22 de mayo de 2024

En la orilla del Marne, Francia (1938, Cartier-Bressin)

En la fotografía En la orilla del Marne, Francia, somos testigos de una escena idílica a orillas del Sena. Cuatro figuras se regocijan en un apacible picnic, mientras un bote cargado de cañas de pescar aguarda pacientemente sobre las tranquilas aguas del río, esperando la posibilidad de una captura. La cercanía palpable de los personajes al espectador es innegable; el espacio, con su escasa profundidad y forma alargada, invita a adentrarse en esta escena como si estuviéramos presentes. Lo más fascinante de esta composición es la aparente ignorancia de los retratados hacia la presencia del fotógrafo, lo que añade un nivel de autenticidad y naturalidad a la imagen. Esta proximidad visualmente íntima con el grupo nos sumerge en una realidad tangible, como si estuviéramos compartiendo ese momento junto a ellos. Pero más allá de su encanto estético, esta fotografía captura un momento crucial en la historia de Francia. Fue tomada apenas unos años después de la aprobación de la ley de vacaciones por el gobierno francés, la cual garantizaba a los trabajadores dos semanas de descanso anuales completamente remuneradas. Este contexto histórico impregna la escena con un aire de libertad y disfrute, como si estuviéramos presenciando el nacimiento de una tradición de ocio y recreación para las masas trabajadoras.

Henri Cartier-Bresson (Chanteloup-en-Brie, Francia, 1908–2004, Montjustin, Francia) siempre será recordado como aquel estudiante de la escuela parisina del cubista André Lhote que un buen día de 1930, influenciado tal vez por los surrealistas, abandonó el mundo de la pintura para cruzar el charco armado con la ahora mítica Leica portátil en busca de ese “momento decisivo” que plasmar, convirtiéndose con ello en el pionero de un estilo informal y candoroso de hacer fotografía que tanto influenciaría posteriormente a otros artistas. Artista eterno, supo plasmar en su trabajo la belleza y la tranquilidad que subsiste en la naturaleza humana, en lo cotidiano de la vida. Si pudiéramos hacer una retrospectiva de la totalidad de la obra de Cartier-Bresson, veríamos que siempre se repite una máxima: la importancia de plasmar una historia en la propia historia de los retratados o retratado. Él siempre fue un feroz defensor del fotoperiodismo y de los derechos legales de los fotógrafos, en una época denostados como artistas de segunda o meros retratistas. Para comprender la importancia e influencia de Cartier-Bresson en la historia del arte basta decir que fue el primer fotógrafo occidental al que se le permitió trabajar después de la muerte de Stalin en la Unión Soviética. Fue un maestro en el juego de luces y sombras, en la espontaneidad, en la perspectiva y la falta de definición como atributo a la profundidad. Son famosas sus fotografías de Gandhi justo el día antes a su asesinato, o los retratos de Matisse o Giacometti, o sus casi mil de desconocidos en la comodidad de sus hogares.

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