21 de febrero de 2026

En diversas ocasiones, me he encontrado con quienes tienen un cuestionamiento muy duro hacia el género de la fantasía y la ficción, ¿para qué hablar de lo que no existe? Demeritando el valor de los sueños, de lo intangible e inconsciente que, desde sus sombras, tejen la realidad y condicionan nuestro comportamiento. Entrar en el mundo de la ficción es abrir un almanaque de simbolismos y patrones, dando lugar al nacimiento de nuevos mundos y cosmovisiones; y uno de los grandes objetivos de la fantasía es demostrar rincones del alma humana, comportándose del mismo modo en nuevos mundos, permitiéndonos llegar a un conocimiento más profundo de nuestra propia naturaleza. La fantasía, más que un espejo, constituye una nueva lente para reinventar la realidad, ayuda a reconstruir y resignificar, dando a los sueños, las visiones e intuiciones aparentemente ilógicas, un lugar de gran importancia en la realidad.

En la novela de fantasía de la escritora Crealis, Singularidad, seguimos la vida de Teremi, una chica de veinticuatro años quien, después de evitar el suicidio de una joven, se embarca en una aventura donde cuestionará su propia cordura, la realidad, la existencia de la magia y los vínculos que mantiene en su vida actual.

La novela pone de manifiesto las heridas psicológicas como causa de una actitud de aplanamiento emocional. Teremi demuestra tener una vida de insatisfacción; la relación con sus padres se encuentra mellada, aunque no totalmente rota, indicando que existe aún posibilidad de reparación. La presencia de sus padres ha sido casi escasa, demostrando un desinterés y negligencia constantes. Allyt, la chica a quien Teremi salva, genera en la protagonista una identificación inconsciente: una forma de salvarse a través de salvar a otra persona. Sin embargo, Allyt carga con una maldición que la persigue a ella y a sus allegados, manifestándose pronto sus efectos en la vida de Teremi.

La novela toma un giro metadiegético cuando se explican los poderes de Allyt, quien hace realidad todo aquello que escriba en forma poética, mientras se menciona el nombre de Teremi como el de un personaje que inventó su abuelo, el de una heroína que murió durante la aventura, haciendo a las protagonistas capaces de reescribir su propia historia. Aun cuando estos hechos infundan miedo en ellas, la historia sugiere que estas características tienen potencial transformador.

Teremi vence su reticencia y se convence de ayudar a Allyt, tras lo cual se introduce el concepto de la Singularidad, una magia que abarca tanto los poderes de Allyt como los de Evan, un joven que comienza a perseguirlas con la promesa de eliminar la maldición que ahora afecta a ambas, enredando la historia en una suerte de rompecabezas a resolver. La comunicación entre Allyt y Teremi se va abriendo de forma lenta, ya que la primera, debido a su timidez, comienza a acercarse a Teremi por medio de notas, hasta encontrar en ella un lugar seguro. Sus palabras escritas tendrán, sin embargo, una fuerza notoria a lo largo de la historia, creando una narración donde los diálogos se componen también por pensamientos y poemas diversos.

Al explorar la autora las temáticas de la tragedia, la sanación y la pérdida de un ego sano, nos encontramos en una novela que nos habla sobre el encuentro con el poder personal. La magia no es un elemento accesorio; se muestra como un componente necesario para completar la complejidad psicológica de los personajes, adaptándose a un entorno moderno. Sí se menciona que no puede ser observada ni comprendida por todos, aumentando la tensión psicológica sobre las protagonistas y haciendo que el autocuestionamiento de Teremi aumente.

A pesar de desarrollarse en un entorno sumamente difícil, la novela se reviste de gran ternura y un sentimiento de nostalgia. Cuando Teremi pone en duda los límites de la percepción que distorsionan la realidad, abre las puertas a un rico mundo interior donde la Singularidad pasa a ser una fuerza benévola. Aquí se dibuja una cosmogonía interesante que recuerda a doctrinas como el gnosticismo o incluso el hinduismo. La dualidad pasa a ser parte fundamental de la novela, resaltando el poder de las decisiones personales.

El mal acecha tanto desde el entorno exterior como desde los recuerdos de las protagonistas, dando a la novela una estructura de viaje de la heroína. A través de las visiones de Teremi, comprendemos que los acontecimientos exteriores no son fortuitos; se presentan como detonadores de sus propias heridas internas para ser observadas y curadas. El lazo de identificación constituye un primer puente hacia su propia sanación.

Evan se posiciona como un enemigo persistente, locuaz y bastante persuasivo, aumentando en Teremi una necesidad voraz por proteger a Allyt. La propuesta de eliminar la parte demoníaca de Allyt, llevándola al «Jardín de la tranquilidad», mueve la trama de la novela y comienza a cambiar la actitud inicial de Teremi hacia la vida, sintiéndose con un nuevo objetivo y responsabilidades.

Crealis explora la psique humana desde una perspectiva cruda y muy sincera, haciendo de Singularidad una historia con la que es fácil simpatizar y preguntarnos los límites entre la cordura, la locura y la sanación.

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