
Justo ayer leí el artículo de El País que ya se está viralizando en donde se cuenta que la mitad de los libros publicados en España no venden ni un solo ejemplar al año. No es nada que nos sorprenda porque estos datos ya vienen refiriéndose desde hace tiempo y tienen en alerta a muchos profesionales de la industria. Así que, en un panorama donde destacar es tan difícil, el debut de Carlos Caro con Monstruos de Covadonga (Editorial Estrella del Norte) no me ha pasado desapercibido. Lo que podría haber sido una entrada discreta en el género del thriller nacional se ha convertido, en cambio, en una irrupción contundente: segunda edición en poco tiempo, presencia activa en ferias del libro y una conversación creciente entre lectores.
Pero ¿qué hay realmente detrás de este fenómeno emergente?
Mirar de frente la oscuridad
A poco que nos asomemos a la novela, nos daremos cuenta de que arranca con un crimen brutal: el asesinato de Aída Martínez en Covadonga. Diez años después, nuevos crímenes reabren el caso, conectando pasado y presente. La estructura responde a los códigos del thriller contemporáneo: capítulos cortos, ritmo ágil y una tensión sostenida que empuja al lector hacia adelante. Y esto no es casual. El propio autor reconoce que busca una narrativa casi cinematográfica, donde la acción predomina y la lectura se vuelva adictiva.
Para mí el dinamismo es uno de los grandes aciertos del libro. Hay giros constantes, un uso adecuado del suspense y creo además que no pretende hacer algo nuevo, sino reafirmarse en uno de los géneros que más gustan en este panorama literario que aunque triste en cuanto a ventas de ejemplares, rico en cuanto a letras e historias.
Covadonga como escenario
Uno de los elementos más interesantes de la obra es su ambientación. Lejos de elegir un entorno urbano habitual en la novela negra, Caro sitúa la acción en Covadonga y sus alrededores, un espacio cargado de simbolismo religioso y una encantadora belleza natural.
A mí esto me genera bastante inquietud. Que un espacio que nos viene a la mente por lo sagrado y por lo impresionante de sus paisajes, sea protagonista de tanta violencia supone una dualidad cruda. Pero a su vez debo reconocer que consigue un escenario potente por todo lo que se cruza en él.
Un autor que ha conectado con los lectores
Si algo se repite en entrevistas y reseñas que he estado ojeando en Internet (modo cotilla) es la reacción satisfactoria y sorprendida de los lectores. Muchos destacan el final, construido para desmontar las expectativas generadas durante la investigación. Y me sumo a todos ellos: no me esperaba para nada ese giro de los acontecimientos.
Supongo que esto ha generado un posterior boca a boca y no quiero perder de vista que Carlos Caro es un autor accesible y sin artificios, y que su novela también tiene un público amplio porque se presenta cercana al lector, aunque mejor que no nos acontezca nada del argumento de la novela en nuestra vida.
El escritor detrás del fenómeno
¿Vende una obra o vende un autor? Este es un debate que algún día sería muy interesante tratar. El caso de Carlos Caro resulta interesante desde el punto de vista profesional. Procedente de un ámbito técnico y ajeno al mundo literario y su salto a la escritura responde a un proceso autodidacta, impulsado por la lectura y consolidado tras varios intentos fallidos. Así pues, lejos de romantizar el oficio, el autor es consciente de las reglas actuales del juego: escribir bien no basta. La promoción, la visibilidad y la construcción de una marca personal forman parte del camino.
En ese sentido, Caro encarna una nueva generación de escritores que entienden la literatura también como proyecto profesional, ¿pero este libro está llegando hasta nosotros por él o por la historia en sí?
Luces y sombras en la vida y en la literatura
Monstruos de Covadonga es para mí una novela con mucho ritmo y acción y un argumento maestro, pero siempre hay espacio para más, ciertamente. Me hubiera gustado mayor desarrollo psicológico de algunos personajes, aunque también entiendo la elección del escritor: priorizar la experiencia de lectura por encima de la profundidad introspectiva.
Si tuviera que quedarme con tres elementos claves de la novela de Carlos Caro sería sin duda lo que ya he venido recogiendo a lo largo del artículo: el escenario, clave para mí en esta novela, el alma de ella misma de cierta forma; la agilidad de la trama y la sucesión de sucesos; y, por supuesto, un final al que estoy rendida.
Una despedida con ánimo
Monstruos de Covadonga es un debut consciente de su lugar dentro del mercado que atrapa, entretiene y deja al lector con la sensación de haber recorrido un viaje intenso. Un tipo de libro que asoma la cabeza dentro del pesimismo editorial de tantas y tantas novelas que no son capaces de rebasar ese primer ejemplar vendido.
Carlos Caro apunta, además, a una trayectoria en crecimiento dentro del thriller español y si mantiene este pulso narrativo y logra profundizar en futuras obras, estaremos ante un autor a seguir muy de cerca.
Por lo pronto, podemos disfrutar de esta primera obra llena de giros, sorpresas y un poquito de angustia vital, como toda buena novela negra deja.
