Ready Player One

Cuando me pongo a pensar en lo que ha supuesto una novela para mí o qué ha sido lo que más me ha cautivado de ella tengo en cuenta varios factores de la misma. Uno de ellos –y creo que, si no el más importante, sí uno de los que más– es que sea divertida y me haga disfrutar. Luego están la prosa, los errores ortotipográficos y la edición misma, el estilo del autor, las referencias, el calado de los personajes y la trama… Hay muchos aspectos a tener en cuenta, pero no hay nada como que te haga pasar un buen rato.

En estos días he sufrido de cerca la tragedia de perder a alguien muy querido. La lectura de Ready Player One fue la abertura y el final de ese trágico suceso y sus páginas intermedias apenas consiguieron llamar mi atención durante un tiempo. Ni un libro tan potente y divertido como el de Ernest Cline consiguió sustraerme del dolor. Creo que pocas novelas o libros en general serán capaces de tal proeza. Sin embargo y a pesar de todo, acabó siendo un bálsamo en muchos otros aspectos cuando el dolor dejaba paso a momentos más llevaderos.

La pérdida es terrible. Para todos. Está ahí, pero la lectura –y esto no va sólo por esta novela, sino por todas las novelas del mundo– ha conseguido que me evadiese por un instante e incluso me ha hecho disfrutar. Pienso que, de haberme cogido en otro momento menos perturbador, la habría disfrutado aún más. Es lo que hay. Así es la vida.

Ready Player One reúne muchos de los elementos que me gustan ya no de una novela sino de la vida en general. Las referencias hacia una época que viví de primera mano son muy cercanas y creo poder identificarme naturalmente con muchas de ellas, por mucho que el protagonista hable de unos 80 estadounidenses que, está claro, son el fiel reflejo de la propia experiencia del autor, me he sentido a gusto con sus recuerdos porque se parecen en un porcentaje relativamente alto a los míos. La nostalgia es poderosa, amigos.

He dejado la película para después de leer el libro. Siempre lo he preferido así. Por eso de no alterar mi percepción ni poner cortapisas a las creaciones de mi propio cerebro para asignar rostros y asimilar descripciones sin ayuda visual externa. Por mucho que, cuando vea la película, sufra alguna decepción o todo lo que vea no se parezca a lo que ya he leído, siempre he creído mejor y prioritario empezar por el origen.

El personaje de Wade, así como el de los demás «gunters» protagonista, me ha parecido muy afín y coherente, tanto con la historia como con la época en la que se desarrolla, un futuro venido a menos que no se aleja demasiado de lo que se espera dentro de los presagios más fatalistas y pesimistas y que, por otra parte, son más afines a nuestra realidad. Sea como fuere, me pareció realista y posible al mismo tiempo que fantástico y virtual.

El libro mismo se desarrolla como un videojuego de aventuras de varios niveles donde el protagonista deberá sumar puntos para colocarse el primero en el marcador y llegar a conseguir el «Huevo de Pascua» que no es otra cosa que una herencia multimillonaria de uno de los creadores de OASIS, la mayor plataforma virtual creada e imaginada por nadie nunca. El juego se convierte en excusa para criticar la figura del poder y el modo en que la economía rige las vidas de millones de personas. No hay que ir al futuro para verlo. Ernest Cline ya lo sabía y lo denuncia a través de su ficción.

Es inevitable que goce de reminiscencias de los 80, pero también que lo haga de otras obras de culto como Un mundo feliz de Aldous Huxley o 1984 de George Orwell. Llamadme loco, pero a veces me he sentido paseando por esos mundos opresivos y manipuladores del mismo modo que lo he hecho por esos otros en los que «los androides sueñan con ovejas eléctricas». No como parte de una referencia clara, sino como parte del aroma que a veces se respiraba en la novela.

Me ha parecido una lectura muy evocadora, cargada de nostalgia y ese algo que nos hace pensar que tiempos pasados fueron mejores. No sé. La he disfrutado mucho y creo que cualquiera que haya vivido la década de los 80 siendo en mayor medida un niño, lo hará del mismo modo.

Víctor Morata Cortado

READY PLAYER ONE de Ernest Cline / Título original: READY PLAYER ONE / Traducción: Juanjo Estrella (revisada por Daniel Tejera Expósito) / Editorial: NOVA / Colección: Nova / Género: Novela / 480 páginas / ISBN: 9788466663069 / 2018

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