10 de febrero de 2026

MAMUK de Txomin Badiola / Editorial: Acantilado / Género: Narrativa / 474 páginas / ISBN: 9788419958624 / 2025

Acantilado es una de esas editoriales que sabes que nunca defraudan. Mamuk es una novela que, sin ser una de las que más están en boca de críticos y reseñistas, sí es de las que más resuenan entre cierto círculo intelectual. Y de lectores de nicho, que diría el gran John Smith.

Txomin Badiola ha escrito una obra brillante, que se mueve con soltura en un terreno que ciertamente está poco transitado por la narrativa actual, por lo menos la más visible. Mamuk arranca con un hecho histórico que en apariencia no tiene mayor trascendencia. Un relevo, tras el fallecimiento del maestro, en la dirección de las obras de una iglesia vizcaína a finales del siglo XV. Pero, esto que parece no ser más que un punto de partida normal y corriente en ficción, es en realidad un anclaje bestial de un relato muchísimo más ambicioso, fragmentario y exigente. La novela no es una reconstrucción histórica al uso. Para nada. Txomin Badiola, en la medida de lo posible, evita la linealidad, y opta por una narración con una estructura abierta, casi polifónica, en la que tiempos, voces y distintos registros dialogan entre sí. Los relieves monstruosos atribuidos a Béranger de Bourgogne, seres a medio camino entre lo simbólico y lo grotesco —los mamuk que dan nombre al libro— son una suerte de conciencia transversal. No son simples elementos decorativos o alegóricos, son presencias que interpelan al lector desde lo religioso, lo artístico, lo social y, por supuesto, lo contemporáneo. Distintos planos y una misma dirección. Aquí lo que interesa no es tanto el dato histórico en sí, es la manera en que ese dato influye, reverbera en el presente. En Mamuk se pregunta por la relación entre la fe y la creación, entre el poder y el arte, entre la identidad de cada uno y los relatos, grandes o pequeños, que nos moldean. La religión es fe, un sistema de creencias, pero también es la estructura cultural que organiza al mundo y determina qué se muestra, qué se oculta y qué se considera monstruoso. En ese sentido, la novela es una reflexión muy incómoda sobre los mecanismos de legitimación simbólica de ciertos estamentos religiosos que se perpetúan durante siglos sin perder nunca su vigencia.

El estilo de Txomin Badiola es sobrio hasta el límite, pero nunca árido. Y me encanta. Siempre es preciso, justo en el lenguaje. Hay una intención constante que es casi implacable a la hora de observar los gestos, los silencios y las tensiones de los personajes. Todo avanza con un ritmo contenido, sin prisas, añadiendo capas de sentido a la narración. Hay un contraste entre el mundo rural, áspero y concreto, y la abstracción de los grandes discursos históricos que está trabajado con una delicadeza delicada —valga la redundancia— que evita tanto el pintoresquismo como la grandilocuencia.

En Mamuk la lengua forma parte del paisaje moral y emocional de todos los personajes, y esa convivencia de registros contribuye a reforzar la sensación de autenticidad. De hecho, la tensión narrativa no nace de grandes acontecimientos, lo hace de lo que se insinúa, de lo que queda fuera del campo narrativo. El autor confía en el lector. Esta es, en definitiva, una novela sobre la herencia, sobre la que se recibe, pero también sobre la que se transforma y la que, a veces, se convierte en una carga insostenible. Muy muy recomendable.

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