
SAFARIS HUMANOS de Ezio Gavazzeni / Editorial: Península / Traducción: Lara Cortés Fernández / Género: Ensayo / 328 páginas / ISBN: 9788411005289 / 2026
«Una investigación inédita sobre los safaris humanos de Sarajevo, donde el asesinato se convirtió en un negocio turístico
En los años noventa, durante el asedio de Sarajevo, adinerados extranjeros procedentes de distintos países occidentales pagaron sumas exorbitantes para acompañar durante todo un fin de semana a los francotiradores del ejército serbobosnio y disparar contra personas indefensas en la capital.
Gracias a una meticulosa labor de investigación y a testimonios inéditos de testigos y acompañantes, el periodista Ezio Gavazzeni reconstruye la organización de estos truculentos safaris y detalla las tarifas abonadas por aquellos «clientes francotiradores», para quienes los niños constituían las presas más codiciadas.
Safaris humanos es el relato detallado de esta macabra forma de turismo de guerra y un testimonio tan terrorífico como conmovedor sobre la deshumanización, la violencia y la impunidad que caracterizan las guerras».
Me juego parte de mi sueldo a que todo aquel que haya leído la sinopsis que ha preparado la editorial para Safaris humanos se ha detenido un momento en una misma frase y la ha releído una y otra vez porque no daba crédito a lo que leía: «los niños constituían las presas más codiciadas». Y lo peor de todo es que, una vez leído el libro, te das cuenta de que esa frase no es ninguna exageración concebida para llamar la atención. Cuesta asimilar según qué cosas.
Ezio Gavazzeni ha investigado uno de los episodios más oscuros y perturbadores de la guerra de Bosnia, y ha recuperado una verdad que, por increíble que parezca, se sostuvo y existió gracias a las ingentes sumas de dinero que generaba (¿o tendría que decir por culpa de ellas?). Había un entramado con una organización, intermediarios y personas dispuestas a pagar cantidades desorbitadas por convertir el sufrimiento, el desamparo y la indefensión de una población civil en una experiencia de ocio, en pura y macabra diversión.
Este ensayo es una investigación que puede llegar a incomodar, a hacerte apartar la mirada. No por la descripción de una guerra, sobradamente documentada, sino por enfrentarnos a algo mucho más macabro y difícil de digerir: la existencia de individuos capaces de contemplar una ciudad sitiada como el escenario perfecto de diversión con sus habitantes como objetivos latentes. Cada vez cuesta menos pensar hasta dónde puede llegar el ser humano cuando los límites desaparecen… aunque en esta ocasión, Gavazzeni no necesita hacer grandes discursos para que esa pregunta aparezca una y otra vez.
La escritura de Ezio Gavazzeni es sobria, funcional, esencialmente periodística. No hay tentación ornamental. La prosa no embellece lo terrible, al contrario. Hay precisión, claridad y datos, y eso asusta; deja que los propios hechos sean los que provoquen la reacción en el lector. La primera persona introspectiva sirve como un hilo conductor de una investigación en la que las citas son directas, las explicaciones y el propio proceso de documentación aparecen integrados con naturalidad. La sensación de estar siguiendo paso a paso una investigación periodística es abrumadora, emocionante.
En el libro termina planteándose, se quiera o no, una cuestión filosófica, humanística, incómoda, sobre el ser humano, la condición que nos diferencia de una ameba o de un trozo de mierda (con perdón). Aquí no tiene solo la culpa quienes disparaban, quienes podían pagar para hacerlo, quienes facilitaban el acceso o quienes encontraban la manera de convertir una atrocidad en un producto exclusivo. Aquí la culpa la tiene la propia hipocresía de muchos que sabían que pasaba pero miraban hacia otro lado. Precisamente esa normalización de lo monstruoso es lo que hace que la lectura resulte tan difícil de olvidar.
Safaris humanos es una investigación estremecedora y sobre todo necesaria. Sacar a la luz una historia que obliga a preguntarse qué ocurre cuando incluso la muerte puede convertirse en mercancía ha dejado de ser algo raro en nuestros días.

Juanjo Melgarejo (Torrevieja – 1990) Corrector de profesión. Lector empedernido, guarda en su cajón varias novelas, anhelando que algún día vean la luz.