
TIERRA DE SUEÑOS de Félix G. Modroño / Editorial: Destino / Género: Narrativa / 444 páginas / ISBN: 9788423369010 / 2026
Cuando me enfrento a una novedad que me apetece muchísimo, caigo en la peor trampa para una lectora compulsiva: predisponerme a que nada, absolutamente nada, esté a la altura de mis propias expectativas. Pero si un libro tardas en leértelo menos de lo que tarda una jirafa en alcanzar la copa de una acacia, es que, a lo mejor, las expectativas se han cumplido… o no. ¿No creéis?
Tierra de sueños es la última novela publicada por el vizcaíno Félix G. Modroño y, como podría esperarse de un autor que vive entre Sevilla y San Luis Potosí, tiende puentes entre España y México, entre sus pasados comunes y su presente, entre la intimidad de unos personajes sin historia aparente y la épica colectiva. En definitiva, recorre territorios fronterizos donde la memoria puede convertirse en relato.
El detonante narrativo ( y simbólico) de la trama de esta novela son unos pendientes precolombinos que están depositados en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Con esta premisa bajo el brazo, Félix G. Modroño crea un un juego de tiempos y destinos que se cruzan todo el rato entre sí. En el presente, David Quijano, un arqueólogo amante de su trabajo, conoce a María, una galerista mexicana con la que termina compartiendo algo más que su fascinación por la historia. Esta novedad en su vida lo empuja a cruzar el Atlántico y, de alguna manera, a enfrentarse con una herencia que no sabía que le incumbía. En paralelo a esta trama, el lector es arrastrado a los años más oscuros del siglo XX en España. Ana Cossío tiene que huir de su Santander en 1937, rumbo a México, dejando atrás su infancia y a su gran amor, Mateo Llamazares. Mateo, dos años después, en una misión que es política y profundamente íntima a partes iguales, llegará a Verazcruz en un yate fletado por la República que está cargado con un «tesoro» que han sacado de España… No es tanto el qué (el exilio, la pérdida, la supervivencia) como el cómo el autor se detiene en esas pequeñas lealtades y decisiones tomadas a destiempo. En esas vidas anónimas atravesadas por la Historia con mayúsculas.
Tierra de sueños es una novela muy comercial, en un sentido nada peyorativo del término. Se lee con bastante rapidez, casi sin darse cuenta, y esto es principalmente gracias a que está escrita con una estructura muy clara y con un pulso narrativo muy eficaz, evitando esas digresiones innecesarias que muchas veces este tipo de libros tiene. Es verdad que es un libro que no reinventa el género, ni creo que lo pretenda, ni deslumbra con artificios literarios; y quizá sea por eso por lo que funciona tan bien. Félix G. Modroño sabe exactamente qué quiere contar y a qué tipo de lector se dirige. El estilo del autor es marcadamente costumbrista y muy emocional. Su prosa es transparente, enfocada a una única meta: que la historia avance sin tropiezos. El narrador omnisciente observa a los personajes con una cercanía casi protectora. Siempre hay una especie de voluntad de reconstrucción histórica, muy visible en la integración natural de léxico local, términos de la época, palabras en náhuatl o modismos mexicanos que no hacen sino enriquecer la ambientación, sin entorpecer la lectura en ningún momento. Las descripciones de los paisajes y los momentos de mayor carga emocional son muy, pero muy, sensoriales. Yo pondría como «pero» la adjetivación del texto. Es abundante y, en ocasiones, bastante previsible, aunque quiero pensar que esto responde más a una búsqueda consciente de evocación sentimental que a un riesgo estilístico asumido por el escritor.
Yo recomendaría Tierra de sueños especialmente a todos esos lectores que están ávidos de nostalgia; esos que esperan leer novelas que miran al pasado para entender el presente. También a los que buscan historias de amor con el trasfondo de una guerra y el desarraigo, y a quienes disfrutan de esos relatos donde cohabita la memoria familiar y la colectiva.

Mari Carmen Pérez (Elche – 1971) Licenciada en periodismo y dependienta en El Corte Inglés desde hace más de veinte años. Apasionada por la moda y el chocolate. Se le da mejor leer que escribir.
