28 de febrero de 2026

VINELAND de Thomas Pynchon / Traductor: Manuel Sáenz de Heredia / Editorial: Tusquets / Colección: Andanzas / Género: Narrativa / 464 páginas / ISBN: 9788411076500 / 2025

Leerse a Thomas Pynchon siempre da un poco de vértigo. Sabes que vas a entender solo una parte del chiste, que mucho se te va a escapar y que, aun así, vas a flipar. De todos sus libros, quizá Vicio propio sea el más fácil de digerir. Pero yo me lancé a Vineland (publicada en 1990, ojo al dato, y reimpresa hace escasos días en una nueva edición de Tusquets) porque prometía hablar de lo que fue de los hippies en los años ochenta. Y vaya que si lo hace… pero al estilo Pynchon: nada de realismo sobrio, más bien un cóctel lisérgico entre cómic, sketch y cine serie B.

Si se busca un retrato fiel de la contracultura post-hippie, este no es el libro. Aquí hay parodia, exceso y un caos narrativo que parece a punto de reventar… pero que, milagrosamente, acaba encajando lo justo para que no se derrumbe. Pynchon mete ninjas, sectas gubernamentales secretas, violencia gratuita, parodias televisivas y diálogos interminables que de repente saltan a lo absurdo. Suena a locura —y lo es— pero funciona como una especie de sátira total de América.

En pleno 2025, leer Vineland tiene otro sabor: hoy, con tanta cultura del meme, TikTok y fragmentación de la atención, la novela parece adelantada a su tiempo. Pynchon escribía ya como si el mundo fuera un feed infinito: una escena tira de otra, un personaje secundario se convierte de repente en protagonista, y el tono cambia como si zapearas entre Monty Python, Cheech & Chong y una película de Tarantino. La sensación es como ver a Doc Brown en Regreso al Futuro: echa basura al reactor, todo cabe, nada sobra del todo, y el cacharro arranca de todos modos. Pynchon no teme saturar, ni alargar, ni perderse en la vida entera de un personaje que quizá nunca vuelva a aparecer. Y en eso, la novela tiene un aire muy actual: parece escrita para un público que ya vive entre pestañas abiertas y scroll infinito.

¿Recomendación? Vineland no es fácil ni lineal, pero es pura energía pop, sátira desbordada y literatura que se ríe de sus propias costuras. Un libro raro, excesivo, pero también visionario. Si quieres algo distinto y no temes al caos, aquí tienes un Pynchon que, 35 años después, sigue sonando peligrosamente contemporáneo.

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