«Sabemos que el celibato y el sacerdocio masculino son señas identitarias católicas, y que cualquier iniciativa de cambio provoca maremotos».

Si existe un documento que marca la conducta de millones de fieles católicos, leyéndolo o viendo su efecto en otros cristianos, es una encíclica papal. En mayo de 2026 el papa León XIV emitió su primera encíclica: «Magnifica humanitas», sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial, un año tras su proclamación. Creo que es relevante, tanto para creyentes como para no creyentes, conocer su contenido, reflexionar sobre sus consideraciones, analizar si nos concierne, y observar si la sociedad la asume.

SINOPSIS

El papa, por medio de esta encíclica, revisa, analiza y orienta, desde la Doctrina Social de la Iglesia, sobre los desafíos a los que se enfrenta la sociedad actual, definida por la inteligencia artificial. De una forma concisa y clara, y con un lenguaje comprensible, revela cómo debe actuar el católico en una amplia diversidad de asuntos, como pueden ser el transhumanismo y el posthumanismo, el trabajo y las condiciones laborales, el papel de la familia y de la juventud, las guerras o ante los poderes del mundo. Este documento puede ser entendido, por su amplitud, como el programa de gobierno del papa durante su pontificado.

RESEÑA

Cuando uno analiza, valora y critica un documento que, con toda seguridad, fue escrito y revisado hasta la saciedad por las mejores cabezas pensantes de la Iglesia, es fácil sentirse abrumado. Pero creo que debe hacerse pues, siendo un texto abierto a la comunidad, cristiana o no, puede interesar una valoración, hecha desde la más que imprescindible humildad, de un laico que concede un valor extraordinariamente relevante al mensaje de Jesús. Dicha reflexión asume que la Iglesia, como estructura humana, está en constante evolución (pese a cimentarse en la tradición), y si bien siempre existen indudables aciertos en su doctrina y proceder, también, desde la perspectiva temporal, existen planteamientos cuestionables. Este hecho se reseña en la propia encíclica, cuando el papa lamenta la tardanza eclesial en reprobar totalmente la esclavitud, hecho producido en 1888. En este sentido indicaré algunas cuestiones que, en mi opinión, y humildemente, no se tienen en cuenta en la encíclica. Antes de nada agradecer literariamente cómo está escrito el documento, muy bien estructurado, con una introducción que establece los criterios con que ha sido redactada, y unos capítulos bien definidos que repasan adecuadamente la sociedad actual. El lenguaje es claro y conciso, lejos de la farragosidad que puede envolver determinados textos religiosos, y lleno de citas y pies de página para contextualizar. Me ha parecido excelente el enfoque del documento, pues todos los temas se analizan desde la Doctrina Social de la Iglesia. Me recuerda bien a lo dicho por Jesús en el evangelio de Mateo sobre qué debe regir el comportamiento cristiano, el amor a Dios manifestado en el amor al prójimo. El pontífice repasa históricamente esta doctrina desde la encíclica Rerum Novarum del papa León XIII de 1891, observándose fácilmente la evolución eclesial, transitando desde una perspectiva doctrinal vertical previa, centrada en el Altísimo y poniendo en segundo plano al hombre, a la perspectiva horizontal presente, viendo a Dios en el prójimo. Reconfortante. ¿Cómo aplica el papa la Doctrina Social a la IA? En primer lugar resaltar cómo el pontífice, un matemático, indica que esta tecnología no es «construida» sino «cultivada». Es decir, tiene vida propia. Leyendo lo anterior vienen a la mente películas distópicas como Blade Runner. ¿Será la IA dirigida por el ser humano o se autogestionará? En el hipotético caso de que la gestionemos nosotros, el papa establece que debiera hacerse centrándose en el individuo, y no conforme a los intereses de las grandes multinacionales, cuyo poder, denuncia, supera al de los estados, como ocurre con empresas como BlackRock o NVIDIA. En mi opinión considero que su denuncia debiera ser extensible a las organizaciones supranacionales, pues a diferencia de las estatales, limitadas por los contrapoderes de los estados-nación, son frecuentemente opacas en su funcionamiento, con una burocracia y presupuestos enormes, y una desmedida influencia sobre nuestras vidas, como ocurrió en la reciente pandemia gestionada por la OMS, o en las ayudas, siempre condicionadas, a países en crisis otorgadas por el FMI. Otra cuestión relevante de la encíclica es la denuncia papal sobre la normalización de la guerra. Pienso que, ante este hecho, se debe progresar no solo en el rechazo de la «guerra justa» (como bien indica el pontífice), sino en el abandono del concepto de «legítima defensa», al que todas las naciones se acogen para justificar sus guerras. Jesús claramente lo rechazó, cuando al ser apresado detuvo a un seguidor blandiendo la espada con aquellas famosas palabras: «Quien a hierro mata a hierro muere». En Oriente vemos este principio en el capítulo 30 del Daodejing (o Tao Te King): «Todo crece fuerte, madura, envejece y muere. Actuar por la fuerza es contrario al Camino y pronto encuentra su fin». Finalmente destacar el excelente llamado papal a la igualdad de género, si bien considero que su alcance es limitado cuando la propia Iglesia no la aplica en su jerarquía. Sabemos que el celibato y el sacerdocio masculino son señas identitarias católicas, y que cualquier iniciativa de cambio provoca maremotos. Los argumentos a favor suelen estar basados en una tradición que se postula fue establecida por Cristo, pero se puede recordar lo dicho por el apóstol Pablo en su carta a los gálatas: «Ya no hay judío ni gentil, amo ni esclavo, varón ni mujer». Todo cristiano afirma en el Padrenuestro: «Hágase Tu voluntad así en la tierra como en el cielo», y si la voluntad del Creador es avanzar en esa dirección, ningún impedimento humano lo detendrá. Habría cismas, destinados a disolverse, pero sería para bien. Veremos qué ocurre.

CONCLUSIÓN

Excelente encíclica que afronta los desafíos de la sociedad actual, como la IA, las guerras, la igualdad de género o los poderes del mundo, siempre desde la perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia, con un lenguaje asequible y apto para un lector mínimamente formado y con inquietudes sociales. Recomendable su lectura y conocer su contenido.

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