La Torre Oscura II. La llegada de los tres

Después de traspasar la barrera que durante años me separaba de la obra magistral de Stephen King, decidí abordar la saga del tirón y he aquí que ya me encuentro sobrepasando el límite de lo que ya había leído anteriormente de La Torre Oscura. Si he de ser sincero, apenas recordaba la historia, tenía vagos retazos en mi mente que me iban advirtiendo del futuro de los personajes. Por suerte, esas advertencias eran a veces erróneas, por lo que viví la lectura casi como si fuese la primera vez que me enfrentaba a estas páginas. Del mismo modo que la primera parte de La Torre Oscura la recordaba mejor de lo que supuso luego su lectura, he de confesar que esta segunda parte ha conseguido mantenerme enganchado casi desde el principio a pesar de carecer de elementos tan originales y ser, en algunos casos, predecible. Puede que sea porque las ideas de King ya estuvieran hilando más finamente en su cabeza o porque, tras el salto al vacío de El pistolero, ya tuviese algo más claro el destino al que debía dirigir a este personaje y a aquellos que, a lo largo de más de quinientas páginas, le acompañan en La llegada de los tres. En cualquier caso, el perfil de Roland de Gilead se va dibujando con la complejidad que requiere un personaje de su envergadura y, del mismo modo, lo van haciendo Eddie Dean y Odetta Holmes/Detta Walker. El transcurso de los protagonistas por esa playa plagada de langostruosidades hambrientas y preguntonas se vive con la misma desidia y angustia que padecen los personajes: todo se convierte en desesperación, el tiempo transcurre despacio y la playa parece infinita. No por ello la narración se vuelve, sin embargo, tediosa o aburrida, sino que el autor aprovecha para cincelar las relaciones que unen a estos personajes y darle presencia a la psicología de cada cual. Stephen King usa la soledad angustiosa de la costa, exenta de comida y bebida (aparentemente), para llevar a la mujer y los dos hombres, uno de ellos gravemente enfermo y el otro aún sobrepasando los límites de la cordura merced del síndrome de abstinencia, al extremo. Y lo hace excepcionalmente bien. Las profecías que las cartas del hombre de negro presagiaban se ven cumplidas sin que por ello sean del todo predecibles. Eso es magnífico. Aún a sabiendas de lo que se ha dicho, el autor nos sugiere indirectamente, muy sutilmente, que las palabras están sujetas, al igual que el destino, a diferentes y, no por ello sucintas o sencillas, interpretaciones. Así que vemos a King jugando ya unas cartas que apuntan alto y las conexiones con sus otras obras se hacen aquí más patentes; por ejemplo, el de Maine alude a Randall Flagg y cierto suceso con dos sujetos. Imagino que el universo de King se expande con La Torre Oscura hasta límites insospechados. Queda ver hasta donde se estira este mundo y si logra unir todas las piezas que ya empezó a poner en juego en la primera parte antes del desenlace de la saga. Yo confío en que así será, pero toca descubrirlo, ¡qué maravilla!, por uno mismo. Este viaje es como todos aquellos viajes en busca de uno mismo y, como tal, ha de hacerse solo. La Torre Oscura es mi Camino de Santiago particular, donde en lugar de un camino de tierra y piedras hay otro plagado de letras. Hasta aquí el viaje ha merecido la pena. Veamos hacia donde me lleva. 

Víctor Morata Cortado

LA TORRE OSCURA II. LA LLEGADA DE LOS TRES de Stephen King / Título original: THE DARK TOWER II. THE DRAWING OF THE THREE / Traducción: Cecilia Absatz / Ilustraciones: Phil Hale / Editorial: Debolsillo / Género: Novela / 540 páginas / ISBN: 9788466340588 / 2016

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