EL RETRATO de Margaret Oliphant / Traductora y prologuista: Loredana Volpe / Editorial: Aristas Martínez / Colección: Centellas / Género: Narrativa / 110 páginas / ISBN: 9788419550347 / 2026

Un formato de libro que me encanta. El típico que te puedes llevar en el bolsillo de la chaqueta, o en la riñonera, y sacar en un café para degustar una tostada con tu buena dosis de historia como acompañante. La colección Centellas, de la editorial Aristas Martínez, tiene verdaderas joyitas en su catálogo, como esta que nos ocupa hoy: El retrato, de Margaret Oliphant —una de las figuras clave de la narrativa victoriana—.

Lo primero que tengo que reconocer es que este relato ya lo había leído en su idioma original hace bastantes años. Reencontrarme con The Portrait en castellano ha sido todo un placer, ¡es que lo recordaba tal cual! La traducción ha sido tan fiel que solo la puedo calificar de sobresaliente. Y por cierto, la traductora, Loredana Volpe, también firma un prólogo muy bueno; no solo introduce y acompaña a la lectura, sino que también la complementa de una manera brillante. Chapó.

La sinopsis:

«Un misterioso retrato es devuelto en extrañas circunstancias al lugar al que siempre debió pertenecer: el acomodado hogar al que Philip, tras una larga ausencia llena de infortunios, acaba de regresar junto a su padre. Poco a poco, desde el emplazamiento privilegiado que ocupa en la casa, la enigmática presencia del retrato parece dominar las estancias de un pasado apenas recordado, y pronto dejará de ser un objeto de la herencia familiar para convertirse en algo más: la imagen, inmóvil y sobrecogedora, comienza a ejercer una influencia perturbadora sobre el ánimo de Philip, imponiendo su voluntad, hasta alterar su percepción de la realidad y de sí mismo, creando un vínculo obsesivo que diluye las fronteras entre el mundo de los vivos y el de los muertos».

En este libro no esperarse escenas sangrientas u ojos que sigan al espectador. Aquí la autora relega el horror a un segundo plano, y se centra en el despertar trascendental del protagonista. La pintura funciona como un catalizador que le permite vislumbrar el «otro lado» con el objetivo de rectificar un error ético en la tierra. Una de las conclusiones más claras y evidentes a las que se puede llegar tras leer El retrato es que lo que realmente asfixia a los vivos, antes que cualquier otra cosa —incluidas las facturas o la hipoteca—, son las deudas impagadas con los muertos, reflejando esa «melancolía de la restitución» donde los fantasmas no aparecen para aterrorizar, sino para corregir.

Obra recomendadísima tanto para quienes buscan una confrontación con su propia conciencia a través de lo sobrenatural, como para cualquier otro lector que quiera disfrutar de una historia diferente y esencial, alejada de los tópicos del género de terror.

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