Don José, viejo sarmiento

papa 84 años
Don José Gallardo

 

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Don José en uno de los pasillos de su casa forrada de libros.

El pasado lunes me llegó un requerimiento por parte de un alto funcionario de las más altas instancias habidas y por haber (en eso de las leyes y las potestades), en el cual exigía de mí que aclarara de una vez por todas qué parcelita de la LaJUnglaDElasLETras pertenecía a Don José Antonio Gallardo.

Y a eso voy ahora… Un servidor, honesto de nacimiento que es uno, reconoce y manifiesta que a Don José le pertenece una parcelita, en propiedad, de esta LaJUnglaDElasLETras desde el pasado día 26 de marzo de 2014, como regalo a su ochenta y cuatro cumpleaños

Hace más de dos años tuve la enorme suerte de conocer en Madrid a un hombre del cual me habían hablado mucho, y muy bien, pero al que no tenía aún el placer de tratar en persona: Don José Antonio Gallardo.

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Don José mostrándome uno de sus tesoros.

Don José, como le conocen sus amigos, es un “hidalgo” de las letras, un auténtico bibliófilo, señor y caballero del buen hacer en esto de los libros. Anda rodeado de sus memorias, unas de incalculable valor como pude comprobar. Su entusiasmo por los libros le ha llevado a forrar dos viviendas contiguas de su propiedad de estanterías repletas de joyas (literalmente), en el castizo Madrid cercano al Retiro. Allí, en aquel lugar, (que yo tildaría de Paraíso sin dudarlo), el patrón de aquel tesoro se mueve lento, con pasión, bamboleando los sueños de toda una vida, entre recuerdos y anécdotas…, y entre los más de diez mil libros de su particular biblioteca. Toda una vida enamorado de los libros.

Más de diez mil libros… y quizá sea una estimación tirando a lo bajo, como me comentó su sufrida esposa (siempre sonriente a las espaldas de su marido, orgullosa).

Me sentí feliz entonces, y me siento feliz ahora, y lo puedo decir orgulloso, al tener, en mi dicha, la palabra de Don José de que soy bienvenido en su casa, me siento eufórico al sentirme aprendiz de su enorme humanidad.

Una última cosa, como pago a esta parcelita (eternamente suya), hago mío y de todos los que aman a la poesía, el sentido homenaje que la hija de Don José, la poetisa madrileña, Nieves Gallardo Cañaveras, le brindó a su padre en forma de sentido poema…

 VIEJO SARMIENTO

Siendo roble,

te has convertido en sarmiento.

Añoro tu porte de árbol bien crecido,

tu copa poblada de inteligencia,

tus ramas que me acariciaban

y me guiaban entre hojas.

 

Esparciste tus semillas

creando nuevos vástagos.

 

Añoro esa sabiduría y paciencia.

Esa seguridad disfrazada de prudencia.

Aquella timidez camuflada en el despiste.

La dulzura escondida en tu corteza oscura.

 

Creciste y nos hiciste crecer

esquejes de tu forma de vida.

 

El tiempo pasa

y tus raíces comienzan a secarse.

Tus hojas ya no lucen con el lustre de antaño.

Las ramas se quiebran y el tronco,

otrora erguido y majestuoso,

se dobla con el viento de tantos inviernos.

 

Sé que todo es pasajero

y te irás, como todos nos iremos.

 

Pero mientras la savia de tus venas

siga circulando,

a momentos más fuerte,

a instantes más débil,

te seguiré abrazando.

 

Porque, por encima de todo,

PADRE ¡Te quiero!

 Nieves Gallardo Cañaveras (2014)

José Antonio Castro Cebrián

 

Viento de tramontana

AAFF_Viento_de_Tramontana.inddUna historia repleta de controversia es una historia rica en contradicciones, y por lo tanto es una historia, por narices, entretenida. Viento de tramontana no narra la peculiar historia de un enamorado y su fatalidad, o la violenta necesidad del asesino por hacerse con la vida de una víctima descarriada, esta novela, alejada del autor convencional (al menos a mí me lo ha parecido), pretende ser un cúmulo de despropósitos que la llenan de calidad imaginativa. Parece poesía, y no por la cualidad, sino por la idiosincrasia de lo que sugiere o pretende el hacedor de este, como he dicho, cúmulo de despropósitos.

Echo mano de un trocito de la sinopsis de la editorial para explicar de que va este libro, porque creo que (por una vez) los responsables de hacerla (pondría la mano en el fuego a que no ha sido el propio autor, como ocurre normalmente) lo han clavado:

«Es, sin duda, Viento de tramontana, una novela muy catalana y muy española, porque se cruzan y descruzan gentes de la vida literaria de Barcelona y de otros lugares, porque hay amor y desafecto, sexo y guardias civiles y al menos una mossa d’esquadra; porque convierte una atmósfera real en una literatura no creíble, más bien en una propuesta increíble, y todo ello en mitad del así llamado “proceso soberanista”. Inclasificable, como poco, en esta primera novela de Sergio Gaspar, a la vez sorprendente y muy viva, se entremezclan pinceladas del mundo real, de mundos imaginarios y de otros que quizá pudieron ser, desarmando de un modo u otro tópicos literarios y políticos. Porque el mundo no es lo que parece… y esta novela tampoco.»

Sergio Gaspar (Checa, Guadalajara, 1954), fundador y editor de la prestigiosa DVD ediciones, con más de 200 libros publicados y hoy desgraciadamente desaparecida, ha conseguido con esta novela un debut más que significativo en el panorama literario español.

Novela muy entretenida y sobre todo novela escrita de manera inteligente y ágil. Algo disonante en determinados momentos de la narración, estilo producción de cine independiente de serie B, aspecto más favorable que negativo, que no hará sino enganchar a todo cultureta (o no) con un poquito de “alma” en sus venas…
A mí me ha gustado, me ha gustado mucho…. y eso que empecé con las expectativas muy por los suelos cuando me propusieron valorar este libro, tan poco visado por mí. Lo recomiendo sin duda…

Jesús Cuenca Torres

VIENTO DE TRAMONTANA de Sergio Gaspar / Editorial: EDHASA / Género: Novela / Páginas: 288 / ISBN: 9788435012317 / Año 2014

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Una de pepinos

 

pepinosEl tiempo pasa y pasa y no nos damos cuenta. Ya hace más de tres años de aquel brote letal de ‘E. Coli‘ en Alemania que alegremente se le achacó a los pepinos españoles. ¿Os acordáis?

El fin de semana pasado conocí a Manu, un almeriense que por aquel entonces regentaba una pequeña empresa de distribución de productos hortofrutícolas y al que le sobrevino la ruina al no cobrar cuatro camiones que mandó a Alemania repletos de pepinos; los importadores alegaron sencillamente que ya no querían la mercancía, y Manu ni la pudo colocar en otro mercado de Alemania o Centroeuropa, ni siquiera secundario, ni le salía a cuenta traerla de vuelta a España. Para él no hubo ningún tipo de compensación económica.

Cuando saltó la noticia y se supo que la enfermedad no provenía del pepino español, yo garanticé que nos lo meteríamos casi todos por la glándula pituitaria y aspiraríamos mala leche hasta que nos dejara de sangrar el orgullo, y que nos limitaríamos a pagar el berrinche en el muro del facebook y del twitter, despotricando contra los alemanes y la Alemania federal. A mí me daba que muchas familias estaban más que jodidas con esa salida de tono de la señora ministra de sanidad alemana de nombre tan poco castizo, y creía entonces, tal como creo ahora, que no era suficiente para los agricultores y los comerciantes españoles, ni las disculpas ni los apuros diplomáticos de nuestros ministros. Esperaba que los políticos de este santo país nuestro, España, rearmarían de una puñetera vez sus discursos y demostrarían que los cojones patrios estaban de vuelta y media, y pedirían, ¡exigirían!, una compensación económica para nuestros agricultores y exportadores por todo el mal fario que habían sembrado en los mercados europeos. Y que conste que sé de lo que hablo, durante más de diez años trabajé en una exportadora de pimientos, calabacines y alcachofas, y pude ver en más de una ocasión como nuestros queridos vecinos ricos, los franceses, aprovechaban cualquier rumor para saquear sin compasión a exportadores y como, en un alarde de simbiosis palaciega, estos mismos exportadores saqueados se convertían de pronto en míseros “Harpagones”, el avaro de Moliere, para sus productores, transportistas y trabajadores.

En fin.

Parece mentira, pero todavía, tres años después, con sus veranos, sus otoños, sus inviernos y sus primaveras, hay negocios, personas, familias, que aún sufren las consecuencias de aquella historia de pepinos, bacterias y disculpas insuficientes… o sino que se le pregunten a Manu.

José Antonio Castro Cebrián

Entremés: «La condición humana» de André Malraux

«La callejuela por donde caminaban –la primera de la ciudad china– era, a causa de la proximidad de las casas europeas, la de los comerciantes de animales. Todas las tiendas estaban cerradas: ni un animal fuera, ni un solo grito turbaba el silencio entre las llamadas de las sirenas y las últimas gotas que caían de los cuernos de los tejados en los charcos. Las bestias dormían. Entraron, después de haber llamado, en una de las tiendas: la de un comerciante de peces. Por única luz, una bujía colocada en una guindola se reflejaba en las vasijas fosforescentes, alineadas como las de Alí Baba y donde dormían, invisibles, los ilustres cípridos chinos.

–¿Mañana? –preguntó Kyo.

–Mañana; a la una.

En el fondo de la estancia, detrás de un mostrador, dormía, sobre su codo replegado, un personaje indistinto. Apenas había levantado la cabeza para responder. Aquel almacén era una de las ochenta pertenencias del Kuomintang por las que se transmitían las noticias.

–¿Oficial?

–Sí. El ejército está en Tcheng-Tcheu. Huelga general a las doce.

Sin que nada cambiase en la sombra; sin que el comerciante, adormilado en el fondo de su alvéolo, hiciese un movimiento, la superficie fosforescente de todas las vasijas comenzó a agitarse débilmente: blandas oleadas negras, concéntricas, se levantaban en silencio. El ruido de las voces despertaba a los peces. De nuevo se perdió, a lo lejos, una sirena.

Salieron y reanudaron la marcha. Otra vez por la avenida de las Dos Repúblicas.»

La condición humana («La Condition Humaine», André Malraux, 1933)

André MalrauxAndré Malraux nació en París el 3 de noviembre de 1901, en el seno de una próspera familia burguesa. El pronto abandono del hogar por parte del padre fue un hecho que le marcó para toda la vida, y le influenció de manera evidente en su trayectoria literaria, casi tanto como su experiencia como activista político y antibelicista. Se convirtió pronto en una de las personalidades europeas más combativas de la cultura antifascista, participando como voluntario en la Guerra Civil española, y en la II Guerra Mundial, donde fue capturado por los alemanes. «Los conquistadores» (1928), «La vía real «(1930) y «La condición humana» (Premio Goncourt, 1933), son obras inspiradas en la cultura asiática -aparte de estudiar en la Escuela de Lenguas Orientales de París, estuvo unos años trabajando como arqueólogo en Indochina-, «La época del desprecio» (1935) la creó tras un viaje a la Alemania de Hitler, «La esperanza» (1938), es un retrato de su vida como piloto de un escuadrón republicano… A parte de novelista, y funcionario público francés, Malraux fue un reputado arqueólogo y teórico del arte. Su «Psicología del arte» (1947-1949), se publicó en un solo volumen bajo el título «Las voces del silencio» (1951). «La Metamorfosis de los dioses» (1960) y «El triángulo negro» (1970) también tratan cuestiones referidas al arte. Su última obra fue «La corteza de roble: conversaciones con De Galle» (1972).