Entrevista a Víctor Morata, autor de «Siervos de la Guadaña»

Hoy nos visita en la Jungla el escritor Víctor Morata ( web del autor aquí) para presentarnos su última novela publicada Siervos de la Guadaña.

Su última obra es una historia repleta de misterio, de estampas terroríficas, de incertidumbres vitales, ¿a quién no recomendaría leer su novela?, ¿es apta para todos los públicos, para todas las sensibilidades?

Bueno, imagino que no la recomendaría a los niños. De eso estoy seguro. Más allá de los 14 o 16 años quizá tenga cabida y pueda dar lugar a diversas interpretaciones. Pienso que, a pesar de ello, es una novela muy apta para un amplio abanico de edades e intereses y, bueno, es muy probable que hiera la sensibilidad de algunas personas, pero eso solamente significará que he hecho bien mi trabajo.

¿Qué argumento utilizaría para convencer a nuevos lectores que no le conozcan de la necesidad de leer `Siervos de la Guadaña´ ?

No creo en la necesidad de convencer. Durante parte de mi vida trabajé como comercial y trataba de convencer a puerta fría de que me escucharan y, por supuesto, acabasen comprando aquello que vendía. Es importante creer en lo que se vende. Entonces había ocasiones en que me costaba creer en el producto. Con «Siervos de la Guadaña» tengo plena confianza. Puede que guste o no, pero yo estoy muy satisfecho con el resultado y creo que eso ya dice mucho de una obra, el grado de satisfacción que el autor muestra sobre la misma. Pienso que esa seguridad imbuye mucho ánimo al futuro lector y que, si yo la disfruté al escribirla y me atreví a ofrecerla, a desnudarme ante los nuevos lectores, puede que merezca la pena acercarse a sus páginas, aunque sea solamente para ver de donde nace ese orgullo como progenitor. Así y todo, no es una novela de género puro ni se apoya en la tradición de los clásicos, es, como me gusta decir de mis obras, algo más.

Cuando una novela, una obra literaria en general, me atrapa como lo ha hecho la suya, muchas veces me pregunto por el origen de esa historia, por el germen que hizo que el autor creara esa y no otra historia totalmente distinta. Cuéntenos, en su caso ¿cómo surgió la idea primigenia de `Siervos de la Guadaña´ ?, si es que la hubo…

Es algo que yo mismo me pregunto a menudo sobre las obras de otros autores. Es curioso como funciona el mundo de las ideas y como estas se expanden a partir de una semilla en apariencia insustancial, ínfima. Nada es vano. De eso estoy seguro. Todo lo que nos sucede es captado por nuestro inconsciente y lo almacena en nuestro cerebro, a veces a mano y a plena luz del día y otras en cuartos oscuros bajo siete llaves y doce candados. El germen de «Siervos de la Guadaña» fue una conversación con mi buen amigo Leo Jul. Él es compositor y tenemos aficiones y gustos comunes. Solemos hablar al menos una vez por semana. A veces de cualquier cosa. En una de esas conversaciones salió el tema de los videojuegos de antaño, no los más modernos, sino aquellos que era más común jugar en el pc. Me habló de uno que se llamaba Grim Fandango (he tenido que buscarlo porque, por alguna extraña razón, siempre acude a mi mente como Pink Flamingo) y que tenía que ver con alguien que era condenado al infierno y tenía que hacer trabajitos para sumar puntos. Me llamó mucho la atención el argumento y todo lo que implicaba. En cualquier caso, no puedo contar más sin hacer spoiler, así que…

Sin querer revelar nada de la trama ni del argumento, tengo que admitir que al principio estuve totalmente “engañado”, cuando la historia sigue el ritmo normal de una novela negra, y me encontré a un peculiar policía enfrentándose, aparentemente, a un psicópata sin escrúpulos; llega un momento en el que la historia da un giro muy sutil, casi insustancial, y uno, como lector, puede llegar a intuir como evolucionará la historia, como terminará todo, pero nada más lejos de la realidad, en `Siervos de la Guadaña´ la incertidumbre se mantiene intacta hasta el final. En el transcurso de la novela, hay momentos en los que se piensa que tras los crímenes se esconde un sólo hombre, en otros que es una secta la que está detrás de todo, y en otros que es algo sobrenatural lo que mueve los hilos. Hacer que la tensión narrativa perduré durante prácticamente toda la historia es algo muy muy difícil. ¿Cómo se consigue eso?

Bueno, yo no sé si lo he conseguido del todo y con todos. Imagino que dependerá de cada lector, pero la intención era esa desde el principio. Hay que medir muy bien los tiempos y establecer un crescendo adecuado, aportar lo justo y necesario y darle al lector aquello que precisa para que quiera seguir leyendo. Uno, como escritor, ha de empatizar y ponerse en su piel, pensar como lo haría él y querer lo mismo que, como lector, querría o haría que no perdiese la atención. Así y todo, es muy subjetivo, porque cada cual tiene sus gustos y opiniones y el curso de esta historia únicamente atiende a los míos. Para mí ha sido un reto en muchos sentidos, no solo en lo que concierne al ritmo y el suspense, sino en lo que atañe al estilo narrativo y se puede apreciar que uso un lenguaje sencillo y directo, sin palabras demasiado ampulosas. Quizá eso también influya a no sacar abruptamente de la historia al lector. No es nada agradable tener que detenerse para buscar un diccionario. No forma parte del trato de diversión y entretenimiento.

El hecho de que la ciudad donde está ambientada `Siervos de la Guadaña´ , Corralas de San Juan, sea una un lugar ficticio, ¿responde esto a algún motivo en particular o simplemente es un recurso narrativo más?

Según se mire podría contestarte una cosa u otra. En efecto, como recurso narrativo es muy válido porque me permite expandir la mente del lector hacia terrenos ya sembrados y que conoce. Las diferencias y similitudes con los entornos que el lector conoce, facilita a la mente el contexto sin dar más detalles que los suficientes y eso allana el camino entre narrador y lector y hace que la historia llegue sin demasiados obstáculos. Además, a mí me sirve porque se encuadra dentro de mi universo particular y me da la libertad necesaria para obrar a mi antojo y conectar unas obras con otras. Para Corralas de San Juan esta es su primera aparición, pero hay otros lugares ficticios que también aparecen en la novela (de hecho, casi todos lo son) que tienen su propio escenario en otras creaciones mías como Óleos del Mar o Crujío. No hay nada al azar. O casi nada. Porque a veces uno, como escritor, aunque lo tenga todo más o menos planificado, encuentra que la historia pide caminos que no se contemplaban en un principio.

De todos los personajes, el principal es sin duda el inspector Eladio Jones, un policía peculiar en muchos aspectos, y que tiene una personalidad en cierta medida perturbadora. Me gustaría saber cual es el proceso que ha seguido para estructurar un personaje tan complejo y tan natural al mismo tiempo, sin caer en ningún momento en los tipismos esperados del “poli” atormentado, ¿se ha inspirado en alguien en concreto?, ¿es fruto única y exclusivamente de su imaginación?, ¿volveremos a verlo en otra novela suya?

Nada sale de la nada, creo yo. Otra cosa es ser capaz de identificar los elementos concretos que obran de padres de una creación. Yo sabía desde el principio el tipo de persona que quería protagonizara mi novela. Sobre todo la psicología, porque su fisonomía va un poco de la mano de esta y es más una consecuencia que una razón de ser. Quizá, por eso que dicen por ahí, tomé un poco de mí y también otro poco de cada una de las personas que conozco. Quizá rebusqué en mis miserias y tiré de miedos que tengo muy arraigados y arrastro desde mi juventud. Sea como sea, ha nacido de mi mente de esta forma y así ha crecido en las páginas de la novela. Él es uno de esos caminos que a veces se tuercen sin que te des cuenta o toma direcciones que no esperabas. Con respecto a si lo veremos en otra novela. Podría ser. Aunque no me gusta volver a caminos ya explorados, no lo descarto del todo, porque pienso que aún hay mucho que se podría contar, pero el tiempo lo dirá.

La portada de su libro es IMPRESIONANTE, ¿nos podrías contar algo sobre ella?

Cuando empecé a pensar en el diseño de la portada tenía más o menos claro lo que quería, pero era consciente de la dificultad que entrañaba encontrar un artista que pudiese llevarlo a cabo. Por suerte, el destino me puso delante a Fátima Ruiz y no hay un día que no agradezca este encuentro porque fue providencial. Si bien es cierto que la idea que tenía en mente no es exactamente la que ha acabado siendo, estoy muy satisfecho con el resultado, porque es, como apuntas, impresionante. El uso de las luces, los colores, el modo en que Fátima ha modificado la imagen para darle ese aspecto esperpéntico. Es brutal. Además es una portada a la que le tengo especial cariño porque quien posa para la foto no es otro que mi padre, que se prestó a ello sin reparos. Yo mismo no podría haberlo hecho y estoy muy orgulloso de que él haya accedido. Yo me digo un poco de broma que, si no te gusta el contenido del libro, al menos no quedarás defraudado con el continente, porque es una auténtica obra de arte.

¿Cómo es su rutina a la hora de escribir?

Mi rutina suele ser siempre la misma desde hace años. La mayoría de mis horas de trabajo son matutinas, pero cada vez le robo más tiempo a la tarde. Eso sí, tengo que ir robándole minutos al día porque trabajo en casa y tengo que compaginar la escritura con cocinar, poner lavadoras y tender la ropa, limpiar… A veces se hace complicado, pero puedo dar gracias porque hay muchísimos artistas que no pueden permitirse dedicarse tan de lleno a su arte. En cuanto al modo en que me enfrento a cada nuevo proyecto suelo hacerlo por etapas. Antes era un escritor más de brújula, pero me he convertido en un escritor de mapa total. Parto de una idea general que escribo en un párrafo de media página o poco más. Luego la desarrollo en un boceto mucho más amplio, quizá de varias páginas. A partir de ahí, si veo que me cuadra, disecciono el boceto y escribo una escaleta con el boceto de todos los capítulos, pero solo una frase o un párrafo corto. En la siguiente fase desarrollo el boceto de cada capítulo hasta tener todos los detalles necesarios y precisos. Entonces es el momento de escribir. Sin censura. Sin parar demasiado, ya que, cuando acabe con el proceso de escritura, toca corregir y reescribir. Una o varias veces. Las que sean necesarias hasta que quede conforme. Después, tengo la suerte de contar con algunos lectores cero a los que paso la obra y me dan sus valoraciones. Muchas de ellas me ayudan a ver mis errores o a potenciar ciertos aspectos de la obra, pero, sobre todo, me ayudan a entender el modo en que llegan al lector mis palabras y comprobar cómo de eficiente ha sido la comunicación. A veces uno quiere exponer algún tipo de dilema o reflexión y saber si ha llegado al lector es importante para afinar la puntería. Poco más hay que pueda decir sobre mi rutina de trabajo. Eso sí, todos o casi todos los días, me tengo que sentar a escribir.

¿Qué libro le hubiera gustado escribir, y por qué?

Pues no me he parado a pensarlo, pero creo que me encantaría haber escrito «American Gods» de Neil Gaiman. Me parece una novela maravillosa, con unos personajes y una historia asombrosos, además de un trasfondo mitológico que me fascina. Otra de Neil Gaiman que me hubiera gustado escribir es «El libro del cementerio». Me encanta cómo escribe Gaiman. De todos modos, no sería justo ceñirme a un único autor o libro. Aunque no es mi libro favorito, me hubiera encantado escribir «It» de Stephen King, sobre todo por el desarrollo de los personajes y, aunque la estructura no es del agrado de todos, también por el modo en que ofrece la historia. Además de la originalidad de la misma, claro. Si hay algo que valoro en la mayoría de los autores que admiro es la originalidad creativa sin cortapisas. Me gusta que rompen esa barrera invisible que imponen la sociedad y las modas. Si nos vamos a un género menos fantástico, sin duda me habría gustado escribir «El jilguero» de Donna Tartt, porque me parece una novela soberbia de principio a fin, tanto en sus descripciones como en su prosa. Es una maravilla.

¿Tiene autores de cabecera?

Bueno, tengo muchos autores que me encantan: Neil Gaiman, Clive Barker, Donna Tartt, Orson Scott Card, Carlos Ruiz Zafón, Poe, Lovecraft… pero, sobre todo, Stephen King. Lo mío con el Rey del Terror fue amor a primera vista. Él es el responsable de que yo haya cruzado esa cuarta pared y me haya puesto a escribir y siempre que me encuentro en una crisis lectora o bajo de ánimos me cojo un libro suyo. Es algo casi mágico. No me funciona siempre, sobre todo últimamente, pero sí la mayoría de las veces y es una sensación muy de agradecer. Todos los años intento leer dos o tres libros de él para mantener ese humor alto y no perder el norte.

¿Algún proyecto en el que esté trabajando ahora mismo y del que pueda hablarnos?

Proyectos siempre hay varios en mente, pero abiertos apenas hay unos pocos. Hay ideas por desarrollar y otras en proceso de bocetado, pero nada en lo que haya decidido embarcarme aún. Tengo por escribir la tercera parte de una trilogía, pero supone un empleo de energía tan alto que no siento que aún esté preparado para dedicarme a ella. Mientras tanto, me seduce la idea de escribir una novela sobre viajes en el tiempo que tengo en mente y en proceso de desarrollo. También quiero darle un revisionado a una de mis anteriores novelas de corte más juvenil para darle un enfoque ligeramente distinto y mejorar el estilo. De todos modos, tengo el cajón lleno de novelas y relatos que quizá no vean nunca la luz, pero nunca se sabe.

Para terminar, y como siempre nos gusta hacerlo aquí en la Jungla de las Letras, háblenos un poco de usted, ¿cómo se describe como escritor y como persona?

Me gusta pensar que soy una buena persona o que, al menos, trabajo para serlo. Es no quita que tenga mis arrebatos y que, a veces, mande a la mierda a quien lo merece, pero ya me tienen que tocar mucho las narices. Es algo más de estos últimos años. Antes soportaba más los golpes en silencio, pero eso se acabó y ahora no paso ni una. Como escritor me veo siempre en un continuo aprendizaje. Me gusta experimentar y explorar nuevos terrenos. Me gusta jugar con el lector y dar rienda suelta a mi creatividad, dejar volar mi imaginación. No me gusta que coarten mis ideas, pero admito aquellas sugerencias que puedan ayudarme a mejorar mis obras y estimulen mi crecimiento como escritor. Suelo ser un escritor constante, comprometido con mi oficio, pero también un tanto inseguro a la hora de mostrar mi obra. Soy tímido e introvertido y, por eso mismo, no dejo de desafiarme a mí mismo saliendo de mi zona de confort siempre que puedo. A aquello que más temo, con más premura me enfrento. Si tengo miedo de hablar, hablo el primero. Si me asusta dar un paso al frente, doy tres por si acaso.

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