28 de enero de 2026

EL ÓRGANO de Diego Sánchez Aguilar / Editorial: Candaya / Colección: Candaya Narrativa / Género: Narrativa / 128 páginas / ISBN: 9788418504808 / 2025

«Un funcionario es enviado a un pueblo de montaña para investigar dos sucesos sospechosos: el incendio de la iglesia y la trágica muerte del organista. A través de una serie de entrevistas con los vecinos irá descubriendo la fascinante figura de ese músico y los oscuros secretos de un pueblo que, tal vez, está demasiado cerca del cielo. El órgano es al mismo tiempo una tragedia griega, una novela policiaca, un cuento de terror y un mito contemporáneo sobre la esencia contradictoria, demoniaca y angélica, mortal e inmortal, del ser humano. Diego Sánchez Aguilar, uno de los narradores más interesantes de la actualidad, construye en esta novela breve una insólita e imaginativa reflexión sobre los límites del arte y los conflictos del artista. ¿Puede el arte acercarse a la verdad?, ¿puede el artista sacrificarlo todo, incluso la razón, o su propia vida, para llevar su hallazgo al público? El órgano es una apuesta por la dimensión mítica de la imaginación, un relato sobre la humanidad y sus límites, sobre el sacrificio y la culpa, sobre el arte y la obsesión».


Tengo que reconocer que el comienzo de El órgano me desconcertó. La narración de las tres hermanas cuyo papel se desvela a lo largo de la obra y el uso de la segunda persona fueron algo a lo que no tardé en acostumbrarme, porque, seamos sinceros, Diego Sánchez Aguilar lo hace muy, pero que muy bien. Ese modo de manejar el lenguaje para que, a través de la ambigüedad y las respuestas a preguntas que suponemos pero que no son manifiestas, entendamos lo que está sucediendo y podamos conformar una imagen tridimensional (o cuatridimiensional) de todo, es abrumador y absolutamente hipnótico.
La historia tiene como protagonista a un organista que llega para sustituir al anterior en la iglesia de un pequeño pueblo de montaña. Llega con su esposa y la promesa de una vida mejor que se ve interrumpida por la guerra. Los narradores son aquellos testigos que hablan con el funcionario sobre unos extraños incendios ocurridos poco tiempo atrás (y mucho después de la llegada del organista al pueblo). Así, el funcionario tomará testimonio al herrero, a su hijo (al que llama el idiota), al maestro y al cura. Todos ellos conformarán las piezas de ese gran mosaico coral en el que el lector funciona como un espectador al que sabiamente se le reconduce hacia la verdad, el camino que subyace siempre y que, aquí, cobra una importancia superior por las implicaciones que arrastra consigo.
La presencia de las tres hermanas, tres montañas que son a la vez un testigo más de la tragedia, es fantástica. Sus voces, para desentonar y, quizá, refrescar o hacer una pausa entre testimonios, se desarrollan en una tercera persona en tres tiempos: pasado, presente y futuro. Algo que tendrá mucho sentido a medida que vayamos entendiendo la dinámica y nos anclemos a la propia narración de los hechos. El funcionario, cuyo protagonismo es clave para desentrañar el misterio que rodea a los sucesos acontecidos en el pueblo, es el único que no tiene voz en esta obra y, sin embargo, aún así, su palabra es la más decisiva de todas ellas. Creo que estamos ante una novela maravillosamente escrita, con una prosa encantadora y un clímax soprendente, no por inesperado (que también), sino por todo aquello que lo rodea, esa suerte de mística grotesca. Su extensión, además, es la justa. Ni le sobra ni le falta nada. Claro que, esta, es mi opinión. Es una de esas novelas que no me importará leer de nuevo dentro de un tiempo.

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