
LOS ÚLTIMOS DE LA LISTA de Grégory Cingal / Traductora: Patricia Orts / Editorial: Tusquets / Género: Narrativa / 304 páginas / ISBN: 9788411076593 / 2025
He leído muchos relatos sobre los campos —novelas, testimonios, estudios históricos—, pero ninguno me había parecido tan claro y sobrecogedor a la hora de mostrar la complejidad de un campo de concentración como Buchenwald en este libro. Es escalofriante pensar que no todo está contado sobre aquella época oscura; es casi habitual encontrarse una y otra vez con nuevos testimonios, nuevas historias marcadas por el horror y la deshumanización. No todo está contado, no todo está dicho, y no debemos olvidar nuestro pasado… porque, como estamos viendo, olvidar —descuidar la memoria— lo único que hace es replicar los mismos errores y las mismas atrocidades.
Agosto de 1944. París está a punto de ser liberado, pero los trenes de deportación siguen saliendo de la estación del Este. En uno de ellos viaja un convoy especial con 37 oficiales de inteligencia aliados, casi todos miembros del SOE (Special Operations Executive, creado por Churchill), entre ellos el oficial de mayor rango, el comandante británico Forest Yeo-Thomas. Su destino: el campo de concentración de Buchenwald, donde dieciséis de ellos son ahorcados en la sala de los crematorios poco después de llegar. Los demás correrán pronto la misma suerte. Dentro del campo, las fuerzas clandestinas se movilizan para intentar salvar a tres de ellos: Yeo-Thomas, el capitán británico Harry Peulevé (jefe de una red de la resistencia en Corrèze) y el teniente francés de la Francia Libre Stéphane Hessel. Todo lo que se cuenta en este libro es verdad. Nada ha sido inventado, y se percibe en cada página el enorme trabajo de documentación del autor. El plan para lograr la fuga de los tres resistentes requiere tanto la complicidad de ciertos miembros del campo —ya sea por acción o por pasividad— como los engaños de otros. Grégory Cingal retrata con brillantez las jerarquías absurdas, las luchas internas y los juegos de poder que iban cambiando según se reorganizaba la población del campo. También muestra la corrupción generalizada entre los kapos, los jefes de bloque (los triángulos rojos, presos políticos comunistas veteranos, frente a los triángulos verdes, criminales comunes), los guardianes SS, los comités clandestinos por nacionalidad (había casi treinta entre los deportados) y los equipos médicos nazis. En Buchenwald existía incluso un «bloque de cobayas», el bloque 46, donde se experimentaban vacunas contra el tifus y supuestos tratamientos para «curar» la homosexualidad mediante inyecciones hormonales. Aunque sabemos el desenlace, uno se siente atrapado por el increíble plan para sacar con vida a Yeo-Thomas, Peulevé y Hessel. Sorprende su ingenio, la magnitud del riesgo y la dosis de suerte necesaria. No se puede sino admirar a estos tres hombres y a las mentes que idearon el plan de fuga. Destacan especialmente el periodista y sociólogo alemán Eugen Kogon, deportado político convertido en secretario del médico SS Ding-Schuler, y el entomólogo francés Alfred Balachowsky, encargado de fabricar la vacuna contra el tifus. Son verdaderos héroes, en el sentido más puro de la palabra. Grégory Cingal construye un relato con los recursos literarios típicos del novelón de evasión, y lo hace muy muy bien. La cuenta atrás es angustiosa: la orden de ejecución podía llegar en cualquier momento.
Los lectores acostumbrados a obras históricas disfrutarán este libro; otros, a lo mejor, se pierdan un poco. Quizá un glosario de acrónimos y nombres no habría estado de más. Me ha gustado especialmente el enfoque del autor como narrador omnisciente. Su humildad al reconocer que hay muchos vacíos en esta historia, y que no podremos llenarlos, o el admitir que nunca podrá expresar completamente lo indecible de la experiencia en los campos, es admirable. Su tono, además, combina ironía, humor negro y serenidad, sobre todo al subrayar la vanidad grotesca de ciertos nazis. Los últimos de la lista merecía ser escrita.

Jesús Cuenca Torres (Santiago de Compostela – 1957) Doctor en filosofía y exprofesor de instituto. Habla siete idiomas con fluidez, amante de los libros y del cine en blanco y negro. No le ve sentido echarle azúcar al café.
