4 de febrero de 2026

LA INFANCIA DE CAÍN de Michael Amherst / Traductor: Julio Hermoso / Editorial: Siruela / Género: Narrativa / 202 páginas / ISBN: 9791387688684 / 2026

Tengo la sensación de haber leído un libro escrito a destiempo. Me explico. Lo que se cuenta en esta novela está trazado de tal manera que mi subconsciente lo reconoce como algo onírico; un retazo del pasado que nunca dejó de habitar mi memoria. Quizá sea porque el protagonista se parece demasiado a alguien que conocí.

La infancia de Caín, de Michael Amherst, publicada recientemente por Siruela, nos lleva a la Inglaterra rural y gris de finales del siglo XX. Daniel crece en un entorno emocional muy difícil, marcado por la continua incomunicación, la frustración de los adultos y una constante sensación de que algo no está bien ajustado del todo. Su familia sufre un desbarajuste cuando el padre pierde su puesto de director en la escuela coral; abandonan una vida muy acomodada en un lugar que hasta el momento les pertenecía en todos los sentidos, para instalarse en un pueblo en el que lo sienten casi como una condena. La madre parece vivir en un mundo paralelo, ausente y frágil; el padre se refugia en el alcohol, cada vez más derrotado. Es ese el contexto en el que Daniel vive, observa, juzga y no para de acumular rencor. Pero la llegada de Philip, un nuevo compañero, introduce una variable más a la ecuación: una relación muy intensa y bastante ambigua que es algo más que una simple amistad. Y el colofón en la trama… la aparición de un profesor de arte, carismático pero también peligroso, que terminará de tensar toda una historia que oscila entre el descubrimiento, la fascinación y la pérdida de la inocencia.

Para mí no fue fácil entrar en esta novela, lo reconozco. Ni Daniel, ni casi nadie a su alrededor, resulta especialmente simpático. El carácter del protagonista es exageradamente altivo; al principio es tan cliché que da hasta grima: un ser superior, hijo del director de una escuela privada, viviendo en una casa lujosa y grande, consciente de unos privilegios que exhibe sin pudor a diestro y siniestro. Esa arrogancia infantil en realidad mezcla inseguridad y presunción, y no invita precisamente a la empatía. Pero es que, conforme avanza la historia y la situación familiar se va deteriorando, ese orgullo encima se transforma en desprecio, un desprecio injusto, sobre todo hacia el padre. Es un amargado durante gran parte del libro… y eso es cansino a no más poder. El cambio de vida, de escuela, de entorno, le abre a Daniel nuevas posibilidades u oportunidades de ser un pelín más feliz: profesores nuevos, compañeros distintos, un mundo diferente al que amar. Pero no, Daniel tropieza una y otra vez con sus propias limitaciones. Ni acepta el error ni acepta el fracaso. Su mirada es implacable con los demás, pero es que lo es todavía mucho más consigo mismo. El libro a ratos parece avanzar caminando en círculos. Hay momentos muy tediosos en los que parece que no sucede gran cosa, más allá de ese lento y doloroso proceso de crecimiento.

Aunque Daniel es egoísta, quejoso y exasperante, no resulta difícil verse reflejado en él en algún momento. Para mí, lo más honesto de la novela es esa descripción casi de sociópata del protagonista: esa necesidad desesperada de agradar, de ser reconocido… es lo mejor del libro. El autor no esquiva ni lo vergonzoso ni lo incómodo de la adolescencia; es decir, las humillaciones, las fantasías, los errores y muchas experiencias que a veces se convierten en cicatrices y se arrastran durante años. Eché en falta que algunos temas que apenas se esbozan en la novela tuvieran un poco más de recorrido. La religión, el estatus social y la enfermedad mental asoman la patita, pero no terminan de desarrollarse.

Reconozco que es una novela que a muchos lectores les puede parecer un poco sobrecargada, en el sentido de que algunos giros dramáticos son demasiado impostados. Pero es que en la vida real también pasa, ¿o no? Probablemente, meses después de esta lectura, le dé una segunda oportunidad. Ojo, no me ha disgustado este primer envite, pero creo que no era el momento más propicio para leer una novela con esta temática.

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