22 de mayo de 2024

Hoy nos visita en la Jungla el escritor Ismael Martínez Biurrun para hablar, entre otras cosas, sobre su última obra publicada, Duración de un fantasma:

«Cuando, tras el fallecimiento de su padre, Romana emprende la búsqueda de su hermano desaparecido, no lo hace solo para resolver unos asuntos de herencia, sino para escapar del aleteo negro de un fantasma. La acompaña Said, un joven fascinado por las leyendas que envuelven a la familia, y que lucha también por liberarse de sus propios tormentos.
Romana y Amador son los últimos Olano, y con ellos agoniza el secreto de un don extraordinario, un juego de niños transformado en milagro siniestro. Hace muchos años los dos hermanos juraron que no volverían hablar de aquello, y desde entonces Romana se ha dedicado a contar la vida de otras personas como escritora por encargo. Pero hay fuerzas que se niegan a permanecer quietas en la memoria».

Pregunta: En su obra, «Duración de un fantasma», explora temas de pérdida, memoria y lo sobrenatural de una manera fascinante. ¿Podría hablarnos más sobre cómo abordó la creación de Romana y Said, dos personajes que están vinculados tanto por la búsqueda de un hermano desaparecido como por sus propios conflictos internos? Además, ¿cómo cree que la literatura de terror contemporánea puede jugar un papel importante en la exploración de la psique humana y los límites de lo sobrenatural?
R.: Desde el principio fue la historia de una búsqueda entre los dos hermanos. Tenía claro cuál era el pasado de la familia Olano y que Romana tenía que ser la protagonista, pero no quería que hiciera el viaje ella sola, y ahí surgió el personaje de Said, que lógicamente fue reclamando su propia historia. De algún modo la novela es un rompecabezas hecho con los fantasmas propios de Romana y los del muchacho, un diálogo entre sus heridas, por decirlo así. La pregunta es si la sanación es posible, y si es obligatorio mirar hacia atrás para encontrar el sentido de nuestra vida. Y la respuesta queda siempre en manos del lector, claro.
La literatura de terror tiene una conexión privilegiada con lo que se esconde en nuestro inconsciente: los miedos, los traumas, los deseos reprimidos… Y funciona igual que las pesadillas, en el sentido de que ofrece un escenario donde todos esos asuntos pueden salir del escondite y darse una vuelta. En términos generales, digamos que el terror sirve para enfrentarnos de forma segura con nuestras ansiedades más extremas.
P.: Para aquellos lectores que aún no le hayan leído y se preguntan por qué deberían aventurarse en la lectura de «Duración de un fantasma», ¿qué mensaje o invitación les daría para que se sumerjan en esta obra?
R.: Se me da fatal hacer invitaciones. Mi esperanza es que cualquier lector o lectora pueda reconocerse en Romana y participar en su viaje emocional. Les diría que, al margen del género, todas las buenas historias nos hablan de la condición humana, y en ese sentido mis novelas también aspiran a interpelar a cualquier persona. Todo el mundo sabe lo que es la familia. Todo el mundo sabe lo que es la frustración y el deseo.
P.: Esta pregunta viene un poco en colación a la anterior, ¿hay algún aspecto de la historia que, sin revelar demasiados detalles para evitar spoilers, cree que sorprenderá más a los lectores? ¿Algo que considera como una joya escondida dentro de la trama y que espera que los lectores descubran?
R.: Espero que se sorprendan y queden impactados en dos o tres momentos. De hecho, me parece muy interesante escuchar varios comentarios en los que me hablan de “esa escena” que tanto les ha perturbado, pero después, al hablar con cada uno, descubro que se refieren a escenas distintas. Y eso no me puede alegrar más, claro.
P.: Los temas de familia, los secretos y un pasado misterioso, sin duda tres ingredientes esenciales para construir una historia que enganche, pero ¿cuál es el papel de la creación de relaciones complejas entre los personajes en su novela, y cómo influyen estas dinámicas en la historia que desea contar?
R: Mirando todas mis novelas en perspectiva veo que la familia no solo es un tema que está siempre presente, sino que a menudo estoy contando la destrucción y la reconfiguración de una familia. Varias de mis novelas terminan con la formación de una familia alternativa entre los supervivientes, por decirlo así. En todo caso, el vínculo familiar entre los protagonistas y los antagonistas es un recurso narrativo eficacísimo desde los orígenes de la literatura, por razones obvias.

P.: Su trabajo previo, como «Solo los vivos perdonan» y «Sigilo», ha destacado en el género del thriller fantástico. ¿Cómo considera que «Duración de un fantasma» se relaciona con su estilo y los temas recurrentes que ha explorado en sus obras anteriores, sin revelar aspectos clave de la trama de este nuevo libro?
R.: Soy reincidente en mis obsesiones. Los fantasmas que regresan del pasado y las relaciones íntimas problemáticas siempre están presentes de algún modo en mis historias. Y no conozco mejor manera de abordarlas que mediante la literatura fantástica, en el sentido no de fantasía maravillosa sino precisamente de historias muy realistas donde irrumpe lo sobrenatural.
P.: Su narrativa parece abrazar sutilmente lo macabro y lo surrealista, dejando una impresión duradera en quienes han leído sus obras. ¿Cómo logra equilibrar el horror visual con la profundidad emocional en sus historias?
R.: Está claro que el suspense y el terror se basan en la creación de atmósfera y en la sutileza, pero llega un punto en el que no hay más remedio que cruzar la línea y mostrar lo abyecto, lo repugnante, aunque sea en un breve atisbo, porque el lector también busca eso, esa pequeña transgresión. Y no existe ninguna fórmula, me temo que se trata de un equilibrio muy difícil pero imprescindible.
P : ¿Cuál cree que es el papel del escritor en la sociedad actual y cómo ve que ha evolucionado a lo largo del tiempo? ¿Cree que la literatura sigue siendo una herramienta poderosa para el cambio social?
R.: La escritura y la lectura son actos íntimos, una comunicación de uno a uno. No funciona bien como propaganda. De hecho, cuando la literatura aspira a “cambiar el mundo” se suele convertir en panfletaria. Para mí, el objetivo es agitar las emociones y la conciencia de cada lector durante ese momento mágico de la lectura. No me planteo modificar el comportamiento de nadie; si acaso, hacerle pensar con más profundidad. Y cuanta más profundidad, menos maniqueísmo y mayor misterio. Al fondo de un buen libro de literatura nunca puede haber un eslogan.
P.: ¿Cómo es su rutina a la hora de escribir? ¿Hay algún ritual o método que siga para sumergirse en su mundo creativo y desarrollar historias tan intrigantes como las que hemos visto en sus novelas?
R.: Lo que me funciona a mí es escribir a primera hora de la mañana, con mucho café y silencio, antes de que la cabeza se intoxique con todo lo que el mundo real te va trayendo.
P.: La literatura tiene el poder de transportar a los lectores a otros mundos y expandir sus horizontes. ¿Hay alguna obra literaria en particular que haya sido una influencia significativa en su vida como escritor? ¿Cómo cree que esta obra ha dejado su huella en su estilo y enfoque creativo?
R.: Es inevitable mencionar a Stephen King, que nos ha marcado a escritores de varias generaciones. Clive Barker, Jonathan Lethem, Chuck Palahniuk… Pero también fue importante para mí acceder a otro tipo de autores más realistas como Russell Banks, Toni Morrison o Don Delillo. Demasiada influencia anglosajona, sí, qué le vamos a hacer.
P.: ¿Tiene autores de cabecera, aquellos a los que regresa una y otra vez por inspiración o placer de lectura? ¿Cómo cree que han influido en su trabajo?
R.: Siempre tengo cerca un libro de DeLillo, de Morrison o de Ray Bradbury para echarle un vistazo y recordar en qué consistía escribir bien. Más allá de eso, la influencia opera de formas extrañísimas y quién sabe qué autores son los que verdaderamente asoman en mi prosa.
P.: ¿Podría hablarnos sobre algún proyecto en el que esté trabajando actualmente? ¿Qué nos puede adelantar sobre su próxima obra o idea creativa?
R.: Prefiero no hablar antes de la cuenta de las obras que tengo en marcha, por si acaso, pero puedo decir que ya estoy inmerso en la siguiente novela, y que no se alejará mucho de mi galería de obsesiones favoritas.
P.: Para finalizar, nos gustaría conocer un poco más sobre usted como escritor y como persona. ¿Cómo se describiría en estos roles? ¿Qué aspectos de su vida y de su personalidad cree que influyen más en su proceso creativo y en las historias que decide contar?
R.: Por resumir, vine a Madrid con veintipocos porque quería escribir cine. Luego me di cuenta de que las novelas no solo se me dan mejor que los guiones, sino que proporcionan una satisfacción infinitamente mayor, aunque lleguen a un público muy reducido. Y en eso estamos. Tratando de averiguar el sentido de la realidad en la ficción. El resto de mi vida diaria y mis experiencias personales influyen en lo que escribo, por supuesto, pero no creo que a nadie le interesen demasiado, con sinceridad.

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