Entrevista a José Antonio Fideu, autor de «Los dioses muertos. Canto de Prometeo»

Hoy nos visita en la Jungla el escritor José Antonio Fideu Martínez ( web del autor aquí), premio Minotauro de Novela fantástica de 2016, para presentarnos su última novela publicada Los dioses muertos -Canto de Prometeo-.

Siempre que entrevistamos a un escritor en la Jungla, la primera pregunta es obligada, ¿qué encontrará el lector que se adentre en Canto de Prometeo, Los Dioses Muertos?
Bueno, Los dioses muertos es muchas cosas, o al menos eso me gusta pensar.
En primer lugar, intento que todos mis libros ofrezcan diversión, me horroriza lo de aburrir a la gente. Procuro sorprender y ser dinámico siempre. Pero a la vez intento que contengan algo más que simple entretenimiento. El acto de escribir tiene sentido para mí entendiéndolo en primer lugar como un placer personal, y no lo sería si no me ayudara a reflexionar y a criticar la realidad en la que vivo.
Así que el lector que se acerque a Los dioses muertos va a encontrar una aventura ambientada en una Grecia muy parecida a la de la mitología clásica, una especie de distopía en la que los dioses del Olimpo han conseguido, con sus poderes, llevar a los hombres a un estadio de civilización muy avanzado, pero en el que se exige una total adhesión a su causa, una fe inquebrantable sin posibilidad de la más mínima disidencia. En ese escenario aparecerán los héroes, hombres ordinarios que gracias a su servicio a los dioses consiguen dones que los convierten en ídolos de masas y en privilegiados seres superiores. La novela es, en su primera parte, el relato del ascenso de Prometeo, protegido de Atenea. A su lado conoceremos la guerra (paradójicamente una constante en esta Grecia idílica), conoceremos el amor, a multitud de personajes y, sobre todo, la vida en las polis… Y a su lado comenzaremos a dudar de la bondad de estos dioses y a sospechar que nada es como se nos quiere hacer creer.
Los dioses muertos es un libro dividido en dos partes (Mythos y Logos) y al transitar el ecuador de la historia (no me gustaría revelar demasiado) la trama gira bruscamente hacia otros derroteros. La biografía de Prometeo se convierte entonces en una historia trágica de venganza, de búsqueda de la verdad y de lucha por la libertad, en la que las mentiras salen a la luz, y en la que ya no cabe esa fantasía clásica a la que me refería antes, sino que nos metemos de lleno en el terreno de la ciencia-ficción más pura. Todo lo que es magia en la primera mitad, resulta ciencia en la segunda.
En definitiva, se trata de una historia de aventuras con dos caras, plagada de giros sorprendentes, de batallas, de amor y odio, en la que pretendo valerme del sentido de la maravilla y de la imaginación para reflexionar sobre los falsos dioses que nos rodean, sobre las mentiras de la vida y los sacrificios personales que hay que acometer para mantener la integridad.

Cuéntenos el origen de la novela, cómo surgió Los Dioses Muertos, ¿por qué mitología?
Bueno, la verdad es que la mitología ha estado siempre muy presente en mi vida. Mi padre, que era maestro como yo, era un hombre muy culto, lector voraz, y recuerdo que cuando era niño, en vez de contarme como a otros críos los cuentos de Caperucita o Blancanieves, me contaba las aventuras de Ulises. La Odisea, nada más y nada menos. Era un gran narrador, aunque nunca escribiera un libro, y sabía embellecer hasta el relato más vulgar para convertirlo en una gran aventura. Yo lo escuchaba siempre embelesado, así que, en mi niñez, en vez de lobos feroces, había cíclopes, sirenas, dioses y héroes… La mitología ha estado siempre presente en mi vida.
Por eso, cuando me planteé escribir esta historia sobre falsos dioses, tenía el material adecuado en mi cabeza. Los dioses griegos, tan vistosos, siempre me han parecido unos caprichosos embusteros, unos hipócritas, y en este caso, esas dudosas “virtudes” eran perfectas para mi novela. Luego, solo fue cuestión de buscar a un protagonista para llevar a cabo la idea que tenía en mente, y no tardé en dar con Prometeo. La leyenda del titán benefactor de la humanidad, que roba el fuego a los hijos de Zeus para entregárselo a los hombres, me vino como anillo al dedo.
Mi intención fue siempre la de hacer una historia de ciencia ficción que no pareciera tal, y aquel material era estupendo. No tuve que forzar nada. Estuve dándole vueltas a la historia durante meses en mi cabeza, y un día todo pareció encajar mágicamente. Suelo trabajar así. A eso sumé un poco de los mitos nórdicos, un pizca de mitología china, y el menú estaba servido. Me resulta curioso ver cómo elementos tan dispares han terminado encajando tan bien.

Debo decirle que he disfrutado muchísimo (como hacía tiempo que no lo hacía) con una novela de aventuras, ciencia ficción y fantasía. Y he disfrutado muchísimo principalmente por dos motivos, el primero por la historia en sí, y el segundo por su exquisita prosa. No es fácil encontrarse con un libro donde todo esté tan bien narrado, donde la parte descriptiva y la argumental fluyan y se entremezclen de una manera tan natural. Me consta que el mayor mérito es propio del escritor, de su oficio, de su talento, pero también me consta que no hay una buena obra sin un buen trabajo detrás que lo sustente. Me gustaría que me hablara un poco del proceso de documentación (si lo hubo), y del tiempo que le llevó ensamblar todos los “cantos” para crear una historia literariamente perfecta.
Bueno, agradezco lo de la “historia literariamente perfecta”. Es un gran orgullo para mí que alguien piense eso de mi novela, y si lo hacéis vosotros, mucho más.
Siempre que escribo intento disfrutar del proceso, y para mí una parte fundamental de ese disfrute es la de dotar a cada historia de su propia voz, de su propio tono de color. No quiero dar con una fórmula y repetirá mil veces hasta morir de aburrimiento. Sé que es arriesgado, pero es lo que siento. En ese sentido procuro llegar a un equilibrio entre ofrecer una historia fluida, que se lea con facilidad, y presentar un texto lo más perfecto posible, sin renunciar a la belleza y a cierta poesía. Quizás uno de mis mayores orgullos como escritor ha sido el de haber logrado conectar con tantos lectores sin haber renunciado a mi idea de lo que debe ser la literatura.
En ese sentido, Los dioses muertos es, a la vez, el fruto del trabajo de muchos años, de muchas horas sentado frente al ordenador escribiendo y corrigiendo, y del análisis de tantos y tantos libros que me han acompañado. Siempre he leído por placer, pero a la vez me ha gustado detenerme en ciertos momentos, en ciertos escritores, para aprender de ellos. Y sigo haciéndolo. Aprendo hasta de los prospectos de los medicamentos, o al menso lo intento.
Además, en este caso, igual que traté de darle un aire dickensiano a Los últimos años de la magia, o un aire a lo Raymond Chandler a Núbilus, he intentado acercarme a la Odisea y la Ilíada para escribir Los dioses muertos. Sé que son palabras mayores, pero lo cierto es que pretendía que la narración tuviera aromas que hicieran recordar estos textos clásicos. No quiero decir que haya imitado a Homero, ni siquiera lo he pretendido, nuestros universos están demasiado alejados, pero sí que he tomado cosas de sus de obras y de otras parecidas: las aristeías, esa manera tan especial de narrar las hazañas de los héroes clásicos, un cierto tono seco, militar, en la voz del narrador Cleón, la organización en cantos e incluso, en ocasiones, frases enteras robadas al bueno de Homero (como la que sirve de introducción al canto segundo) por las que espero que me perdone.
Como he dicho, la mitología me era familiar, pero a la hora de afrontar una novela siempre procuro ir un paso más allá. Disfruto del proceso de documentación casi tanto o más que de la escritura. Me gusta sumergirme en esas épocas que visito. Y solo obtenidos todos los datos que me son necesarios, tras digerirlos, comienzo la redacción. En el caso de Los últimos años de la magia fue la época victoriana, fueron callejeros del Londres del XIX, los precios en peniques y coronas de las cosas, la vida en aquella época de nieblas y revolución industrial… Y en este caso han sido los hombres de la Grecia clásica, su organización política, su ciencia, su arte, su manera de afrontar la guerra y sus maravillosos mitos.

Para mí la novela, entre otras muchas cosas, es un canto a la libertad, quizá a la libertad más efímera, a esa que solamente unos pocos son capaces de tener. El ser humano es esclavo de sus miedos, y mientras no los reconozca como propios y los combata nunca será libre. Sinceramente, ¿cree usted que le mereció la pena a Prometeo o a Pandora conocer la verdad, combatir (a) esos miedos?
No me cabe ninguna duda.
La vida es un camino en el que al final los seres humanos siempre acabamos derrotados. La muerte es el olvido de todo lo que somos, una suerte de derrota en la que se nos roba todo, se nos niega todo. Y ese final nos llega siempre, hagamos lo que hagamos. Es inevitable. Los emperadores más poderosos han muerto, los hombres más sabios, los más grandes artistas… Por eso creo que la única manera de rebelarnos ante esa injusticia es vivir una vida lo más plena y sincera posible. Prometeo y Pandora son dos personajes capaces de hacerlo. Es verdad que ambos tienen que pagar un alto precio por su empeño, pero también creo que son los únicos vencedores de la historia. Su lucha contra la tiranía y el miedo, esa búsqueda de la verdad, me parece el único camino, aunque se trate de un camino difícil de recorrer. En un mundo cada vez más extraño, en el que todo parece relativo, resulta cada día más complicado distinguir bien de mal, la verdad de la mentira, lo importante de lo insustancial… Así que, en el fondo, esa cruzada personal representa mis propias aspiraciones, lo que me gustaría hacer si tuviera su mismo valor.
Pandora, y luego Prometeo gracias a sus enseñanzas, consiguen mantenerse firmes, no doblegarse ante un poder brutal que los supera de manera indiscutible, vencer al miedo y anteponer su visión de la justicia a todo lo demás… ¿Quién no quisiera morir sabiendo que ha conseguido algo así? Con esa sola certeza, la vida y la muerte ya tendrían sentido.

Los Dioses Muertos es una novela autoconclusiva, por supuesto, pero está tan ricamente ornamentada que no es nada descabellado pensar que el autor (usted) tenga en mente hacer otras muchas historias inspiradas en esa maravillosa fantasía que ha creado. ¿Está dentro de sus planes hacerlo?,¿a lo mejor un segundo volumen titulado Canto para Cleón, como sugiere al final de la novela?
Me han hecho esta pregunta ya en alguna ocasión. También me preguntaban lo mismo cuando publiqué Los últimos años de la magia. Y la verdad, creo que se debe al hecho de que me gusta ser muy riguroso a la hora de crear mundos de ficción y procuro hacerlos lo más ricos que puedo. Creo que, como dicen por ahí, el diablo está en los detalles, y aunque procuro no aburrir mucho al lector, intento siempre pintar historias con alto grado de realismo, aunque describan universos totalmente fantásticos. Y lo cierto es que cuando voy imaginando el argumento principal, siempre me surgen preguntas que bien podrían terminar convertidas en segundas partes o precuelas (suelo escribir cuentos con esas ideas, en mi página web he colgado alguno). Lo cierto es que en mi cabeza hay una continuación totalmente pensada de Los últimos años de la magia, que podría ponerme a escribir mañana mismo, y que también he pensado en ese canto de Cleón, que a su vez sería el canto de la Doncella Verde y su pueblo… Creo que nuestro planeta tiene tantas historias como habitantes, puede que más, y la Grecia de Prometeo, también.
Sin embargo, he de reconocer que me da cierta pereza, y por qué no decirlo, cierto miedo regresar a historias ya cerradas. Como he dicho, no me gusta repetirme. Me gusta que cada novela mía, aun manteniendo un tono que las haga reconocibles como hijas del mismo padre, sea distinta a la anterior. Para que se diera la posibilidad de un regreso al universo de Prometeo deberían darse varias circunstancias que hoy me parecen bastante improbables: el hallazgo de una gran, gran historia (tengo retazos de ella y creo que podría serla), el interés de un editor y, sobre todo, el clamor de los lectores. Y aun así no sé si lo haría…
Aunque reconozco que el bueno de Cleón merece tener su propio canto. Creo que se lo debo.

¿Cómo es su rutina a la hora de escribir?
Bueno, soy docente, tengo la suerte de disponer de cierto tiempo libre pues disfruto de jornada continua de martes a viernes, así que durante años mi rutina ha consistido en sentarme a media tarde, ponerme música y escribir hasta la hora de la cena, más o menos. Escribía todos los días, incluidos los domingos… Para mí escribir era una especie de adicción que me costaba controlar. Incluso me sentía mal cuando un día, por la razón que fuera, no podía hacerlo.
Sin embargo, las decepciones y la constancia del paso del tiempo hicieron que me planteara esta forma de vivir la literatura. Un buen día me di cuenta de que, anteponiendo los libros a todo lo demás, me estaba perdiendo muchas cosas buenas: tiempo con amigos, con los hijos, horas de deporte y juegos, descanso… Así que, llegó un día en que pensé que tanto esfuerzo no merecía la pena. Dejé de escribir durante un tiempo, y transcurrido ese periodo de abstinencia, me propuse vivir la literatura de otra forma: ahora escribo menos y lo hago cuando me apetece de verdad, sin pensar en plazos, editores, ni otra consideración que no sea mi propio disfrute personal.
Sigo escuchando la misma música (Vangelis, bandas sonoras casi siempre, música instrumental, sobre todo), sigo calzándome mis zapatillas preferidas y poniéndome la ropa más cómoda que tengo, y si puedo me hago un té verde con limón o un buen café con leche como he hecho siempre. Sigo escribiendo en mi biblioteca… pero ahora procuro sufrir menos.
Ah, y en verano también disfruto mucho escribiendo de noche.

¿Qué libro le hubiera gustado escribir, y por qué?
La Colmena. Ahora tendría un premio Nobel…
No, en serio… Me gusta Cela, sobre todo el de la primera época, como me gusta Delibes y tantos otros genios españoles, pero por lo que representa en mi propia historia personal, me hubiese gustado escribir un libro muy distinto a los que escribieron ellos. Sin duda, me hubiese gustado ser el autor de El señor de los anillos. Esa novela, que leí siendo apenas un crío, me descubrió un mundo de fantasía que yo siempre había buscado y al que hasta entonces no había tenido acceso. Supuso para mí, además, el descubrimiento de una pasión, la lectura. En sus páginas encontré por primera vez el refugio perfecto, me hizo disfrutar de la aventura, me permitió soñar con un mundo en el que el bien triunfaba y los héroes recibían su justa recompensa… En definitiva, me llevó por el camino de la imaginación, que no he dejado de recorrer nunca.
Además, pocos meses después de terminar el libro entré en contacto con el rol a través de aquel ejemplar de Dragones y Mazmorras de la editorial Dalmau, ya mítico. El rol, que no era más que una herramienta para seguir disfrutando del mundo de dragones, magos y espadas de Tolkien, me hizo escribir mis primeras historias (en aquel entonces solo módulos caseros para jugar con los amigos), y me sirvió para entrenar al narrador que llevaba dentro. Puedo decir que soy escritor gracias a él (otros muchos pusieron su granito de arena también), pero sin duda fue aquel libro el que encendió la llama…
Mucho antes de que yo lo considerara la piedra angular de toda la fantasía moderna, era ya un libro fundamental para mí, así que, elegiría ese libro.

¿Tiene autores de cabecera?
No, la verdad es que procuro leer de todo, cualquier libro que me interese por su temática sin mirar demasiado al autor, aunque es cierto que presto especial atención a escritores que siempre me han gustado. Durante una época de mi vida leí casi exclusivamente clásicos de ciencia ficción (Frank Herbert, Philip K. Dick, Ray Bradbury, Arthur C. Clarke…) pero ahora salto de un género a otro y de un autor al siguiente teniendo como único criterio el placer personal.
Sin embargo, he de reconocer que tengo predilección por Neil Gaiman, al que conocí gracias a los cómics de Sandman y al que nunca he dejado de seguir. Su fantasía, su sentido del humor y su originalidad me parecen únicos y me resultan muy estimulantes. Además, para ser justo, tendría que señalar aquí a ciertos autores de cómic que han sido fundamentales para mí también. Gente como Will Eisner, Alan Moore, Frank Miller, Chris Claremont o Mike Mignola han influido tanto en mi manera de escribir como esos escritores de novela a los que me refería antes.

¿Algún proyecto en el que esté trabajando ahora mismo y del que pueda hablarnos?
Bueno, la verdad es que tengo varias cosas iniciadas y otras tantas dando vueltas en mi cabeza, pero nada terminado. Es posible que lo acabe todo o que no acabe nada…
Durante el primer confinamiento, quizás para huir de la realidad tan dura que nos rodeaba, comencé a escribir una historia juvenil, de humor, protagonizada por un vampiro que se queda en paro tras cerrar la casa del horror en la que trabajaba. Mi idea era ilustrarla también, pero ya veremos si al final termina llegando a buen puerto. Es una locura con la que mi mujer y mis hijos se ríen mucho, pero he llegado a un punto clave que no sé cómo afrontar. Creo que si lo supero la acabaré en pocas semanas.
Además, tengo iniciadas dos novelas (una fantástica y otra no), aunque la que tiene más posibilidades de salir adelante es la de corte más realista, muy diferente a lo que he escrito hasta ahora. Sería una historia en la que volcaría mis vivencias de maestro, y algunas de las de mi padre, con un crimen de fondo. Una especie de thriller ambientado en la España de los años sesenta, con conexiones con la época actual y todo este infierno del coronavirus.
Sin embargo, necesito un empujón para decantarme por alguna de estas opciones. No sé cuál de ellas terminará siendo un libro antes, si es que alguna lo termina siendo…
También he acabado de escribir hace un poco un guion de cómic, de aventuras, que me pidió Vicente Cifuentes, un autor español, de larga trayectoria en editoriales como D.C. o Marvel. Vicente es amigo desde la infancia, así que no podía negarme. Veremos si esta historia acaba dibujada, porque la verdad es que me ha quedado muy, muy larga… Aunque creo que podría resultar también muy interesante.

Para terminar háblenos un poco de usted, ¿cómo se describe como escritor y como persona?
Me cuesta trabajo. Quizás la mejor manera de describirme a mí mismo esté en mis libros. Creo que al adentrarse en ellos, y a pesar de ser historias de marcado corte fantástico, el lector puede hacerse una idea de lo que soy, o al menos de lo que pretendo y me gustaría ser.
Creo que como persona soy bastante sencillo. A mis costumbres, me refiero. Mi cabeza es algo más complicada. Sin embargo, tengo claro qué cosas son importantes para mí. En primer lugar, la gente que quiero. Aunque suene un poco ñoño, creo que papá es la palabra más hermosa que he oído. Escucharla de labios de mis hijos me cura, me fortalece… Además, creo ser un buen amigo de mis amigos.
Fuera de eso, tengo la suerte de poder disfrutar de mis dos vocaciones, la docencia y la literatura, de manera simultánea. Soy uno de esos locos maestros que no dejarían de serlo por nada del mundo. El trabajo en el aula es vida para mí. Me encanta la escuela, a pesar de todo el descrédito que sufre el gremio actualmente, quizás porque he tenido suerte y siempre he gozado del respeto de los padres y del cariño de mis alumnos y compañeros.
Por lo demás soy una persona que tiene la suerte de disponer de un rango de aficiones muy variado. Desde los libros (obviamente) a la pintura y el dibujo, el modelismo, pasando por los juegos de mesa, el cine, ciertos deportes (soy fanático del baloncesto), los viajes, la música… siempre digo que puedo disfrutar de una cena con amigos, de un partido de fútbol, de una buena película o de un libro, y eso es una suerte.
En cuanto a mi manera de ser, creo que soy terco pero dócil, una persona constante, trabajadora, capaz de escuchar y todavía de sonreír, creativa y amable siempre que puedo… En definitiva, creo que soy un aburrido padre de familia de mediana edad, un niño encerrado en un cuerpo en decadencia, que aún dispone de cierta capacidad de soñar, aunque cada vez le cueste más creer. Lo cierto es que, con el paso de los años, voy perdiendo lentamente la confianza en la especie humana. Aunque sigo siendo una persona espiritual, me parece que he perdido la fe en todas las iglesias e ideologías. Creo que no hay derechas ni izquierdas, solo arriba y abajo (y la mayoría estaremos siempre abajo). Soy un firme defensor de la justicia social, de la cultura como herramienta para mejorar el mundo, de la igualdad entre todos los seres humanos, de la libertad ordenada, del poder de la ilusión, del amor, del trabajo y el respeto… pero cada vez creo menos en los hombres encargados de hacer real todo eso, lo cual es un problema. Y tengo claras pocas cosas más en la vida. Podríamos decir que soy un pesimista que, sin embargo, espera un milagro refugiado en su propia biblioteca.
Y todo esto, se traduce en mi manera de escribir y de entender los libros. Por eso escribo dejándome llevar por la fantasía, por eso procuro que los héroes que abanderan la justicia triunfen en mis libros, por eso intento buscar la belleza en cada palabra… por eso intento ser crítico. Y por eso procuro que mis novelas sean divertidas, un refugio capaz de acoger a todo aquel que quiera entrar en ellas, un lugar al que huir cuando todo alrededor es zozobra.

4 comentarios sobre “Entrevista a José Antonio Fideu, autor de «Los dioses muertos. Canto de Prometeo»

  1. Muy buena entrevista. Yo tengo mi ejemplar ya en casa, esperando en la cola para ser leído, pero creo que, después de leer las palabras de Fideu, es probable que lo adelante alguna posición, porque de verdad me ha entrado verdadero apetito lector con todo lo que dice sobre la obra. Si está al nivel de todo lo que ha escrito anteriormente, dudo mucho que me decepcione. Por otra parte, estoy muy de acuerdo con todo lo que dice este autor sobre su manera de ver el mundo y su confianza en determinadas personas e instituciones. Un saludo y gracias por compartir estas palabras.

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  2. Gracias por el cariño que habéis demostrado siempre hacia mis obras… Y por extensión hacia mi persona. Es un orgullo ver que mis libros son motivo de atención en La Jungla. Espero aquí, en mi página web o en mis redes sociales los comentarios de todos los lectores…

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