
EL ÚLTIMO CINE DE BARRIO de Mario Escobar/ Editorial: Ediciones B / Colección: Grandes Novelas / Género: Narrativa / 352 páginas / ISBN: 9788466685153 / 2026
«Principios del siglo XX. En un Madrid vibrante donde los primeros cines abren sus puertas, el pequeño Rodolfo crece fascinado por la luz temblorosa del proyector del Cine Maravillas, propiedad de su abuelo. Sin embargo, con el estallido de la Guerra Civil su familia queda marcada por la tragedia, y el niño se ve obligado a enfrentarse demasiado pronto a la pérdida y la soledad.
Separado de quienes más ama, algo seguirá brillando dentro de él, incluso en los días más grises: la luz de aquellas películas que un día vio proyectadas en la gran pantalla. Porque, tanto en el cine como en la vida, hay historias que nos iluminan por mucho que nos envuelva la oscuridad.
Tras cautivar a miles de lectores con Canción de cuna de Auschwitz y La librera de Madrid, Mario Escobar nos brinda un relato conmovedor sobre una familia que encontró en el cine un lugar donde resistir, soñar y amar».
De Mario Escobar no había leído nada… no estaba entre el más de un millón de sus lectores en todo el mundo… hasta ahora. Me estreno con El último cine de barrio y esta es mi conclusión.
Lo primero que me ha quedado claro después de cerrar la novela es por qué Mario Escobar cuenta con tantos lectores. Hay autores que escriben para sorprender y otros que escriben, sencillamente, para contar una historia. Escobar es de los segundos, y eso, lejos de ser una mala señal, explica buena parte de la eficacia de su literatura.
En El último cine de barrio nos encontramos con Rodolfo, un niño que crece alrededor del cine de su abuelo en el Madrid de comienzos del siglo XX. La fascinación por aquellas primeras películas irá acompañándole mientras el país cambia a su alrededor, hasta que la Guerra Civil irrumpe de lleno en su vida y convierte la infancia en algo que, desgraciadamente, queda definitivamente atrás. El cine deja de ser entonces un lugar de entretenimiento para convertirse en refugio, recuerdo y el vínculo con todo aquello que se ha perdido. Esta novela se mueve entre la intimidad familiar y los episodios más convulsos de nuestra historia reciente. Mario Escobar utiliza muy bien la ambientación de ese contexto para construir un relato que es fundamentalmente emocional, en el que la nostalgia tiene muchísimo peso. Supongo que aquí está, probablemente, la virtud más evidente de la novela. El autor no se esconde, quiere emocionar y busca hacerlo de una manera directa.
El estilo literario de Mario Escobar responde a una fórmula muy reconocible y honesta. Una prosa sencilla, lineal y muy accesible, con una narración que avanza sin sobresaltos, donde se concede bastante espacio a la descripción de los lugares y las situaciones. Todo está al servicio de la historia. Los diálogos son funcionales, comprensibles y cumplen su cometido. En ocasiones, quizás precisamente por esa claridad, echo de menos algo más de sugerencia. Las emociones se explican y se subrayan, la nostalgia aparece muy presente y determinadas descripciones recurren a imágenes previsibles que refuerzan el tono sentimental. El ritmo es pausado y bastante uniforme. Creo que para algunos lectores esto es una virtud; pero para otros, quizá reduzca la tensión narrativa en determinados momentos. Pero, aun así, sería muy injusto valorar El último cine de barrio desde unos parámetros que no son los que persigue. Mario Escobar conoce perfectamente el tipo de historia que quiere contar y el lector al que se dirige. Su narrativa es costumbrista, melodramática y deliberadamente tradicional, y funciona porque nunca pierde de vista el propósito de entretener y emocionar al mismo tiempo. Hay una voluntad constante de acercamiento al lector.
No sé si después de este estreno pasaré a formar parte de ese millón largo de lectores de Mario Escobar, pero sí sé que El último cine de barrio me ha servido para descubrir a un autor que tiene muy claro qué quiere contar y, sobre todo, cómo llegar a un público amplio.
Y eso también tiene su mérito.

Juanjo Melgarejo (Torrevieja – 1990) Corrector de profesión. Lector empedernido, guarda en su cajón varias novelas, anhelando que algún día vean la luz.