17 de julio de 2024

Imagen generada por IA. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia… o no.

Me ha pedido consejo. A mi mejor amigo no le salen las cuentas. La final de la Eurocopa es el 14 de julio y el concierto de Robe en A Coruña es el 15. Él, aunque no lo parezca, es un fanático de los deportes, del fútbol en particular. Para él, este mes de Eurocopa es sagrado. Le ha costado Dios y ayuda cuadrar la agenda para poder tener, más o menos, un par de quincenas libres de actos literarios y eventos varios. Este mes es para fútbol, fútbol y más fútbol. Una locura, una locura.
Desde hace más de medio año, tiene programado un viaje a Berlín para el mismo día de la final, para disfrutar del ambientillo y por si España llega al clímax, claro. Ojalá, suspira, ojalá. Eso le haría muy feliz. No tiene entrada para el partido, no, la idea es vivir el momento en algún bar repleto de cerveza, pretzels y forofos como él. El viaje ya está pagado: ida y vuelta, Alicante-(una escala o dos)-Berlín, y unas tres noches en Potsdam en un hotelito con baño compartido, cerquita de todo. Ni pa ti ni pa mí, regresa el 17, miércoles.
Pero… es que a él también le vuelve loco Extremoduro, vamos, Robe. Y mi amigo, en un impulso gatillero, acaba de comprar dos entradas para su concierto en A Coruña del 15 de julio. Allá en Galiza. ¡Es que es Robe! ¡Y en A Coruña! El 14 llega a Berlín, el 15 es el concierto y está en Potsdam, y el 17 regresa a Alicante. No, no salen las cuentas. ¿Qué podría haber comprado la entrada para otro día y en otro sitio? Sí, podría, podría. Pero es que el Robe suena diferente en A Coruña, y eso lo sabe bien mi mejor amigo.
Esta encrucijada es una profunda revelación sobre la condición humana. Vivimos absortos en una época donde prácticamente todas las decisiones que tomamos son impulsivas, y donde las pasiones son las encargadas de decidir en cuestiones donde la lógica debería hacerlo y no siempre aprobaría. ¿Es racional pagar un viaje y no hacerlo, o no disfrutarlo plenamente porque otro evento se nos presenta igual de irrenunciable? A lo mejor no es racional, pero sí es totalmente humano. En el corazón de esta contradicción se encuentra la esencia misma del ser humano: la capacidad de sentir y de priorizar lo que nos conmueve, aunque parezca irracional.
Lo más sencillo para cualquiera sería criticar la aparente falta de planificación de mi amigo. Mi primera reacción fue reírme; ¿no es esta espontaneidad lo que infunde sabor a la vida? En una sociedad obsesionada con la eficiencia y la productividad, deberíamos aplaudir a esos soñadores que siguen sus impulsos y pasiones sin hacer daño a nadie. En un mundo ideal, no tendríamos que elegir entre nuestros amores.
La razón y la pasión, el deber y el placer. Yo no he sido capaz de darle un buen consejo a mi mejor amigo, uno válido. Sólo me he limitado a recordarle que lo más valioso en nuestras decisiones no es la perfecta ejecución de un plan determinado, sino la intensidad con la que vivimos nuestros momentos más especiales y queridos. Sé que esa obviedad le ha servido de poca ayuda, pero fue lo primero que se me ocurrió antes de proponerle un «Tú a Berlín y yo a Galiza».
Otra cosa, ¿qué tiene que ver el plátano con el bisglicinato? Ni idea…

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