Matar a la bestia

MATAR A LA BESTIA. HISTORIA SECRETA DE LA GUERRA CIVIL de VV.AA. / Editorial: La Felguera / Colección: Memorias del subsuelo / Género: Ensayo / 528 páginas / ISBN: 9788412466959 / 2022

Un libro vaciado de prejuicios. Un libro impactante. Un libro necesario. Una antología ni verdadera, ni falsa, ni justa, ni injusta, ni parcial, ni imparcial. Una antología única, irrepetible, necesaria. Una antología sellada con la realidad de una cruenta guerra.
Felguera es una editorial monocorde, no se sale de su linea ni un sólo milímetro. Bravo. Es capaz de sorprender, incluso cuando la sorpresa ya está desvelada. Matar a la bestia es una gran antología, es un libro irrepetible, está creado para ser devorado, para ser disfrutado una y otra vez.
Ya está. Me voy a limitar a hacer algo que nunca he hecho antes (en mis más de quinientas reseñas de libros en diferentes medios), va a ser la propia editorial quien hable por mí. Sin más.
Corroboro hasta la última letra de lo que Felguera dice sobre Matar a la bestia:

“Esta es la guerra que jamás te contaron, una en donde las grandes historias dan paso a aquellas otras protagonizadas por los sin nombre. Singulares, extraordinarias y, en gran medida, desconocidas, que reflejan la movilización total y la generosidad. Batallones de la Muerte —anarquistas con huesos y calaveras y hasta cuchillos, imitando a los arditi italianos— o Legionarios de la Muerte que marcharon contra los otros, los preparadísimos legionarios del «¡Viva la muerte!». En los primeros meses de guerra, la llamada a las armas fue prácticamente total. Jinetes armados, trenes de «agitación», blindados caseros, gudaris, dinamiteras, dirigibles ardiendo en la Casa de Campo, milicias de mujeres e incluso empleadas de una perfumería empuñaron las armas y se pusieron el ya famoso mono de obrero.
No hubo sector que no crease su particular imaginario antifascista: matarifes, peluqueros o toreros, entre muchos otros, crearon sus propios grupos armados, sin experiencia militar previa, mientras los cabarets sicalípticos seguían abiertos a pesar de los bombardeos y la moralina republicana. Podías ir al cine Durruti y pasear por la avenida de Rusia o la calle Mateo Morral. Contra tropas africanas, italianas o alemanas, armas caseras, arte surgido entre los escombros, revistas de agitación, Escuelas de Chóferes de Mujeres Libres, «brujas» y ciclistas antifascistas.
Todo eso está en este libro, una gran antología ilustrada, guerrera y emocionante de Agente Provocador, que es deliberadamente parcial: recoge solamente la memoria de los nuestros, esa que hay que cuidar y preservar para precisamente no olvidar. Así es: no olvidarlos a ellos y ellas, héroes y heroínas casi siempre anónimos que sufrieron un golpismo bárbaro dirigido contra el mismo pueblo, con su consiguiente guerra, y que los marcó —y, de paso, también a nosotros, depositarios de una memoria frágil— y envió al exilio o bien acabaron en cunetas aun hoy sin exhumar.”

Jesús Cuenca Torres

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