Huésped

Huésped - Roberto TeránDicen los que entienden de poesía que España (en particular) no está pasando por un buen momento poético, signifique lo que signifique. Dicen que la literatura ya no se viste de magia ni de versos creados para vivirlos, si no que las librerías están llenas de antologías añejas y ridículas colecciones de desapasionados poemarios.

Yo no soy ningún experto, estudié matemáticas en la Universidad, y me dedico a impartir clases de Física y Química en un instituto de Valencia, pero soy un avizor lector de poesía desde que cumplí los diez años, y tengo ganado (al menos lo pienso) el criterio suficiente para opinar con cierta coherencia sobre lo que es o no es bueno. Bueno para la poesía, quiero dejar claro eso, … para calibrar si una obra es literariamente buena están los críticos de carrera, pero sospecho que este poemario, Huésped, no solo es bueno, es muy bueno,… casi tanto como cuando pasen unos cuantos años.

Huésped es el bautismo literario de Roberto Terán, un gran poeta. No hace mucho, el escritor alicantino José Antonio Castro Cebrián, dijo en un artículo que “Cada poema, cada poesía, cada alma que un poeta regala a los demás, es un trozo de nuestra propia existencia. La creatividad y el amor por sentir, y el altruismo valiente de los poetas, de los de verdad, de los que esculpen cada una de las palabras desde lo más profundo de las cavernas de sus almas, es algo digno de percibir. Pegado. Al lado de ellos.” Yo refrendo sus palabras con este poemario, esta es una obra que acompaña al lector en cada una de las reflexiones del poeta.

Huésped, como nos aclara la editorial, es un recorrido por el mundo interno de Roberto Terán ( Sevilla, 1977), una irónica visión del mundanal existir a veces, y una reflexión constante y única del poeta siempre. Dividido en dos partes diferenciadas, emotivas ambas, el poemario se lee de un tirón la primera vez, pero es necesario de hacerlo más de dos o tres veces para encontrar cada uno de los suspiros y gritos ahogados que Terán intenta desgarrar de su alma. Bello poemario. Bello. Bello.

«QUÉ lejos queda el mundo si lo observas 

a través de una cicatriz

que hace las veces de proyector, filtro, difusor.

He dicho cicatriz,

no herida».

Jesús Cuenca Torres

HUÉSPED de Roberto Terán / Editorial: Serendipia / Género: Poesía / Páginas: 60 / ISBN: 9788493773632 / Año 2012

4

“Personajillo”, mirada al frente. (Y que cada cual le ponga el nombre y los apellidos que quiera.)

la jung22

Cuando nos quejamos de que hay tanto cateto de segunda dirigiendo España, y de que gran parte de nuestra clase política adolece de “funcionaritis” crónica, solemos olvidar que en un sobrio y austero despachito de una ciudad españolísima y europeísima, “ísima” del todo, se sienta, que no preside, uno de los más relevantes y sobrios políticos de nuestro (para él) endiablo y maquiavélico país, el omnipotente y mesiánico “Personajillo”.

El susodicho no sólo disfruta del talante necesario para ser un nuevo Don Quijote sin armadura ni Sancho Panza, si no que posee una gracia especial en sus quehaceres y discursitos gubernamentales que le hace candidato valiosísimo para sacarnos él solito de esta crisis de valores, y meternos en otra mucho más divertida y locuaz. Tiempo al tiempo.

Es secuaz, oportunista, manipulador, soberbio, fanfarrón, apasionado, contumaz y cabezón, como tiene que ser todo mal dirigente y peor cabeza de partido.

Hablar de libertad como lo hace “Personajillo”, con la “libertad” de sentirse oprimido por una parte de su pueblo, los otros andaluces, vascos, gallegos, catalanes, valencianos, asturianos, canarios, murcianos… y españoles que no quieren oír hablar ni de nacionalismos ni de chuflas revolucionarias, por muy pacíficas que sean,  o profetizar que una Europa libre de fronteras será la suma de los pueblos representados y no de los estados, sólo lo puede hacer un “iluminado”, ese personaje pintoresco e histriónico, escogido por la Providencia para asumir la guía de un destino incierto, pero glorioso, cueste lo que cueste.

En realidad yo no creo que este político tenga tanto poder como él mismo quiere hacernos creer. Yo sólo veo a un visionario de tercera, un nadie en Europa con aspiraciones de populismo. Unos más, otros menos, pero la inmensa mayoría de los que pululamos por aquí nos alimentamos de nuestro propio ego, y entiéndase ego como algo intrínseco en el ser humano y totalmente necesario. El problema viene cuando existe un exceso de autoestima. Y “Personajillo” va sobrado de eso. En el marco histórico actual, un exceso así, bien asesorado, nos puede catapultar a todos al ostracismo más exquisito, a nuestra propia huida hacia atrás, a una exclusión voluntaria en el transcurrir de la historia. No recuerdo quien dijo que el individuo, como unidad, era incapaz de formar por sí mismo y en exclusiva un “juicio” válido que sirviera para todos los individuos.

Un “presidente” de todo un retal de electores que es capaz de asegurar que de lo único que tiene ganas es de convivir con el resto de los pueblos de España, que no son sus enemigos esos pueblos, y de que el Estado (traduzco: España) es intolerante, irrespetuoso y miope, es un presidente imprudente y falto de inteligencia, pero con la imprudencia en mayúsculas, puesto que aparta de sí el camino de la cordura y el respeto a todos los que él llama “el resto de los pueblos de España”. Además de ser incapaz de aislar la estupidez de su boca es deficitario en argumentos creíbles.

No hay nada más absurdo que darse cuenta de lo absurdo, que decía mi padre. Cuando alguien se dedica al noble arte de la política basándose única y exclusivamente en sus propias convicciones, el pensamiento lógico que mueve ese conjunto de preceptos y normas para el buen gobierno de sus administrados deja de ser algo coherente, puesto que no hay razón más poderosa que la que no se tiene, o no se conoce, o la que, siendo revelada, ni se escucha ni se valora.

Mirada al frente, oteando con descarada comicidad el horizonte, barbilla alta, aires de apátrida burlesco, y sueños de jefe de Estado. “Personajillo”, lejos de representar a una nación, se representa a sí mismo.

José Antonio Castro Cebrián

Entremés: “Canción de Navidad” de Charles Dickens

«Había rojizas cebollas de España, de rostro moreno y amplio contorno, de gordura reluciente como frailes españoles que, desde los estantes, guiñaban el ojo con irresponsable malicia a las chicas que pasaban y luego elevaban la mirada serena al muérdago colgado. Había peras y manzanas, apiladas en espléndidas pirámides. Había racimos de uvas colgando de ganchos conspicuos por la buena intención de los tenderos, para que a la gente se le hiciera la boca agua, gratis, al pasar; también había pilas de avellanas, marrones, aterciopeladas, con una fragancia que evocaba los paseos por los bosques y el agradable caminar hundido hasta los tobillos entre las hojas secas; había manzanas de Norfolk, regordetas y atezadas, resaltando entre el amarillo de naranjas y limones y, con la gran densidad de sus cuerpos jugosos, pidiendo a gritos que se las llevasen a casa en bolsas de papel para comerlas después de la cena. Hasta los peces dorados y plateados, desde una pecera expuesta entre los exquisitos frutos, y a pesar de pertenecer a una especie sosa y aburrida, parecían saber que algo estaba sucediendo y daban vueltas y más vueltas en su pequeño mundo con la excitación lenta y desapasionada propia de los peces».

Canción de Navidad (A Christmas Carol, Charles Dickens, 1843)

Charles Dickens Foto Jungla

Charles John Huffam Dickens nació en Portsmouth, Inglaterra, el 7 de febrero de 1812 y murió en Gads Hill Place, también en Inglaterra, el 9 de junio de 1870. Fue uno de los novelistas más prestigiosos de la época victoriana y hoy en día es considerado como uno de los más conocidos dentro de la literatura universal. Admirado por sus dosis de ironía y humor, también es reconocido su talento para la descripción y la crítica de la sociedad de su tiempo. Se le conoce por obras tales como: Grandes Esperanzas (Great Expectations, 1861), Historia de dos ciudades (A Tale of Two Cities, 1859), David Copperfield (The Personal History, Adventures, Experience and Observation of David Copperfield the Younger of Blunderstone Rookery [Which He Never Meant to Publish on Any Account], 1850) u Oliver Twist (Oliver Twist: The Parish Boy’s Progress, 1838).

El jilguero

El jilguero - Donna Tartt

Cuando cae en mis manos un libro de tamaño grosor cabe rezar una oración para que sus páginas no se conviertan en una insufrible tortura, porque tengo la fatal manía de acabar todo aquello que empiezo, sobre todo cuando se trata de lecturas. Hay ocasiones en que apenas cincuenta o cien páginas pueden suponer una tarea tediosa, titánica casi, frente a otras en las que unos cuantos cientos no son más que un dulce paseo por las letras y la fantasía. «El jilguero» se encuentra en este segundo grupo y doy mil gracias por ello; no quiero ni imaginar el tremendo esfuerzo con el que habría tenido que lidiar de tener que escalar una montaña tan alta sin el apoyo de un buen equipo. Fuera ya las metáforas facilonas y demás, decir que he acabado encantado esta lectura. Bueno, encantado y al mismo tiempo apenado, ya sabéis, esa dulce agonía del fin de una buena novela que te deja ese regusto amargo, esa necesidad de acabar y, al mismo tiempo, cuando lo haces, de que siga adelante. Eso es lo que me ha sucedido con Donna Tartt y su novela: cuanto más leía, más quería saber y, cuanto más sabía, más temía el final. Pero llega. Y no lo hace en una explosión de clímax repentina y efervescente, sino lánguidamente, apenas como una mera anécdota vital que resta importancia al largo y tortuoso viaje del protagonista. Un desenlace que aparece como una triste victoria que viene a confirmar aquellos versos sobre Ítaca en los que ensalzaban el camino muy por encima de la meta. Eso es «El jilguero», un camino de formación continua, plagado de anécdotas valiosas y, en ocasiones, dolorosas. Pero reales. Así se manifiesta en esta novela de iniciación que, según dicen, tiene mucho de Dickens y que, puedo confirmar, mucho de arte y belleza sutil y, a veces, subliminal. Se me ocurren muchos más puntos fuertes que flojos si me pongo a pensar en la narrativa de esta escritora. Hace unos días oía a la autora decir que había tardado el doble de lo habitual en escribir «El jilguero», que, mientras que para una de sus anteriores novelas había tardado en torno a unos cinco años, a esta le había dedicado la friolera de diez. Y, en ocasiones, mientras se lee la obra, en dos frases uno se da cuenta del tiempo empleado en edificarlas. Porque Donna Tartt es capaz de crear un retrato complejo con esas dos únicas líneas en mitad de un párrafo. En dos frases define un personaje con maestría. Esa habilidad ha sido una de las que me ha enamorado de esta novela. El resto, bueno… Se trata de una novela que te llega, que te atrapa casi desde el principio, marcado por la tragedia; que posee algo de mística y mágica, pero que no desentona con la realidad del mundo que nos envuelve, a veces sórdido y, otras, una imagen contaminada por nuestra propia psique y el entorno. No puedo más que recomendar esta novela. Es larga, sí. Pero merece la pena. A mí, al menos, me lo parece. En esta ocasión me dejé llevar por uno de los comentarios que hacía a modo de crítica uno de los escritores que me gustan (le pese a quien le pese). Stephen King decía en The New York Times (cuyas críticas no siempre aciertan con mis gustos personales, sino todo lo contrario) que «El jilguero es una de esas rarezas que aparecen pocas veces, una novela literaria escrita con audacia, que conecta con las emociones del lector. Un triunfo.» y no sé si lo expresaría del mismo modo, pero sí que es cierto que algo de lo que King dice tiene. Hay muchas más críticas favorables, así que permitidme que la mía se sume a ellas. Siempre desde el cómodo asiento del humilde lector sin más pretensiones que las de divertirse con la lectura de una buena obra. Y, sin embargo, con la ambición presente de adquirir siquiera una capacidad de transmitir tan singular como la de esta autora. Bravo por ella. Me encantó.

Víctor Morata Cortado

EL JILGUERO de Donna Tartt / Título original: THE GOLDFINCH / Traducción: Aurora Echevarría / Editorial: Lumen / Género: Narrativa / Páginas: 1152 / ISBN: 9788426422439 / Año 2014

5