
El pasado mes de junio tuve la oportunidad de disfrutar de una excelente experiencia cinematográfica, poco habitual en nuestros días, con el visionado en los cines Zoco Majadahonda de la película Kill Bill: The Whole Bloody Affair (estrenada en España en el año 2026), en una única sesión de 4 horas y media de duración (con un intermedio de 15 minutos), siendo introducida y excelentemente comentada, además, por un experto de los cines.
Este filme de Quentin Tarantino corresponde a su idea original de Kill Bill, la cual, por exigencias comerciales del productor Harvey Weinstein, se dividió inicialmente en dos películas, estrenadas en 2003 y 2004, respectivamente.
Los cambios fundamentales de esta versión fueron la inclusión del color en el capítulo «La batalla de la Casa de las Hojas Azules» (la versión previa fue en blanco y negro para obtener una mejor calificación por edades, lo cual no deja de sorprender, pues la violencia contenida no creo que se reduzca en exceso por ello) y la adición, tras los créditos finales, del capítulo «La venganza de Yuki».
Sinopsis
Una mujer, la Novia, ejecuta su venganza sobre los miembros de la organización de asesinos profesionales a la que pertenecía, tras su intento fallido de eliminarla el día de su boda, estando embarazada, con un novio ajeno a dicha organización. Su objetivo es matar a Bill, el jefe criminal y su expareja, y a los ejecutores.
Reseña
Más allá de la excelente factura de la película, dotada de un ritmo trepidante, diálogos chispeantes, unas escenas brutales de acción —sangrientas pero suavizadas por una permanente ironía y humor negro— y un creíble elenco, destacando Uma Thurman en el papel principal, el filme tiene una serie de matices, más allá de su calidad cinematográfica, muy reseñables en mi opinión.
Primeramente, cabe preguntarse sobre la exposición continua de una violencia explícita (y que empequeñece a proyecciones míticas como La naranja mecánica), tanto en el campo físico como sexual, e incluso educativo (por ejemplo, en la formación que recibe la protagonista para convertirse en asesina).
Resulta paradójico que, mientras que en lo que llamamos Occidente esta violencia ha ido gradualmente desapareciendo, o al menos ocultándose en nuestra vida habitual, al mostrarse en salas de cine se acoge con gran éxito de crítica y público.
Quizás, aunque ya no existe la pena de muerte (con ejecuciones públicas impensables), aunque en la mayor parte de nuestras calles se pasee sin miedo (habiendo adoptado el Estado el monopolio de la violencia), y pese a ocultarse la muerte, tanto humana como de animales, parece que se mantiene la necesidad social de recordar que esa no es la realidad, o por lo menos no toda ella. Seguramente, frente a la visión a veces idílica de nuestras sociedades, el contemplar la realidad oculta nos atrae enormemente. Y quizás sea hasta necesario conocerla.
El eje del filme donde se desarrolla esta violencia es la organización de asesinos profesionales, sobre cuyo origen, motivación y existencia real cabe conjeturar. Se puede citar históricamente la secta de los hashshashin (de la que deriva la palabra asesino), que actuó en los siglos X al XIII en Oriente Próximo, o la casta de los thuggee (de la que deriva la palabra inglesa thug), presente en la India desde la Edad Media hasta la década de 1830. Parece que ambas actuaron en épocas convulsas y con vacío de autoridad. En la actualidad sabemos de diversas organizaciones que poseen esas características.
¿Qué impulsa a una persona a ingresar y participar en una organización así? ¿Quizás el miedo, la venganza o el fanatismo? Posiblemente sean explicaciones, aunque no parezcan motivos razonables.
Es interesante cómo Quentin Tarantino muestra la conducta de diferentes miembros de la organización criminal:
- Por una parte, observamos determinados personajes, como el hermano de Bill o la asesina Elle Driver, rechazables por su crueldad o banalidad.
- Por otra parte, está el peculiar, y en cierta forma fascinante, personaje de la Novia: su naturalidad ante la extrema violencia, la frialdad quirúrgica con que ejecuta su venganza, el disfrute que le genera el acto de matar (como ella misma confiesa) o su elevada disciplina (memorable la irónica escena de su formación con el maestro oriental) la convierten en una especie de superheroína del mal, con un halo justiciero y poético.
¿Se puede positivizar su conducta? Yo, desde luego, prefiero la expuesta en algún conocido texto sagrado: «Habéis oído que antes se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’, pero yo os digo: ‘No resistáis al mal; al contrario, si alguien te golpea en la mejilla, ofrécele también la otra’». ¿Propone este texto dejarnos llevar por la inacción ante la violencia? Pienso que no, sino que, leyendo el texto completo y en su contexto, indica la necesidad de no responder de la misma forma ante una agresión recibida.
Una inquietante pregunta que me surgió durante el visionado del filme fue si es posible que haya un «gen asesino» en nosotros, pues el personaje de la hija de la Novia muestra un instinto asesino similar al de su progenitora, insinuándose además que constituye un rasgo innato en su personalidad.
A mí me recordó, salvando las distancias, a algún texto de Las confesiones de San Agustín, cuando habla del mal innato en la mirada torva de un niño a su hermano de leche, aunque prefiero pensar que nuestra realidad es la expresada por el filósofo oriental Mencio, que afirma la naturaleza buena del ser humano. Se vive mejor pensando así.
Conclusión
Una excelente película, intensa, con magníficas escenas de acción y lucha, grandes diálogos y una creíble interpretación, la cual exige al espectador una elevada tolerancia a una violencia extrema, aunque esté suavizada por la ironía y el humor, y que, más allá del entretenimiento, genera reflexiones sobre la verdadera naturaleza del ser humano.
