
El pasado 8 de octubre, Anne Carson se convirtió en la decimonovena mujer que consigue ganar el prestigioso Premio Nobel de Literatura. La noticia la pilló en Islandia, a sus 76 años, y dicen que se quedó muy sorprendida.
Si te apetece empezar a leer a esta autora, quizá la mejor opción sea La belleza del marido: un ensayo narrativo en 29 tangos. Con este poemario alucinante, Carson ganó en 2001 el T. S. Eliot, el gran premio británico al mejor poemario del año. Fue la primera mujer en llevárselo, y eso que el premio existía desde 1993. No hablamos de hace cien años. Hablamos de este siglo.
La belleza del marido nos cuenta cómo un matrimonio se va a pique por las infidelidades del marido, y lo hace en 29 «tangos». Cada tango comienza con unos versos de John Keats, a quien está dedicado el libro, con el fin de desmontar una de las afirmaciones del poeta que nos remite, al mismo tiempo, a uno de los temas centrales de la obra de esta autora como es el amor y la belleza. Carson se propone desgranar la frase de Keats en la que afirma que «la belleza es verdad» y decide ponerla a prueba con un marido guapísimo que miente sin parar. Así que, ya te puedes imaginar que ni el marido ni la idea de la belleza salen muy bien parados.
Esta indagación en torno a la belleza y el amor se expande y toma cuerpo en uno de sus libros más interesantes publicados en España, Eros, dulce y amargo (Lumen, 2020), con la traducción de Inmaculada C. Pérez Parra y el prólogo de Andreu Jaume. Este ensayo, que nació de su tesis doctoral, arranca de algo tan pequeño como una palabra.
Esa palabra la inventó Safo y es glukupikron, dulce-amargo. Así describió la poeta de Lesbos, hace más de dos mil quinientos años, lo que sentimos cuando deseamos a alguien. Carson tira de ese hilo y se pregunta por qué el amor nos hace sentir placer y dolor a la vez, para, al final, exponernos a imaginar una ciudad sin deseo: «una ciudad sin deseo es, en suma, una ciudad sin imaginación. La gente solo piensa en lo que sabe. La ficción es simple falsificación. El placer es irrelevante».
Lo fascinante es adónde nos lleva esa pregunta. En el prólogo de la edición española, Andreu Jaume recuerda que el alfabeto fue una revolución que cambió para siempre cómo percibimos y contamos el mundo. Con las letras llegaron casi a la vez la polis y la moneda, y, gracias a la lírica, la conciencia de uno mismo y del propio cuerpo.
Carson se pregunta si es casualidad que los poetas que convirtieron a Eros en un dios y en una obsesión literaria fueran también los primeros de nuestra tradición que dejaron sus versos por escrito; para luego preguntarse: «¿Qué tiene de erótico la alfabetización?». Su intuición es que, cuando pasamos de una cultura oral, que se escuchaba y se tocaba, a otra escrita, que se leía, cambió también la manera de mirar nuestro cuerpo y el de los demás, y así cambió también nuestra manera de desear.
Aquí hay un detalle que conviene no pasar por alto: la palabra con la que Occidente nombra el deseo la acuñó una mujer, Safo. Y de esa mujer solo nos han llegado fragmentos: versos sueltos, poemas rotos. Carson los tradujo en 2002, y en España los publicó la editorial Vaso Roto. Pero esta invisibilización recorre la historia de las mujeres en la literatura.
Lo de Safo no es una anécdota, los números hablan por sí solos. Desde 1901, la Academia Sueca ha dado el Nobel de Literatura a 123 personas, solo 19 eran mujeres. La primera fue Selma Lagerlöf, en 1909. Después hubo décadas sin ninguna escritora premiada: entre Nelly Sachs, en 1966, y Nadine Gordimer, en 1991, pasaron veinticinco años.
En España, la historia también tiene nombres propios. La Real Academia rechazó a Gertrudis Gómez de Avellaneda en 1853 y le cerró la puerta tres veces a Emilia Pardo Bazán, conocida como «la académica sin sillón». María Moliner, la del famoso diccionario que seguramente tendrás en tu casa, perdió la votación en 1972. Tuvo que llegar el año 1978 para que la poeta Carmen Conde se convirtiera en la primera mujer académica de la lengua.
Así que déjame celebrar todo lo dulce de este Nobel para Anne Carson, sin olvidar lo amargo: todas las que nunca llegaron a recibirlo.

Paula Gonzalo (escritora, periodista y coach). Coautora del podcast La Hora Dickinson y directora de PeriodismoCiudadano.com. Autora de Terradraga (Minotauro, 2024; finalista del Premio Azagal) y la saga Tex Patton (Destino). Con amplia trayectoria cultural en Cadena SER.