Los imaginarios

No hay nada como desconectar de un libro a través de las páginas de otro libro. Sí, parece una locura, pero es cierto que hay lecturas y lecturas; y que no todas precisan de la misma concentración. Eso es así. Cualquier lector lo sabe. A veces basta con cambiar de género o de estilo o de autor. Pero creo que, cada cierto tiempo, se hace necesario esa desconexión que, a su vez, contribuye a la expansión de la mente y las perspectivas lectoras. A mí me gusta adentrarme en nuevos autores y también en sus nuevas creaciones, me gusta experimentar y explorar los vastos campos de la literatura no sólo para exhumar cadáveres, sino para ver como nacen algunas promesas o deseos. Los imaginarios entra dentro de estos últimos. Y también ha sido el libro que me ha ayudado a desconectar de frases complejas y reflexiones enrevesadas. No siempre, huelga decir, el lector está igual de preparado y dispuesto para según que libros. El caso es que me ha gustado mucho este libro de A. F. Harrold. Y quizá puedo incluso parafrasear la frase que el director de cine J. A. Bayona nos regala en la faja del libro: «He tenido la suerte de descubrir de adulto el libro que me habría encantado leer de niño». Y más o menos es así; también me ha encantado leerlo de adulto. No es el único. ¡Por favor! Hay muchísimos más libros que me hubiera encantado leer de niño, pero mis comienzos en la lectura siguieron otros derroteros más siniestros y tardíos. Nunca es tarde. Y, cuando se es padre, muchos lo saben, da comienzo una nueva infancia, por lo que nunca está de más ir preparado para ofrecer al retoño un buen caldo de cultivo lector. Esta novela juvenil nos habla de Rudger, el amigo imaginario de Amanda Shuffleup, el cual, a su vez, no sólo depende de la imaginación de su amiga, sino que posee una suerte de pensamiento «especial». Dicho así parece un poco engorroso, pero A. F. Harrold lo sabe llevar muy bien, con una naturalidad que nos embauca y nos introduce en lo excepcional con suavidad. Las magníficas ilustraciones de Emily Gravett, presentes en mayor o menor medida en casi todas las páginas, confieren una esencia mágica al relato y lo adornan de ese aire imaginario que ronda toda la novela. La magia de las letras y las ilustraciones, bien combinada, puede concebir maravillas como esta. Pero la novela no va de seres imaginarios y ya está, sino que hay un mensaje de fondo que habla de ausencias, de carencias y de la necesidad de crear y amar, a veces al mismo tiempo y hacia el mismo objeto de nuestra creación. Se ve en estas páginas quizá la influencia de autores como Michael Ende, pero seguro que hay muchas más que no he captado. Creo que para algunos adultos puede resultar una historia poco apropiada, pero para aquellos que aún tenemos algo de niños en nuestro interior –y por favor que no se acabe– creo que es un relato fantástico y enternecedor. A. F. Harrold ha sabido tocar la fibra en algunos pasajes y también ha desaguado las turbias aguas de otras lecturas con su espléndida obra de fantasía.

Víctor Morata Cortado

LOS IMAGINARIOS de A. F. Harrold / Título original: THE IMAGINARY / Traducción: Gemma Rovira / Ilustraciones: Emily Gravett / Editorial: Blackie Books / Colección: Blackie Little / Género: Narrativa / 240 páginas / ISBN: 9788416290888 / 2017

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