17 de julio de 2024

Against Time, 1989. Pastel on paper

Al contemplar esta obra, uno descubre que el artista, a través de su retrato, ha estado «espiándote» desde el mismo momento en que entraste en la sala. Al percatarte de esto, te enfrentas a la mirada fija de Francesco Clemente, lo que te obliga a sostenerle la mirada, en un juego de complacencia e incomodidad. Es una obra intrigante que invita al espectador a reflexionar sobre la relación entre el individuo y el cosmos. Enmarcado en tonos pasteles suaves, la composición centraliza la figura del pintor con una mirada penetrante y seria, cuyo rostro parece estar inmerso en profundos pensamientos. El fondo y el contorno del cuadro está meticulosamente bombardeado con estrellas de cinco puntas en tonos grises y ocres, creando un halo de misterio y serenidad. Estas estrellas sugieren un vínculo entre el hombre y el universo, quizás aludiendo a su contemplación del cosmos y su lugar en él. Dos elementos ovalados destacan en la composición: uno posicionado en la zona que correspondería al pecho del hombre, dividido en una mitad amarilla reminiscente de la arena y otra azul que evoca el cielo. Un reloj de arena. Esta división cromática podría simbolizar la dualidad de la existencia humana entre la tierra y el cielo, o tal vez las aspiraciones terrenales frente a las celestiales. El segundo óvalo, ubicado sobre la cabeza del hombre, exhibe los mismos tonos de amarillo y azul, sugiriendo en este caso una conexión directa entre sus pensamientos y la vastedad del universo que contempla. Esta representación visual refuerza la idea de introspección profunda y búsqueda espiritual que el artista intenta transmitir. El reloj de arena enfatiza la lucha encarnizada contra el tiempo de todo lo mundano. Las estrellas como elemento simbólico suscita una sensación de trascendencia y conexión con lo desconocido. A través de su simplicidad estética y su profundidad simbólica, el cuadro perdura en la mente del observador como un recordatorio de nuestra búsqueda constante de significado en el vasto cosmos que habitamos.

Fotografía: Sally Larsen

Cuando a principios de los años ochenta del siglo pasado una amiga me invitó a acompañarla a Roma para asistir a la inauguración de una exposición sobre la «transvanguardia» italiana, no podía imaginar el impacto que un cuadro de esa muestra tendría en mí. Entre los presentes en la inauguración estaba Francesco Clemente (Nápoles, Italia, 1952), un joven artista napolitano con una copa en la mano y una mirada desafiante. Clemente era conocido por su manera peculiar de transmitir su arte a través de símbolos, mezclando figuras de animales con objetos inanimados. Estas figuras, aunque salpimentaban todo el lienzo, mantenían una identidad y coherencia propia dentro del desarrollo alegórico y figurativo de su obra en su conjunto. «Contra el tiempo» se erige como un claro ejemplo del resurgimiento de la pintura figurativa, oponiéndose al expresionismo abstracto que dominaba el escenario artístico europeo y mundial a finales de los años setenta.

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