Las mujeres de Paul Delvaux

Desde ayer en Madrid y hasta el 7 de junio, en las salas del museo Thyssen-Bornemisza, se expone una antológica representación de la obra de Paul Delvaux (Antheit, Bégica, 1897 – Veurne, Bélgica, 1994). La exposición, de nombre Paseo por el amor y la muerte, la componen cincuenta y tres pinturas, donde lo onírico y lo erótico se conjugan en un mundo surrealista, todo ello gravado de connotaciones poéticas.

Tres son los temas principales, más recurrentes en la obra del artista: las parejas de mujeres (casi siempre lesbianas), los trenes y los esqueletos. Yo me voy a limitar al tema de las mujeres…

Mujeres de vida galante (Paul Delvaux, 1962)
Mujeres de vida galante (Paul Delvaux, 1962)

En sus lienzos se percibe la perturbada mente del artista, perturbada en el sentido desosegado de la palabra: no hay contacto entre dos personajes de distinto sexo en sus escenas imposibles; en sus cuadros predominan las dobles figuras del mismo sexo; los espejos; las hipnóticas miradas… Sin ser un entendido en su pintura, ni conocer su biografía al detalle, aún puede uno intuir que la vida del pintor, la vida amorosa, la relación suya con las mujeres, fue desgraciada.

Noche de paz (Paul Delvaux, 1962)
Noche de paz (Paul Delvaux, 1962)

Lo ilógico, lo extraño, lo representado. Sus obras más reconocidas comprenden a mujeres desnudas, extrañas mujeres que parecen hipnotizadas o sonámbulas, también los esqueletos, las estaciones y la arquitectura clásica son esenciales en la iconografía del belga.

La llamada (Paul Delvaux, 1944)
La llamada (Paul Delvaux, 1944)
Sueño (Paul Delvaux, 1935)
Sueño (Paul Delvaux, 1935)
Pygmalion (Paul Delvaux, 1939)
Pygmalion (Paul Delvaux, 1939)
Mujer ante el espejo (Paul Delvaux, 1936)
Mujer ante el espejo (Paul Delvaux, 1936)

Es éste un artista que volcó las vivencias de una manera fehaciente en su arte. Fue capaz de desarrollar un surrealismo evolucionista a lo largo de su vida, pintó cuadros cargados de misterio, escenas que aparentemente (y digo bien, aparentemente) no guardaban relación entre lo absurdo y lo lírico, o entre lo asexual y lo sensual. Gracias a la ubicuidad del artista, de sus vivencias, y sobre todo a su linealidad estilística, Paul Delvaux consiguió hacerse un hueco en el Olimpo de los Genios.

De Cebrián e Illescas

Kees van Dongen

Cornelis Théodorus Marie van Dongen (Róterdam, Holanda, 1877 - Mónaco, 1968)
Cornelis Théodorus Marie van Dongen (Róterdam, Holanda, 1877 – Mónaco, 1968)

En 1905, en una de las numerosas exposiciones de pintura que se organizaban en la capital francesa, se incluyó en el Salón de Otoño de París una sala repleta de resplandecientes oleos cargados de colores puros y en sumo grado contrastantes.

Amapola de maíz (Kees van Dongen, 1919)
Amapola de maíz (Kees van Dongen, 1919)

Estas obras parecían modeladas con un gran entusiasmo y una pasión desmedida. Uno de los más influyentes críticos de arte de la época, Louis Vauxcelles, al ver estas pinturas, no dudó en apodar a sus creadores como les fauves, “bestias salvajes”; el título se les quedó para siempre, y el ismo se desarrolló desde aquel mismo momento.Este “salvajismo” se manifestaba con pinceladas dinámicas, colores vivos y penetrantes y una precisa profundidad en las pinturas, capaces de evocar un mundo fantástico a quien las contemplara, libre y alegre de exaltada emoción y exuberante color. Estos vanguardistas de principio del siglo XX rompieron con la pintura académica y fueron el centro de la creación y experimentación en el arte contemporáneo, siendo coetáneos con otros movimientos de igual importancia para la cultura. Lo que quizá le daba más entidad al fauvismo, en comparación a otras doctrinas o corrientes artísticas, fue la nueva actitud del artista frente a la realidad. La propia filosofía imperante empujaba al artista a la experimentación, a la evolución desde el impresionismo y el postimpresionismo de finales del siglo XIX, teniendo como premisa principal el rechazo a lo obsoleto; los adelantos técnicos, el progreso, la innovación, eso era lo moderno.

Modesjesko, cantante soprano (Kees Van Dongen, 1907)
Modesjesko, cantante soprano (Kees Van Dongen, 1907)

Quizá de los que cultivaron el fauvismo el más conocido es el precursor de este movimiento, Henri Matisse, pero si yo tuviera que elegir a uno como el más representativo de todos, escogería a Cornelis Théodorus Marie van Dongen (Róterdam, Holanda, 1877 – Mónaco, 1968), más conocido como Kees van Dongen. Holandés de nacimiento, este pintor se estableció en París y adoptó la nacionalidad francesa en 1929.

A lo largo de su vida participó en varias corrientes artísticas, entre ellas el fauvismo y el impresionismo, tal y como se advierte en su uso enérgico del color puro. Van Dongen fue un joven dotado de talento precoz, al que le llegó el éxito muy pronto, eso le permitió llevar una vida extravagante a partir de los treinta años. Fue capaz de ilustrar como nadie la degeneración de la burguesía parisina con cuadros rebosantes de color y aparente contento, un tema recurrente suyo también fue la prostitución, vista siempre desde la perspectiva de las prostitutas, las cortesanas y su ambiente.Hay quienes piensan que el artista desperdició su gran talento cuando comenzó a pintar retratos de personajes femeninos de moda, obras de su catálogo que no tardaron en pasar desapercibidas. 

Retrato de Dolly (Kees van Dongen, 1911)
Retrato de Dolly (Kees van Dongen, 1911)

Pero lo que nadie puede poner en duda es que era un maestro del color, como queda demostrado en el retrato que le hizo a su hija Dolly. La niña está plasmada en el lienzo con superficies lisas y decorativas de intenso colorido, los delicados tonos verdes que utiliza para construir el rostro y los ojos rasgados y ennegrecidos y los rojos labios a juego con la cinta que asoma por debajo del sombrero, evocan sensualidad y un estilo exótico muy bello.

De Cebrián e Illescas

 

Antonello da Messina, la luz y la claridad

Retrato de un hombre, posible autorretrato (1475, Antonello da Messina)
Retrato de un hombre, posible autorretrato (1475, Antonello da Messina)

Entre mil cuatrocientos setenta y cinco y mil cuatrocientos setenta y seis un pintor italiano llamado Antonello di Giovanni d’Antonio causó en Venecia un verdadero revuelo entre sus coetáneos al presentar una innovadora técnica para pintar al óleo. La luz y la claridad en la atmósfera adquirían de pronto una importancia vital, una importancia cualitativamente igual de significativa que la que tenía la geometría monumental y la perspectiva. Este importante y destacado pintor, más conocido como Antonello da Messina. (Mesina, Italia, 1430-1479) supo desgranar la sensibilidad de un mundo obcecado con la moralidad y la atemporalidad de los claros oscuros que la poca perspectiva en la pintura de la época daban a la realidad. Las figuras en el lienzo quedan ya integradas en una realidad, espacial y racional, siendo la luz la que unifica las escenas y traza con precisión todos los detalles que las ocupa.

San Jerónimo en su estudio (1475-1476, Antonello da Messina)
San Jerónimo en su estudio (1475-1476, Antonello da Messina)

En este cuadro, “San Jerónimo en su estudio”, vemos a San Jerónimo leyendo a través de una ventana abierta, abstraído quizá por las Sagradas Escrituras. De todos los personajes el único que parece querer escapar del ensimismamiento es el león que, a la derecha del cuadro y apenas cubierto por las sombras, detiene sus pasos para asomarse al mundo exterior. Los objetos de los estantes, las baldosas del suelo, la luz, o las aves sobre el alféizar nos dan pistas sobre la influencia que tuvo la escuela flamenca en la pintura del artista italiano. Su intenso realismo, comparable al que prodigaba Robert Campin o Jan van Eyck, no es una prueba fehaciente de que Antonello exportara a Italia las técnicas de los maestros flamencos, o de que la aprendiera del propio Jan van Eyck; son muchos los expertos sobre su obra los que sostienen que Antonello jamás salió de Italia, y de que fueron artistas flamencos que ya vivían y trabajaban en Milán los que influenciaron en la obra del maestro italiano.

De Cebrián e Illescas

Ciento cuatro sábados de asueto en Nueva York

Lo que siempre me ha sorprendido de Nueva York ha sido su capacidad para la reinvención.

Carteles funciones de Broadway Nueva York
Una pequeña parte de la oferta musical de Broadway

Cuando vivía allí, los sábados era el día en el que visitaba un museo, una exposición en alguna galería de arte, o recalaba por los alrededores de Times Square, saltando de marquesina en marquesina en la Avenida de Broadway, una de las avenidas más conocidas de la ciudad, para ver in situ que obras de teatro, musicales, óperas, etc., se cocinaban en la Gran Manzana en ese fin de semana en concreto. Residí en Nueva York dos años, exactos, y si hacemos la cuenta de la vieja, significa que tuve la suerte de disfrutar unos ciento cuatro sábados en la ciudad de los rascacielos, más o menos. Pues bien… quizá las cifras no sean exactas pero sí muy aproximadas…, estoy totalmente convencido de que no repetí ni una sola vez exposición o espectáculo en esos ciento cuatro sábados.

Cuadro de La Grenouillère de Claude Monet en el Museo Metropolitano de Nueva York
Cuadro «La Grenouillère» de Claude Monet en el Museo Metropolitano de Nueva York

Todo el mundo conoce la terna de museos de Nueva York: el MoMA, el Metropolitan y el Guggenheim.  El MoMA, Museo de Arte Moderno de Nueva York, es el centro de arte moderno más prestigioso e importante del mundo; allí descansan obras universales de Picasso o Van Gogh, entre otros muchos, y continuamente acoge interesantes exposiciones de otros genios de la pintura, escultura o arquitectura, vivos o muertos. En el Metropolitan se albergan verdaderos tesoros de las culturas clásicas, destacando la zona dedicada a los romanos y egipcios, amén también de disponer de numerosas pinturas de artistas de la talla de Monet o Rembrandt. Y dentro de las paredes del Museo Guggenheim (ya el mismo edificio es una obra de arte) nos encontrarnos con una colección de obras impresionantes, obras de autores como Mondrian, Picasso, Van Gogh, Manet o Chagall…

MOMA Pablo Picasso Les Demoiselles d'Avignon
Cuadro «Les Demoiselles d’Avignon» de Pablo Picasso en el MoMA de Nueva York

Sólo con visitar estos tres museos, a conciencia, tendríamos para ocupar los ciento cuatro sábados de asueto… Pero Nueva York es la capital de arte del mundo, y en sus entrañas conviven más de mil galerías de arte.

Tableau No. 2:Composition No. VII de Piet Mondrian en el Guggenheim de Nueva York
«Tableau No. 2:Composition No. VII» de Piet Mondrian en una de las exposiciones del museo Guggenheim de Nueva York

Barrios enteros se han convertido en referencia obligada para los amantes de la cultura fuera de lo convencional, como el de Bushwick, en el norte de Brooklyn, donde se dan cita y conviven cientos de artistas, o el de Chelsea, el distrito más importante de la ciudad con más de quinientas galerías de arte, convertido en un centro global y mundial del arte contemporáneo y de la nueva arquitectura, o el distrito de Meatpacking, antigua zona destinada al tratamiento y distribución de carne, reconvertida en el barrio de referencia de los coleccionistas de arte y diseñadores de fama internacional…

De Cebrián e Illescas