22 de mayo de 2024

Bueno… No creo que la situación política española haya cambiado mucho desde el pasado lunes. Esos cinco días de reflexión pública, autoimpuestos por Pedro Sánchez el miércoles anterior, solo han servido para hacerles pasar un mal rato y mantener en vilo al propio PSOE y a los correligionarios de Sumar. A estos últimos les han temblado las costillas temiendo que el frágil pacto con independentistas vascos y catalanes se fuera al garete.
Sin quitarle un ápice del interés y la gravedad que pudiera tener todo el asunto que envuelve a la esposa del señor Sánchez (hay que demostrar… hay que demostrar…), en medio de esta era moderna, inmediata y tecnológica, uno podría haber esperado un escenario político que estuviera exento de las extravagancias y el humor estrafalario que caracterizaban al burlesque victoriano, por ejemplo. Pues no, al observar los entresijos del poder, me viene a la mente la escenografía de un cabaret de revista, donde el Presidente del Gobierno desempeña el papel de cupletista principal, y Feijóo y acólitos actúan como los acompañantes. Es como si la Moncloa se hubiera convertido en un teatro de comedia, con mensajes absurdos, chistes sociales y juegos de palabras que se entrelazan en una trama política insulsa, improductiva, pero ridículamente entretenida. En este escenario, el drama sostenido en el tiempo, y la memez, se truecan en el arma principal, donde los problemas sociales reales, las cuestiones de peso nacionales, y las demandas de la justicia se relegan a un olvido perpetuado en el tiempo, mientras el público, sin duda, se deleita con el marujeo político. Es un espectáculo que, aunque pueda parecer surrealista, refleja de una manera irónica pero real los vaivenes de la vida política contemporánea española.
La política se asemeja cada vez más a un juego de bastiones y naipes, donde la fortaleza y la habilidad para manejar las cartas se vuelven fundamentales. Los bastiones representan la solidez y la estabilidad de las estructuras de poder. Son esos puntos de anclaje donde se concentra el poder político y económico. Los partidos políticos, las instituciones gubernamentales, las élites económicas: todos ellos conforman los bastiones que definen el panorama político. Sin embargo, en un mundo donde las dinámicas cambian constantemente, estos bastiones no son inquebrantables. La sociedad misma, con sus demandas de transparencia, equidad y justicia, actúa como una fuerza que cuestiona y desafía estos bastiones. Por otro lado, los naipes simbolizan la astucia, la táctica y la capacidad para maniobrar en un entorno complejo y volátil. Los políticos hábiles como Sánchez, o como Feijóo, o como otros tantos, son como jugadores de naipes, capaces de leer las situaciones, anticipar movimientos y adaptarse rápidamente a los cambios del juego político. Pero no llamarse a engaño, en este juego de bastiones y naipes, la clave no radica únicamente en la fuerza de los bastiones, ni en la destreza con los naipes, sino en la capacidad de articular ambos aspectos de una manera efectiva y disuasoria. O si no que se lo pregunten al señor Sánchez…

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