
LAS NAVES DE TARSIS de María Gudín / Editorial: Contraluz / Género: Narrativa / 704 páginas / ISBN: 9791388337024 / 2026
«El destino, el orden de los astros y la eterna lucha entre la luz y la oscuridad se entrelazan en una historia donde la frontera entre la Historia y el mito se desvanece.
Tarsis, año 1600 a. C. Nórax, príncipe de uno de los grandes clanes de la ciudad, crece junto a su amigo Krysaor, obsesionado con la isla de las Hespérides, un territorio prohibido habitado por misteriosas mujeres. Cuando ambos deciden adentrarse en ese lugar sagrado, desafiando la ley más antigua de su pueblo, sus destinos quedan sellados para siempre.
Marcado por lo ocurrido en Hesperia, Krysaor emprenderá una venganza brutal que hará tambalear los cimientos de Tarsis. Nórax, por su parte, conocerá al amor de su vida y se verá arrastrado a una gran epopeya que lo llevará desde los confines de Occidente hasta Egipto y Mesopotamia. Pero cuanto más se aleje de su tierra, más cerca estará de cumplir su verdadero destino.
Amistad, amor, ambición y poder se dan cita en una novela vibrante que entrelaza antiguas leyendas, ecos bíblicos y un sólido trasfondo histórico inspirado en las civilizaciones de la Edad del Bronce. Las naves de Tarsis recrea un universo deslumbrante en una narración de gran aliento épico, llena de aventura, emoción y misterio».
Hay un no se qué en la novela histórica ambientada en determinadas épocas que, así de buenas a primeras, no termina de interesarme. La Edad del Bronce es una de ellas. Pero en la contraportada de Las naves de Tarsis hubo algo que me llamó la atención y me dije: «¿Por qué no darle una oportunidad?». Y ha resultado ser una buena decisión.
María Gudín sitúa la novela en torno al año 1600 a. C., en la mítica Tarsis, un territorio en el que se mezclan pueblos, creencias, leyendas y ambiciones. Allí conocemos a Nórax y Krysaor, dos jóvenes unidos por la amistad que, sin embargo, acabarán tomando caminos muy diferentes. La entrada en la prohibida isla de las Hespérides rompe ese equilibrio y provoca que la historia se complique con traiciones, venganzas y decisiones cuyas consecuencias terminarán afectando al propio futuro de toda Tarsis.
La novela comienza de una manera contenida, pero poco a poco la historia va creciendo. Las naves de Tarsis tiene aventura, pero también ese punto de novela de viajes en la que uno quiere saber qué habrá al otro lado de la siguiente frontera. Al final, es un recorrido por buena parte del Mediterráneo: Egipto, Mesopotamia y otros territorios van apareciendo como piezas de un mismo viaje. La obra amplía su escenario sin perder de vista a sus personajes. La ruptura entre Nórax y Krysaor sirve como punto de partida para una historia en la que la amistad, la lealtad, la ambición y la venganza van tomando formas distintas a medida que la narración fluye. María Gudín también integra la mitología y los ecos bíblicos en el relato, eso sí, sin convertirlos en un simple adorno.
La prosa de la escritora tiene una sobriedad clásica y evocadora, sin artificios innecesarios en las frases. Es una escritura rítmica, pausada, que busca sobre todo contar y crear atmósfera. Hay cierta repetición de fórmulas que recuerda a las antiguas crónicas o a los relatos transmitidos de generación en generación, y que encaja bien con el mundo que plantea la novela. Las descripciones de los paisajes están medidas y se mezclan con naturalidad con la mirada interior de los personajes. La propia historia, poco a poco, crea una atmósfera mítica, melancólica y solemne, sin que desaparezca nunca la aventura.
Las naves de Tarsis ha conseguido algo que no esperaba cuando empecé a leerla: que una época histórica que, de entrada, no es precisamente de mis favoritas terminara resultándome atractiva. Y eso, para una novela, ya es bastante decir.

Juanjo Melgarejo (Torrevieja – 1990) Corrector de profesión. Lector empedernido, guarda en su cajón varias novelas, anhelando que algún día vean la luz.