
MALACRÍA de Elisa Díaz Castelo / Editorial: Sexto Piso / Género: Narrativa / 266 páginas / ISBN: 9788410249752 / 2026
Esta es una de esas novelas que, tras una primera ojeada del libro al azar, sabes que no te va a defraudar. En Malacría nada parece desentonar. La literatura tiene eso, de vez en cuando aún nos puede sorprender. Y menos mal…
Perla desaparece sin previo aviso. Tras dar de comer a sus perros se esfuma como el humo lo hace en una levantera de Tarifa, sin un motivo aparente. Esto dará pie a una trama que no se desarrollará con una investigación al uso, sino más bien como una deriva íntima, casi emocional, con Ele, la hija de Perla, como eslabón más importante en la misma. Eso sí, acompañada por Jeni, la pareja de Perla, y por Valeriana, una perra cuya presencia resulta, ¡ojo al dato!, mucho más reveladora de lo que parece en un primer momento. Al final de todo, la búsqueda de Perla resulta ser no tanto una búsqueda por encontrar un cuerpo físico, sino más una liberación necesitada por todos para desenterrar una historia que ha estado soterrada durante décadas.
Como está escrito el libro, su estructura, es clave para entender la potencia del mismo. Hay cuadernos de cuentas, notas sueltas, mensajes, listas o párrafos aparentemente triviales. Aquí todo funciona como restos arqueológicos de una vida donde hay más ausencia y silencios que claridad. Elisa Díaz Castelo construye un mosaico donde el pasado y el presente se contaminan entre sí constantemente. Hay grietas, algunas más pronunciadas que otras, en la memoria familiar. Es el recorrido vital de varias generaciones de mujeres, un retrato áspero, pero muy honesto, de violencia, silencio y una plomiza herencia emocional. Malacría siempre va de frente, aborda el trauma heredado sin necesidad de bofetadas estilísticas ni subrayados teóricos. La novela no explica, sugiere; las heridas no resueltas no desaparecen, se intuyen en los gestos, en los miedos, en las formas de amar y por supuesto también en las de huir. Hay algo casi físico en la manera en que ese dolor se transmite, como si el cuerpo recordara aquello que la conciencia se empeña en olvidar. La historia de estas tres mujeres podría ser la demostración definitiva de que el silencio, a veces, es tan clarificador como la palabra.
La escritura de Elisa Díaz Castelo es seca cuando tiene que serlo, pero nunca es fría. Lo cotidiano se viste de inquietante sin necesidad de ningún artificio estrambótico o fuera de contexto. La atmósfera que se respira, (el entorno urbano, el calor, el asfalto, los espacios domésticos), parece una prolongación del estado anímico de los personajes. Las frases son contenidas, o más bien diríamos que precisas, y esa mesura evita, sin duda, que el texto caiga en el exceso emocional. Traduciendo: la autora sabe cuándo cortar, cuándo callar y cuándo confiar en que el lector complete los huecos que ella va dejando adrede durante toda la historia.
Malacría propone algo muy honesto, al menos desde la lógica del que observa desde el burladero: asumir las ruinas, reconocerlas y mirarlas de frente, entender que la herencia que nos toca en suerte, en muchas ocasiones, no es plato de buen gusto, pero que aceptarla, o al menos nombrarla, puede ser el primer gesto de libertad en nuestras vidas. Podríamos decir que, en ese sentido, la novela plantea una forma de resistencia íntima muy particular. No se trata de borrar el pasado o de reconciliarlo todo, sino de aprender a convivir con lo que duele, sin que eso determine por completo quiénes somos.

Juanjo Melgarejo (Torrevieja – 1990) Corrector de profesión. Lector empedernido, guarda en su cajón varias novelas, anhelando que algún día vean la luz.
