Entrevista a Rubén Sánchez Trigos, autor de «Bajo el barro»

Hoy entrevistamos al autor madrileño Rubén Sánchez Trigos, para conocerle un poco mejor a él y a la que es su segunda novela publicada, «Bajo el barro», una trepidante historia de terror y misterio con crítica social incluida.

La primera pregunta es obligada, ¿qué encontrará el lector que se adentre en Bajo el barro?

Una pregunta: ¿qué hay detrás de la puerta de un pasaje del terror escolar construido por tres niños? Y todo un libro por delante para averiguarlo.

Le debo confesar que al comenzar la lectura me hizo dudar si no estaba ante un libro basado en hechos reales, por el magnifico empleo que hace del recurso literario de incluir extractos de programas de televisión o recortes de prensa. Cuando busqué en Google o Youtube las referencias que plasma en el libro me di cuenta de que no, de que era todo ficción… ¿Cuál fue el origen de su novela?, ¿alguna noticia cruenta que leyó en algún sitio?, ¿algún programa de misterio? ¿Cómo y dónde surgió la idea? ¿Hubo proceso de documentación?

El origen de la novela es muy personal, una anécdota infantil que menciono en la dedicatoria del libro: cuando tenía diez años, mi padre me llevó al Pasaje del terror del Parque de atracciones de Madrid, que por entonces era una sensación (creo que lo eran todos los pasajes, en realidad, estábamos en los orígenes del concepto). Más tarde, le propuse a mis compañeros del colegio hacer nuestro propio pasaje para la fiesta de fin de curso, pero la mañana de la fiesta en sí estaba tan convencido de que sería ridículo que me quedé en la cama. Fueron mis compañeros los que lo abrieron. Esta novela es una manera tardía de enmendar aquello, de visitar yo mismo mi propio pasaje, el que nunca vi.

Esto en lo que se refiere al concepto. Hice algunos trabajos de documentación específicos (sobre procedimientos de la Policía ante un caso similar y cosas así), pero el trabajo más importante fue conectar la idea original de un Túnel del miedo hecho por niños con la cultura creepy pasta contemporánea. Los creepy pasta que se mueven por Internet me interesan por puro placer, son la versión moderna de las leyendas urbanas que todos contábamos alrededor de un linterna y cuya razón de ser es que invitan al oyente a confundir mito y realidad de forma deliberada. Es creer porque realmente, durante unos momentos, uno desea creer. En ‘Bajo el barro’ he querido usar el pasaje que hacen los niños para hacer lo que creo que muchos creepy pasta hacen con su público objetivo: convertirse en un revulsivo en el que explorar sus miedos y ansiedades, sin coartadas morales ni de ningún tipo. Así que estudié muchos creepy pasta y sus modus operandis.  

Rebeca es la protagonista principal, pero no es la única que tiene voz en la novela. Usted consigue con todos los “secundarios” hacer de la trama una historia creíble, y no es fácil teniendo en cuenta lo que cuenta. Le voy aponer en un aprieto, de todos los personajes que salen en la novela, ¿se identifica con alguno de ellos? ¿Por qué no nos describe uno?, por ejemplo el que para usted es el más complejo, querido u odiado.

Mis personajes favoritos son los niños. Yo soy esos niños. En el instituto nunca sufrí lo que hoy se llama bullying porque en el contexto en el que yo crecí no había manera de diferenciar lo que era y lo que no (todo el mundo humillaba a todo el mundo), pero ha sido muy cómodo ponerme en la piel de alguien que cree que la vida le debe algo y que debe cobrárselo por sí mismo. No digo que me identifique con ese sentimiento, pero sí que escribir desde los niños ha sido lo más fácil de la novela.

Ahora, si tuviera que diseccionar un personaje, ese sería Juanan, el acosador de Rebeca. Está el cliché de que todos los autores ponen algo de ellos en todos sus personajes, pero eso no me ocurre con Juanan. No entiendo sus razones para hacer lo que hace, y por eso mismo es el personaje más interesante de escribir: no sé si es el más complejo; desde luego es el más inaccesible. En un momento de la novela, Rebeca le dice que acosa a personas como ella solo porque puede, pero yo no sé si estoy muy seguro de eso. La mayoría de las personas nos encontramos con la posibilidad de ejercer una situación de poder sobre otras en algún momento de nuestras vidas, y no todas lo ejercen. Así que Juanan es para mí un misterio que no he intentado juzgar.  

La novela mezcla el thriller, el realismo, el periodismo, es una argamasa de estilos, y todos muy bien compactados, pero Bajo el barro es sobre todo una novela de terror… ¿se considera usted un autor de género sui generis?

En absoluto. De hecho, creo que lo único que hace ‘Bajo el barro’ es actualizar una serie de técnicas narrativas que la literatura (y en concreto, cierta literatura de la llamada de género), en su búsqueda de verosimilitud, lleva empleando toda su historia: el manuscrito encontrado de William Hope Hodgson, las cartas y entrevistas de Lovecraft, los narradores no fiables. Son recursos que tienen como propósito provocar en el lector el extrañamiento propio de lo fantástico. ¿Qué relación guarda lo que estoy leyendo con la realidad? Lo único que yo hago es traducir todo eso a la era de Internet y los virales.

Utiliza muy bien el ritmo y la extensión en los capítulos, en ningún momento se hace pesada la lectura. Es algo muy de agradecer en un libro donde hay tantas emociones y tantos datos que asimilar. ¿Cómo estructuró la historia?, es decir, la disposición de los capítulos y los diferentes puntos de vista que crea en la novela ¿son el resultado de una planificación previa o surgió así mientras iba creando?

No suelo planificar mis novelas. Es decir, no tanto como otros autores mucho más metódicos. Escribo hechizado por un concepto sobre el que he reflexionado durante mucho tiempo y que página a página va creciendo y por unos personajes que reaccionan a lo que está ocurriendo más o menos de la misma manera que reaccionaría yo. La estructura, esa mezcla de narrador omnisciente e informe caleidoscópico, surgió durante la marcha y lo fui puliendo en las diferentes versiones. Por ejemplo, el primer borrador no tenía tantos recortes de prensa.

Para mí Bajo el barro no es sólo una magnífica novela de terror, también es un estupendo documento donde se habla del bullying, de la homofobia, del racismo. Usted utiliza esos temas para crear su trama, pero no son el eslabón principal de ella, ¿cree que incorporar estos temas a la historia es lo que ha hecho que la novela crezca hasta el punto de hacerla mucho más creíble? ¿Qué opina?

Creo que la verosimilitud de una narración tiene que ver con otras cuestiones más técnicas (y también con la convicción con que el autor cuenta lo que cuenta); la ambientación de ‘Bajo el barro’, que es de la que emanan los personajes y sus conflictos, lo que hace es que sea una novela más cercana al lector. A mí me interesaba trabajar ese tipo de terror desde el principio, que el lector se familiarizara con los personajes antes de empezar a distorsionar su realidad. Es la escuela de Stephen King, pero también la de Richard Matheson, Robert Aickman, Mark Z. Danielewski o recientemente Paul Tremblay o Laird Barron. El terror aquí no es metáfora de nada, comparte la misma fuente que la violencia callejera o el paro. Forman parte del orden (terrible) del mundo y el sistema.    

¿Cómo es su rutina a la hora de escribir?

Compagino la escritura con la docencia universitaria y el desarrollo de proyectos audiovisuales, así que depende del día. Si doy clases por la mañana, escribo por la tarde, y si ese día no tengo clase suelo escribir casi todo el día, o el tiempo que pueda. Soy propenso a las sesiones maratonianas, pero no siempre es posible.

¿Qué libro le hubiera gustado escribir, y por qué?

Hay tantos. Cementerio de animales es, como dice Mariana Enríquez, un libro venenoso. Y A sangre fría me mata de envidia cada vez que abro una página al azar.  

¿Tiene autores de cabecera?

Conscientemente no, porque escribir para parecerte a otro es como vivir eternamente en una suerte de adolescencia literaria. Hay referentes que manejas porque su actitud ante su obra, libro tras libro, te parece un ejemplo: Clive Barker, Mariana Enríquez, Emmanuele Carrère, Shirley Jackson, Cormac McCarthy o el propio King entrarían en ese saco. O autores más cercanos, amigos míos, como Ismael Martínez Biurrun o Jesús Cañadas, entre otros, con los que comparto cierto compromiso.

¿Algún proyecto en el que esté trabajando ahora mismo?

Un par de proyectos audiovisuales que ya veremos a dónde van, una novela corta (o de extensión corta) en el cajón y una larga a medias, que es la que me ocupa ahora mismo.

Para terminar háblenos un poco de usted, ¿cómo se describe como escritor y como persona?

Como autor intento ser fiel a mis obsesiones porque, aunque suene paradójico, son las que me hace feliz. Como persona imagino que también.

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