andar”. Hablo de las matemáticas con naturalidad, sin complejos, dando por hecho que sea quien sea el lector va a poder acompañarme en el viaje. Se trata de que empiece a leer y que a medida que van pasando las páginas diga y “oye, pues lo estoy entendiendo, y además las imágenes ayudan a las explicaciones”. También hay toques de humor para quitarle gravedad a la materia y el profesor Maccarrone, que es el personaje que nos guía en el libro, se equivoca de vez en cuando y tiene que volver sobre sus pasos igual que le pasa a la mayoría de personas cuando se enfrentan por primera vez a nuevos conceptos. Creo que todo esto contribuye a perder un poco el miedo y a dejarse llevar.

P.: En su obra, menciona que las matemáticas son esenciales para procesar la información en el mundo actual. ¿Podría darnos un ejemplo de cómo las matemáticas pueden contribuir a un mundo más justo, más libre y más bello, y cuál es el papel de esta disciplina científica en la sociedad contemporánea?
R.: Bueno, eso son varias preguntas juntas. Por un lado, el conocimiento matemático es uno de los ingredientes esenciales para desarrollar el sentido crítico ante toda la información que recibimos y que está llena de porcentajes, de estadísticas y de gráficas. Las gráficas, en particular, son un arma de doble filo. Su carácter visual e inmediato hace que sean el instrumento perfecto para comunicar información en estos tiempos tan frenéticos, pero al mismo tiempo, este puede ser también su hándicap porque si no prestamos suficiente atención a detalles como la escala de los ejes, las unidades, etc. podemos hacernos una idea errónea de lo que realmente hay allí representado.
Por otro lado, el conocimiento matemático tiene múltiples aplicaciones y es imprescindible para dar respuesta a los grandes retos de este siglo. Ya vimos el papel que jugaron los modelos matemáticos a la hora de predecir la evolución de la pandemia de la COVID-19 y también serán esenciales para hacer frente a la emergencia climática en la que estamos inmersos. Por supuesto aquí estamos hablando de matemáticas más avanzadas, de las que se hacen en universidades y en centros de investigación, pero hay que tener en cuenta que una cultura matemática generalizada es el mejor sustrato para la aparición de profesionales brillantes.
Pero más allá de las cuestiones prácticas, las matemáticas nos permiten contemplar una belleza a nuestro alrededor, que no es accesible para el resto de los sentidos. Nos permiten pensar más allá de los límites del mundo físico y dejar volar la imaginación hasta donde queramos. Las matemáticas son una forma de arte cuya materia prima son las ideas, que se moldean mediante el pensamiento. Por eso digo que contribuyen a hacer un mundo más bello.

P.: Con «El infinito placer de las matemáticas» cosechando un éxito que se traduce en 10.000 lectores en su segunda edición en apenas unas semanas, ¿podría compartir con nosotros las opiniones y comentarios que ha recibido por parte del público en líneas generales? Además, ¿cuáles considera que han sido los argumentos esenciales que han contribuido a que un libro de matemáticas sea un éxito en términos editoriales?
R.: La verdad es que estoy super contento de la acogida que está teniendo el libro porque esto demuestra que hay mucha gente con ganas de (re)aprender matemáticas. Lo que ocurre es que, a menudo, no saben cómo hacerlo y parece que en el libro han encontrado una buena manera de empezar.
He recibido muchísimos comentarios muy positivos de personas con perfiles muy diversos. Muchos lectores son gente que quiere darles una segunda oportunidad a las matemáticas, como una profesora de historia del arte que fue compañera mía que me ha dicho que por fin entiende y le interesan las matemáticas y le está regalando el libro a todos sus familiares.
También lo están leyendo muchos docentes a los que les gusta conocer ejemplos y enfoques diferentes para incorporarlos en sus clases. Y alumnos de 13 o 14 años, porque les gusta ver las matemáticas que están trabajando en el colegio, pero con una perspectiva diferente. Hace unos días, un contacto de Twitter, me decía que su hijo ya le había dicho que cuando se lo acabara no se lo iba a dejar a ella porque un amigo se lo había pedido primero. La verdad es que me hace mucha ilusión que el libro sirva para que las familias hablen de matemáticas, me hace pensar “misión cumplida”.
Algo en lo que está de acuerdo todo el mundo es en que las ilustraciones y la edición son fantásticas y hacen que la lectura sea más agradable y más clara. La verdad es que estoy muy contento de haber publicado con Blackie Books, porque sintonizamos mucho en la manera de entender la cultura, y de que el ilustrador haya sido Luis Paadín, porque además de hacerlo maravillosamente bien, ha sabido trasladar a los dibujos el carácter sintético de las matemáticas.

P.: Usted menciona que las matemáticas son la arquitectura del universo y que son fáciles y divertidas cuando se explican bien. ¿Cómo logra transmitir esa facilidad y diversión en su libro? ¿Tiene algún enfoque específico para hacer que los conceptos matemáticos sean accesibles para todos los públicos?
R.: Me gusta decir que pueden ser “fáciles y divertidas” porque me gustaría que mucha gente perdiera el miedo o las reservas hacia las matemáticas. Pero al mismo tiempo creo que no hay nada malo en que algo suponga un reto intelectual, todo lo contrario, eso nos empuja a querer aprender. El problema es precisamente cuando no se ve ningún reto, sino una lista de recetas que nadie ha solicitado o cuando el reto nos parece tan inabordable que no sabemos ni por dónde empezar.
Existe una idea equivocada de que las matemáticas son una materia muy procedimental en la que el objetivo es aprender a ejecutar una serie de pasos de la manera más precisa y rápida posible. En cambio, las matemáticas son esencialmente conceptuales, están hechas de ideas y de relaciones entre ellas, y hay muchísimo espacio para la imaginación y la creatividad.
Hay que tener en cuenta que para aprender nuevos conceptos hay que partir siempre de lo que uno ya sabe, de lo que a uno le resulta familiar y, a partir de aquí, hacerse preguntas, experimentar, probar, equivocarse y volver a probar. Así se consigue conectar las nuevas ideas con las que ya tenemos. Esto pasa en el libro. Los capítulos parten de situaciones fáciles de entender y poco a poco va entrando la complejidad. Se empieza midiendo una pared con palmos y se acaba operando con fracciones o discutiendo por qué el número Pi es un número irracional. Y otra cosa hace el libro es dejar preguntas abiertas, sugerir vías por donde profundizar o ampliar, para fomentar las ganas de seguir aprendiendo matemáticas.

P.: ¿Cuáles son los desafíos más comunes que se encuentra al tratar de hacer que las matemáticas sean atractivas y entendibles para aquellos que se sientan intimidados por los “números”? ¿Y cómo supera esos desafíos en su labor de divulgación científica y docente?
R.: Además de lo que ya he comentado sobre el mito de la dificultad o sobre priorizar el carácter conceptual, también hay algo que tiene que ver con el aspecto que tienen las matemáticas. Las fórmulas y los símbolos resultan tremendamente bellos cuando se comprenden y la demostración de un teorema puede producir el mismo placer estético que la lectura de un poema. Sin embargo, el exceso de formalismo puede suponer una barrera en un primer momento.
El libro no evita las fórmulas ni mucho menos porque las matemáticas también son eso, un lenguaje, pero tampoco se obsesiona con ellas, sino que las integra de manera natural dentro de las explicaciones, como una pieza más, como un punto de vista complementario al que de las palabras o las imágenes. Porque además ese es otro mito, el de que las matemáticas solo son números y cálculos. Las matemáticas también se hacen con dibujos, con gráficos y con palabras. Por eso, el carácter narrativo y visual del libro sirve para atrapar al lector y que cuando se dé cuenta de que está tratando con “números” ya sea demasiado tarde y no quiera dejar de leer.

P.: Ahora hablemos sobre su rutina como escritor, ¿cómo equilibra su tiempo entre la enseñanza, la divulgación científica y la escritura? ¿Tiene alguna recomendación para aquellos que buscan seguir un camino similar en el ámbito académico y literario? ¿Alguna manía a la hora de escribir?
R.: Esta es una muy buena pregunta, que creo que lleva a una pequeña paradoja. La enseñanza exige mucha dedicación intelectual, emocional e incluso física. Entonces, si estás inmerso en el proyecto de escribir un libro es fácil que te cueste encontrar tiempo y que tus obligaciones te parezcan un incordio que se interpone entre tú y la página en blanco. Si el ansia de escribir se hace muy grande puede incluso que tomes una decisión drástica y lo dejes todo para centrarte en escribir con tiempo suficiente y la mente liberada. Pero entonces, a medida que van pasando los días, te das cuenta de que el tiempo a disposición es inversamente proporcional a la cantidad de ideas que se te ocurren. Por alguna razón, ahora que tienes todo el tiempo del mundo, parece que las musas te han abandonado. Quizás debas volver a las clases para que te pasen cosas interesantes que puedas explicar.
Por supuesto, esto no es más que una caricatura, pero sí que creo que la enseñanza, la divulgación más ocasional en charlas o en redes sociales y la escritura de un libro son actividades que se retroalimentan. Una actividad hecha en clase se convierte en un hilo de Twitter y luego en un capítulo de un libro. Y al revés, una vez escrito el libro y tras recibir el retorno de los lectores, veo cosas que cambiaré al volver al aula.
Respecto a las manías, no las tengo muy detectadas. Suelo escribir con música y cuando detecto alguna que me funciona, entonces la pongo en bucle. Con El infinito placer de las matemáticas sonaban sobre todo el disco Daisies of The Galaxy de The Eels y Ordre i aventura de Mishima.
Otra “manía” más metodológica es que antes de escribir un capítulo procedo siempre de manera bastante sistemática para asegurarme de que lo tengo todo controlado. Primero reviso todas las fuentes que tengo bajo control y escaneo también las redes sociales. Todo lo que encuentro lo voy anotando en un documento que se llama “Brainstorming [título del capítulo]”. Cuando por fin tengo la sensación de que no me estoy dejando nada, me quedo más tranquilo y entonces reordeno las ideas y monto un esquema, a partir del cual ya puedo ponerme a escribir.

P.: Aparte de «El infinito placer de las matemáticas», ¿hay algún otro tema específico o área de interés dentro de las matemáticas (o de cualquier otro ámbito) que le gustaría explorar en futuras obras?
R.: Bueno, creo que la física también es un “infinito placer” (guiño, guiño).

P.: ¿Existe algún libro que hubiera deseado escribir y cuál sería la razón detrás de esa elección?
R.: Las Cosmicómicas de Italo Calvino porque combinan de manera única tres de mis grandes pasiones, la ciencia, la literatura y el humor. Y porque, además, la escritura de Calvino te atrapa y te deja esa sensación de que las cosas no se podrían haber escrito de otra manera que no sea como lo hace él.
Y si me preguntáis más específicamente por libros de divulgación, diría que El universo en tu mano de Christophe Galfard o Iluminando el lado oscuro del universo de mi director de tesis, Roberto Emparan, porque ambos abordan cuestiones relacionadas con los que he investigado y lo hacen yendo a la esencia de los conceptos y mostrando cómo estos modifican nuestra visión del mundo.

P.: ¿Autores de cabecera?
R.: Muchos y muchas y muy diversos, tengo un gusto muy ecléctico. Como he dicho, Calvino por encima de todos, pero también Borges, Cortázar, Bolaño, Ginzburg, Marsé, Rodoreda. Últimamente he leído a Amelie Nothomb, Alessandro Baricco, Jean Echenoz, Ursula K. Le Guin
En el ámbito matemático, me gusta mucho leer a Clara Grima por su estilo desenfadado y a la vez claro y riguroso o a John Allen Paulos porque incide en la relevancia social del conocimiento y de la ignorancia matemática. Y de física, además de los que ya he comentado, diría Marcus Chown, del que Blackie tiene dos libros publicados.

P.: ¿Hay algún proyecto en el que esté trabajando actualmente y del que pueda hablarnos? ¿Nuevos desafíos en su carrera de divulgación y enseñanza?
R.: Ahora mismo estoy preparando un ensayo breve sobre Galileo Galilei y el infierno de Dante, que formará parte de la edición del Infierno que Blackie va a publicar próximamente en su colección de clásicos liberados. Trata sobre dos lecciones que impartió Galileo cuando era joven, en las que describe con rigor matemático la forma y las dimensiones del infierno. Es un proyecto que me apasiona porque, de nuevo, rompe las barreras entre “ciencias y letras”.
Y más a medio o largo plazo, el desafío que me pongo es que El infinito placer de las matemáticas no sea mi único libro sino que vengan muchos más, incluso, por qué no, alguna obra de ficción.

P.: Para concluir, en «La Jungla de las Letras» nos gusta conocer un poco más sobre los autores. ¿Cómo se describiría como escritor y como persona?
R.: Un amigo mío me dice siempre que soy una persona muy cartesiana porque tengo la mente muy estructurada, aunque yo creo que es una manera amable de decirme que soy un poco cuadriculado. Pero es cierto, en general, necesito que las piezas encajen, para mí escribir es un poco como hacer un puzle. Tengo una serie de ideas que quiero contar y el reto es buscar la mejor manera de articularlas para que la explicación sea clara y la narración fluya de forma agradable.
Estoy muy contento de dedicarme a escribir. Durante mucho tiempo me he tenido por una persona poco creativa porque no dibujaba bien y porque sentía que me faltaba imaginación cuando escribía. Hasta que un día me di cuenta de que las matemáticas y la física eran la materia con la que yo podía dar rienda suelta a mi creatividad. Sobre todo, imaginando maneras originales de explicar los conceptos complicados y hacerlos accesibles a todo el mundo.
Me gusta compartir lo que sé y lo que hago con los demás, pero intento mantener una actitud prudente y autocrítica. Procuro escuchar mucho y reflexionar antes de abrir la boca para opinar. Supongo que esto me ahorra algunas meteduras de pata y conflictos innecesarios. De hecho, no me gustan nada los enfrentamientos y por eso suelo ser una persona conciliadora y buscar siempre el consenso.

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