Bellas durmientes

Aunque no haya leído todo lo que ha escrito Stephen King, me considero un «lector constante». Por eso no podía dejar la oportunidad de leer lo nuevo que ha coescrito junto a su hijo Owen. Por eso y porque me picaba la curiosidad por ver qué legado nos dejará el Maestro del Terror cuando se vaya a crear pesadillas al otro lado –ojalá dentro de mucho mucho tiempo–.

Bellas durmientes tiene mucho de Stephen King, tengo que reconocerlo. Pero tiene aún más de Owen King. Y digo esto no por lo que haya leído del hijo en la novela, sino por aquellos pasajes –muchos– en los que no he visto la mano del padre. No es que reconozca el estilo de Owen, al que es la primera vez que leo, sino porque estoy familiarizado con el de Stephen. Sea como fuere, se nota la vena familiar en la novela que ambos comparten.

Reconozco que la premisa desde la que parte la historia es bastante buena y da para una narración con muchas licencias. Todo gira en torno a Dooling, un pueblo ficticio –aunque haya un Dooling en Georgia con 163 habitantes, ¡sí, lo he buscado! ¿Por quién me tomáis?– en el que aparece una extraña mujer que, a diferencia de todas las demás, no se duerme y parece tener que ver con que las demás lo hagan y queden envueltas en una especie de capullo. Tranquilos, no es spoiler, algo así resume la sinopsis. En el resto del planeta también sucede, pero es aquí donde se centra el argumento. ¿Por qué? Eso habréis de descubrirlo vosotros leyendo el libro.

He tardado bastante en leerlo. Más de lo habitual. Eso se debe a diversos motivos ajenos a la obra, pero también esta tiene su responsabilidad al respecto. Principalmente porque me ha parecido que la narración transcurría muy muy lenta y se me ha hecho pesada desde el principio y casi hasta el final. De hecho el comienzo me dejó un poco boquiabierto porque vi en esas primeras páginas un estilo más inmaduro que el habitual de Stephen King y creo que el que su hijo esté implicado explica por sí solo el motivo. También me costó un poco conectar con los personajes. No porque fueran femeninos. Eso me pareció un punto a favor; ya va siendo hora de que las mujeres tomen más protagonismo. Puede que la razón sea que me ha parecido todo como muy aislado. No tuve la sensación de estar viviendo una historia real; al margen de que se trate de ficción, creo que es importante que sea coherente y veraz, que sea capaz de introducirte y calarte y Bellas durmientes no lo ha conseguido. No del todo.

Me ha dado la sensación general de ir andando por un espacio narrativo diáfano, carente de esos pequeños detalles que le dan vida. Aunque, por otro lado, me he sentido abrumado por la cantidad de pequeñas e inservibles referencias que alargaban algunos párrafos de forma indecible y sin terminar de aportar sustancia a lo que estaban contando. Ha sido, en definitiva, una lectura que me ha contrariado. Me ha gustado, pero no tanto como habría deseado y esperado. No es una mala novela para pasar el rato. Posee una alta carga social y una intención reivindicativa del papel de la mujer que queda claro desde el primer momento. Hay referencias veladas incluso a Trump, al que llaman «fantoche» en un determinado momento de la novela, así de pasada, y padre e hijo se quedan tan a gusto. Guiños como ese hay unos cuantos. Como los libros de la biblioteca de la cárcel de mujeres de Dooling y otras referencias literarias en las que se mencionan a Joe Hill e incluso al propio Stephen King. Hay más, pero eso os dejo descubrirlo a vosotros.

A pesar de lo negativo de la novela, hay mucho de positivo. Por lo que implica ser una novela feminista escrita por hombres, por el mensaje de concienciación sobre la propia humanidad y los diferentes roles, por lo que incita a la reflexión más que por la historia en sí, un soporte que sirve de base para exponer una utopía llena de matices en que la igualdad es posible sin sesgos de ningún tipo. Hay mucho de autocrítica de la sociedad en general y de la estadounidense en particular. Así que, como siempre que leo algo y especialmente a King, trato siempre de extraer lo positivo que me deja esa lectura. Bellas durmientes no creo que sea merecedora de grandes premios de fantasía o ficción, ni que sea lo mejor que he leído, mucho menos lo mejor de Stephen King, pero tampoco es, de lejos, lo peor. Tiene mucho bueno que escarbar entre sus páginas y creo que depende más del lector al que le toque y del momento en que caiga en sus manos. ¿Podría haber sido mejor? Sí. ¿Si supiera lo que sé ahora, la leería? Sin duda.

Víctor Morata Cortado

BELLAS DURMIENTES de Stephen King y Owen King / Título original: SLEEPING BEAUTIES / Traducción: Carlos Milla Soler / Editorial: Plaza & Janés / Colección: Éxitos / Género: Novela / 432 páginas / ISBN: 9788401020414 / 2018

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