Entremés de «El libro de la vida» de Santa Teresa de Jesús

«Determinámonos a ser pobres, y es de gran merecimiento; mas muchas veces tomamos a tener cuidado y diligencia para que no nos falte, no sólo lo necesario, sino lo superfluo, y a granjear los amigos que nos lo den, y ponernos en mayor cuidado (y por ventura, peligro), porque no nos falte, que antes teníamos en poseer la hacienda. Parece también que dejamos la honra en ser religiosos, o en haber ya comenzado a tener vida espiritual y a seguir perfección, y no nos han tocado en un punto de honra, cuando no se nos acuerda la hemos ya dado a Dios, y nos queremos tornar a alzar en ella, y tomársela, como dicen, de las manos, después de haberle de nuestra voluntad, al parecer, hecho de ella señor. Así son todas las otras cosas.

¡Donosa manera de buscar amor de Dios! Y luego le queremos a manos llenas, a manera de decir. Tenemos nuestras afecciones, ya que no procuramos efectuar nuestros deseos y no acabarlos de levantar la tierra, y muchas consolaciones espirituales con esto; no viene bien, ni me parece se compadece esto estotro. Así que, porque no se acaba de dar junto, no se nos da por junto este tesoro. Plegue al señor que gota a gota nos le de Su Majestad, aunque sea costándonos todos los trabajos del mundo».

 El libro de la vida (Santa Teresa de Jesús, 1562-1565)

Teresa Cepeda y Ahumada, más conocida como Santa Teresa de Jesús o de Ávila (Gotarrendura, Ávila, 1515-Alba de Tormes, 1582) fue una religiosa y escritora mística española descendiente de conversos. En 1562, estando ya integrada como religiosa en las carmelitas, reformó la orden junto a unas cuantas compañeras, y fundó en Ávila el nuevo convento de San José, de carmelitas descalzas. Comenzó a escribir por recomendación de su confesor, y en sus libros da cuenta de sus trabajos y de sus experiencias interiores. Entre sus escritos ascéticos-místicos destacan Camino de perfección (1583) y Castillo interior o Las moradas (1588), obra escrita en plena madurez espiritual y una de las cumbres de la mística cristiana. Dejó también una interesante autobiografía, El libro de la vida (1562-1565) que se complementa con el Libro de las fundaciones (1573-1582) y El Libro de las relaciones o Cuentas de conciencia (1560-1579), las Constituciones (1536), que recogía los puntos esenciales de la reforma carmelitana propuesta por ella, y que estaban basados en la antigua regla de la orden del Carmelo, así como poesía y una cuantiosa correspondencia.

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