Zhang Xiaogang y «Una gran familia»

Decía un buen amigo de Zhang Xiaogang (Kunming, Yunnan, China, 1958) que el artista chino era el paradigma del creador, el ejemplo a seguir por todos los que pretendan vivir del arte. En 1966, en plena génesis de la Gran Revolución Cultural Proletaria, los padres de Zhang abandonaron por la fuerza sus puestos de trabajo como funcionarios del gobierno chino y fueron trasladados al campo, donde las formas de educación clásicas fueron sustituidas por las enseñanzas propagandísticas del Partido Comunista Chino. Tras el colapso de la Revolución Cultural en 1976, Zhang fue admitido en 1977 en el prestigioso Instituto de Bellas Artes de Sichuan en Chongqing, en el suroeste de China. A partir de ahí Zhang Xiaogang desarrolló un estilo diferenciador, y ejemplar, que a día de hoy es único.

A Big Family (Zhang Xiaogang, 1995)

En Una gran familia , uno de los cuadros más famosos del artista, se ve a un muchacho de cara roja que, aunque sus corazones están unidos por gotas de color sangre, no es más que una afirmación del aislamiento o individualismo entre los familiares. Si nos fijamos bien observamos como tres manchas recorren el rostro de cada uno de los individuos de la pintura, esto evoca una marca de nacimiento, el estigma social que acompaña a la familia, pero a la vez juega con la perspectiva y nos recuerda a esas viejas películas fotográficas deterioradas por la humedad. Este cuadro está incluido en su serie Familia, una serie inspirada en las antiguas fotografía de estudio de su época, formales, donde por norma se incluyen unas líneas de color sangre que unen a los individuos que forman la familia, son pinturas cargadas de ideología (gorras de obrero, chaquetas de Mao). Las figuras son totalmente atemporales, donde lo más importante para el artista es representar el valor de la familia en la cultura china, reflexionando sobre la interacción de la sociedad colectiva, la familia de verdad, de sangre, y el individuo. Las figuras idénticas son claramente una grafía de la psicología de masas de la Revolución Cultural, y las distorsiones, tan propias en el surrealismo europeo, dan a la obra una dimensión compleja y muy perturbadora.

De Cebrián e Illescas

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