Patas mojás

Ayer, mientras soplaba la humeante taza de café, en mi primer descanso matutino, dos señores con pinta de saber lo que decían, regaban mi miente inocente de un ¿despechado? discurso sobre la muerte del capitalismo:

—Los economistas plantean la inmensa posibilidad de la economía financiera mundial…
—Que no es otra que la especulativa producción de lo que no se ha realizado, ¡no nos olvidemos!
—Hoy es posible ganar mucho más del doble que antes con producciones que no se han realizado, que con actividades reales…
—Eso y la desregulación del mercado está acribillando al capitalismo…
—No creo que esto dure más de ocho años…
—Más bien serán veinte, es una enfermedad larga, penosa, pero a fin de cuentas una simple enfermedad.
—Plantar lechugas ahora no es rentable, porque debemos esperar a que madure la planta y se haga verde y hermosa… no, definitivamente debemos invertir en la economía financiera más que antes
—¿Estás seguro?
—El ritmo de maduración de las inversiones depende mucho de la actividad que se desarrolle, aunque me temo que no es inmediato. Seguro, seguro…
—Hablar del capitalismo hoy en día es hablar de la derecha, ¿no?
—No no no , por Dios, hablar del capitalismo es hablar de la propiedad privada, de la ley de la oferta y la demanda, de las grandes oportunidades, de la búsqueda del sueño americano, o del europeo…
—Del superávit…
—A toda costa…
—¿Cuántos miles de millones han gastado ya en rescatar bancos, empresas y esas cosas?
—Unos cuantos más que parados.
—Pffff menos mal, ya estaba yo asustado.
—¿Tú estás parado?
—Sí, aquí contigo, tomando un café.

Por la pinta yo hubiese jurado que eran banqueros, visitadores médicos, o comerciales de alguna empresa de ropa interior. Me miraron y sonrieron. Uno de ellos tenía una sonrisilla un poco peculiar. Continuaron con la interesante conversación, un poco más.

—Si cada día se suman más empresas al crédito fácil o a la crisis latente, la burbuja financiera va a terminar siendo una ola.
—¡O un tsunami!
—Al final es el ciudadano de a pie el que sufre las peores consecuencias, ¿no crees?
—Sí, menos mal…
—¿Menos mal por qué?
—Es mejor que sea menos mal, que más mal… son frases hechas, ¡hay qué explicártelo todo!
—El desempleo, la inestabilidad del euro…
—¡Eso no es verdad!, el euro está fuerte.
—El desempleo, la estabilidad de euro, y los precios de los productos, sumado a la política de “patas mojás” que lleva el gobierno de marras, son claros signos de que el capitalismo está agónico.
—Muerto diría yo. ¿Qué es “patas mojás”?
—No sé , algo será cuándo lo he dicho…
—El capitalismo con sus casi dos centurias sólo ha sabido darle trabajo a la gente.
—Otra ocasión para decir que el capitalismo es un “patas mojás”.
—Tú mismo.

En ese instante, (punto y final), fue cuando el de la sonrisilla y su amigo se acercaron donde yo estaba y me estrecharon la mano parsimoniosamente, sin darme tiempo tan siquiera a bajarme del taburete:

—Aquilino Traspiés de la Mota Callao, mi tarjeta.
—Pa servirle a usted y a mi país. Buenos días.

Buenos días. Buenos días. Agaché la cabeza y leí la tarjeta de presentación del tal Aquilino:
«Aquilino Traspiés de la Mata Callando: Consultor de Gobiernos y otros menesteres.»
Así nos va…

José Antonio Castro Cebrián

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