22 de febrero de 2024

© Eduardo Abel Gimenez

«Escribo a mano, iluminado por luz natural. Todo el sábado lo pasé pensando en relatar un sueño perturbador. Finalmente, cuando se fue Chl y quedé solo, fui a la computadora y abrí el Word con toda la intención de escribirlo. En cambio, me dediqué a bajar dos programas que tienen unos cuantos megabytes, uno de ellos que me envió un amigo, otro que busqué expresamente en Internet. Y recién ahora, seis horas más tarde, apagué la máquina. Sin haber escrito el sueño. En cambio, estuve explorando los programas nuevos.
El sueño: iba a orinar y notaba una importante fisura en el pene. En el glande. Como una herida no dolorosa, de bordes irregulares, como los de la tierra cuando se abre en un terremoto, que lo seccionaba en un tercera parte de su espesor. La fisura corría perpendicular a la uretra. No había dolor, como ya dije, ni señales de herida propiamente dicha; como si la carne se hubiera separado tranquilamente, sin sangrar, por un proceso natural. Vagamente comprendía que en esas condiciones no podría tener relaciones sexuales, porque entonces sí se produciría una herida dolorosa y traumática. También pensaba vagamente que tal vez eso podría solucionarse mediante cirugía o mediante algún otro procedimiento médico. Pero en ese momento me ocupaban la mente otros asuntos, no sé cuáles, y el problema del pene trabajaba en background, asomando de tanto en tanto, pero no parecía prioritario, aunque era evidente que me preocupaba y me inquietaba de modo profundo».


La novela luminosa (Mario Levrero, 2005)

Mario Levrero (1940-2004), cuyo nombre real era Jorge Mario Varlotta Levrero, fue un versátil escritor, fotógrafo, librero, guionista, dibujante de cómics, columnista, humorista y creador de crucigramas y juegos de ingenio uruguayo. Nació y residió la mayor parte de su vida en Montevideo, pero también vivió temporalmente en otras ciudades uruguayas y en Buenos Aires, Rosario y Burdeos (Francia). En 1959, co-fundó la librería La Guardia Nueva en Montevideo, que fue significativa en su vida y lleva el nombre de un club de tango que frecuentaba en su juventud. A lo largo de los años sesenta, Levrero se dedicó al cine y la fotografía, participando en la realización de películas caseras y destacando como fotógrafo amateur. Durante los ochenta, se destacó como humorista, contribuyendo regularmente en publicaciones como Misia Dura, un suplemento semanal de El Popular, un periódico vinculado al partido comunista. También participó en varias revistas en Uruguay y Argentina. Su obra literaria, que abarca novelas y cuentos, se caracteriza por un estilo indefinido con influencias de la ciencia ficción y el género policial. La combinación de elementos de humor hace que su obra sea difícil de categorizar. Aunque su prosa es sencilla, posee una notable profundidad y una cuidada precisión idiomática.

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