Cómo detener el tiempo

«Tom Hazard esconde un secreto: puede que parezca un hombre de unos cuarenta años pero, debido a una rara enfermedad, lleva vivo desde hace varios siglos. De hecho, tiene aproximadamente cuatrocientos años y, entre otras muchas cosas, ha actuado con Shakespeare, ha explorado el mar con el capitán Cook y ha compartido cócteles con Scott Fitzgerald. Tom debe cambiar a menudo de país y de identidad para preservar su secreto. De este modo, ha sido testigo y protagonista de grandes momentos históricos. Ahora sólo desea sentirse un hombre más. Así, se instala en Londres tratando de llevar una vida corriente y empieza a trabajar en un instituto como profesor de Historia, donde enseña a los niños sobre guerras y sucesos de los que ha sido testigo de primera mano. Una historia de amor eterno sobre un hombre perdido en el tiempo, la mujer que podría salvarlo y las vidas necesarias para aprender a ser feliz».

A quienes les guste la historia están de suerte, porque Matt Haig ha escrito una novela que camina por pasajes y personajes históricos con un ánimo festivo que en nada se parece al de las tramas de esas novelas históricas preñadas de la seriedad que les solicita el género a menudo. Si bien el periodo histórico abarca desde finales del siglo XVI hasta nuestros días, es más que suficiente para llenar las más de trescientas páginas de Cómo detener el tiempo con más que suficientes anécdotas sobre Shakespeare, Scott Fitzgerald y su mujer y otros muchos para los que el protagonista trabajó o, incluso, se codeó por todo el mundo.

Tom Hazard, el protagonista no es un viajero del tiempo. Puede que sus constantes flashbacks hagan pensar lo contrario en algún momento, pero queda claro casi desde el comienzo –además de en la sinopsis– que lo que le sucede es que es portador de una extraña enfermedad que le hace envejecer a un ritmo muy muy lento, unos quince años por cada año del humano normal.

La historia nos sitúa entonces en la época actual, donde Hazard decide sacarle partido a su paso por el mundo para enseñar Historia en Londres y, de paso, encontrar sentido a su vida. Porque si de algo nos demos cuenta como lectores es de su triste caminar por la historia, siempre solo a pesar de haber conocido el amor y la paternidad. Si cabe, esas circunstancias lo sitúan en una penosa situación que el autor no esconde en absoluto sino que la realza para que seamos capaces de empatizar con el protagonista, su tristeza y su dolor.

La aparición del amor en la vida de Tom será la culpable del título, porque no hay razón más poderosa para querer detener el tiempo que el amor. Quizá a veces peque de sensiblero y romántico, pero en estas páginas es algo que se hace necesario para poder contrarrestar todo esa carga emocional que arrastra el protagonista durante más de cuatrocientos años.

Cómo detener el tiempo es un buen escaparate del mundo. A grandes rasgos, eso sí. Al fin y al cabo, no es un libro de historia, sino una novela y su función principal es la de entretener. Lo cual consigue con bastante eficacia. A mí me ha gustado. No se me ha atragantado a pesar de mi aversión a la historia novelada. Es más, ha despertado mi interés sobre algunas épocas que menciona. No digo más. Creo que Matt Haig lo ha hecho bien.

Maxi Sabela Tornés

CÓMO DETENER EL TIEMPO de Matt Haig / Título original: HOW TO STOP TIME / Traducción: María José Díez Pérez / Editorial: Destino / Colección: Áncora & Delfín (1443) / Género: Novela / 352 páginas / ISBN: 9788423354382 / 2018

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