Rascacielos

«Tras las paredes de un elegante rascacielos de cuarenta pisos a las afueras de Londres (el primero habitado de cinco edificios iguales) sus dos mil inquilinos se entregan a una orgía de destrucción. Las fiestas degeneran en ataques a los pisos” enemigos” y la tecnología va dejando de funcionar hasta que en todas partes impera la ley de la selva. Ballard muestra en esta distopía radical el descenso a la barbarie de una comunidad cerrada de profesionales acomodados».

Tengo un pequeño conflicto interior con J. G. Ballard y su Rascacielos. Lo digo así, sin tapujos. Porque es cierto que me parece una novela relevante en un sentido amplio. Ya sabéis, se muestra la degradación humana en una distopía ideada hace más de cuarenta años para un futuro probable en el que la humanidad no sólo no ha mejorado, sino que ha caído aún más profundo en ese pozo de miseria y mezquindad.

El conflicto viene porque me parece que Ballard escribía muy bien, pero su prosa no termina de calarme. No empatizo. No conecto del todo. Hay algo que chirría y que no sé identificar. La he leído con la sensación de tener un hueso atascado en la garganta, con esa sensación de tedio que te dice que necesitas acabar de una vez, que quieres llegar al clímax, a la última página y pasar a otra lectura. Quizá esa atmósfera asfixiante más por el lenguaje que por lo que se encarga de mostrar haya sido la culpable. Quizá no.

En cualquier caso, Ballard es un referente de género. Eso lo sabe todo el mundo. Y la nueva edición de Alianza RUNAS está muy bien, aunque el prólogo me dejara un mal sabor de boca, amargo y picante, como el mordisco a una fruta podrida. No sé, se me indigestó por pedante y, puede –solo puede– que esa predisposición creada con el prólogo haya inducido a una mala lectura posterior.

Rascacielos, no os engañéis con mis desilusiones y desesperanzas, es una buena obra. Quizá no para todos los públicos, pero buena al fin y al cabo. Escala en tensión a medida que avanza la trama, incorporando elementos de conflicto a cada nuevo día que pasa después del día D. Algunos han hallado en estas páginas incluso un referente de la psicología humana y su comportamiento ante determinadas situaciones límite. Claro que todo es según se mire. La perspectiva juega un papel fundamental.

Rascacielos de J. G. Ballard es un clásico que conviene leer y que volvió a estar en boca de muchos tras el estreno de su película homónima en 2015 a cargo del director Ben Wheatley (Turistas, Doctor Who: Deep Breath), a pesar de las críticas que la sitúan muy por debajo de lo esperado y aprobada por los pelos. Yo aún no la he visto y no dejaré que transcurra mucho tiempo: cuando leo la novela en la que se inspira o basa una película, me gusta tenerla fresca para apreciar las diferencias con claridad.

Dicho lo cual, Rascacielos es una distopía con un poso y una trama muy actual, muy adaptable a nuestros días. Lo cual demuestra que el ser humano apenas ha avanzado en lo que dista desde que se publico la novela. En cualquier caso, resulta interesante apreciar las sutiles diferencias entre el tiempo en que fue escrita y el nuestro actual del mismo modo que resulta interesante apreciar como esa bola de nieve acaba estrellándose en una sucesión de acontecimientos que no superan las doscientas páginas.

Maxi Sabela Tornés

RASCACIELOS de J. G. Ballard / Título original: HIGH-RISE / Traducción: David Tejera Expósito / Editorial: Alianza / Colección: RUNAS / Género: Novela / 200 páginas / ISBN: 9788491810759 / 2018

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