6 de febrero de 2026

LOS CABALLEROS DE LA NOCHE de Daniel Balmaceda / Editorial: Grijalbo / Género: Narrativa / 288 páginas / ISBN: 9788425372438 / 2026

Este libro, desde la primera vez que lo vi en la mesa de novedades, me llamó muchísimo la atención. Es un claro ejemplo de enamoramiento a primera vista… Seamos francos, también tuvo que ver que al autor ya lo conocía de libros anteriores.

Daniel Balmaceda, en Los caballeros de la noche, se mete de lleno en el Buenos Aires de finales del siglo XIX, una ciudad que crecía a golpe de ambición, inmigración y palacetes afrancesados, una ciudad que aún estaba inventando sus propias reglas.

Lo primero que tenemos que tener claro es que no todos los que bajaban del barco venían con la intención de «hacer las Américas» trabajando de sol a sol. Alphonse Kerckhove de Peñaranda, un belga elegante y sin demasiados escrúpulos —por no decir ninguno—, y el español Florentino Muñiz, pronto se dan cuenta de que para subir de clase social a veces se pueden coger atajos. En Bruselas comienza a perpetrarse lo que a priori terminó convirtiéndose más tarde en Argentina, en su capital, en el culmen de la sofisticación criminal, una banda de maleantes llamados los «Caballeros de la Noche». Su golpe maestro es el secuestro del cadáver de una heredera de una poderosa familia de la ciudad, la familia Dorrego, exigiendo un rescate para su «liberación». Este macabro secuestro inaugura un nuevo orden criminal, casi de guante blanco, en un país que todavía estaba estructurando su propio sistema judicial. Bajo la presidencia de Roca y con una policía todavía incipiente y en algunos momentos un pelín ingenua, la novela plantea un duelo de inteligencias entre la alta sociedad porteña y un hampa que parece sacada de folletines europeos.

La novela es directa, sin rodeos innecesarios. Y eso se agradece. Hay un volumen considerable de datos, fechas, parentescos y protagonistas varios, pero la estructura, el armazón del libro —cuatro partes con capítulos con una extensión justa y necesaria— facilita que el lector no se pierda entre tanta información. Los caballeros de la noche está escrita para que incluso quien no sea un lector habitual del género policiaco pueda seguir la trama sin perderse ni marearse. Además, Daniel Balmaceda enriquece el relato con pequeños detalles de color muy acertados: escenas muy porteñas, referencias de calles antiguas del Microcentro, guiños que despertarán seguro una inevitable nostalgia a quienes sean del lugar. Para quienes disfrutamos imaginando escenarios históricos de lugares que no conocemos, la Buenos Aires de antes, la descrita en el libro, es un pequeño festín.

Ahora bien, vayamos con los peros que me he encontrado… No todo brilla con la misma intensidad en la novela. El estilo de Daniel Balmaceda, que tan bien funciona en sus otros libros, aquí se siente algo forzado. Es como si sostener el ritmo de una crónica extensa —aunque se base en hechos reales— le resultara difícil o un tanto atropellado. El ritmo fluctúa demasiado. A veces el dato histórico interrumpe la tensión narrativa; y otras, el intento de novelar los hechos históricos reales, parece estorbar la potencia del documento. Se podría decir que la sensación que se te queda al final es un poco ambigua: unas veces el dato asfixia a la novela, y otras la novela parece pedir permiso para no molestar al dato.

Como historiador, Daniel Balmaceda es simplemente irreprochable. Sí, ese sería el adjetivo justo: irreprochable. La reconstrucción del Buenos Aires de 1880 es tan minuciosa y vívida que uno puede sentir el pulso de una nación que, en definitiva, se está inventando a sí misma. Pero en cambio, cuando el texto intenta jugar en el terreno de la ficción sostenida, ahí se percibe cierta rigidez estructural, alguna dificultad para equilibrar la investigación y la dramatización. Pero nada grave, podemos tomarlo como su sello personal si se quiere.

Eso sí: el tramo final de la novela es impecable. El alegato de Rafael Calzada es una pieza documental de una fuerza extraordinaria. Está tan bien construida que eclipsa cualquier falla que pudiera encontrarse al texto. Ahí el autor se mueve con soltura, y se nota, dejando que la historia real brille sin necesidad de ningún adorno innecesario. Creo que es, precisamente, en ese gesto literario y de oficio —cuando el archivo habla y el autor se aparta— donde Los caballeros de la noche alcanza su mayor valía.

Esta novela es para quienes disfrutan de la historia argentina y la intriga policial. Es para los que aman sumergirse en archivos, reconocer calles con sus nombres antiguos y descubrir crímenes reales que terminaron cambiando las reglas del juego.

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