El atlas de las nubes

el-atlas-de-las-nubes-david-mitchellEste verano tuve la suerte de dar con la literatura de David Mitchell a través de su última novela Relojes de hueso (Literatura Random House, 2016). Fue algo así como recibir un bofetón. Uno de esos que te sacan de la inopia o de un estado de pánico. Fue genial. David Mitchell me estaba demostrando entonces que había otra vida más allá de los cánones establecidos de la ficción. No puedo leer todo lo que sale al mercado, ni todo lo que hay, pero todo lo que ha caído últimamente en mis manos rezuma síntomas de refresco literario. Muchos autores, locales y foráneos, me están sorprendiendo para bien. Para muy bien. Pero centrémonos. Llegué a Relojes de Hueso porque descubrí que David Mitchell era el autor de El atlas de las nubes, novela en la que se basaba una película homónima que había visionado unos años atrás y me había sorprendido y gustado bastante a partes iguales. Esto casa perfectamente con el lema de la novela: «Todo está conectado». Porque, en cierto modo, es así. Vi la película, su originalidad me llevó a descubrir a David Mitchell, David Mitchell me condujo a su última novela y, el buen regusto de su lectura, me hizo querer más y regresar a la historia primera que me había cautivado, cerrando el círculo de conexiones. Casualmente, Duomo reeditó este año en versión Best-Seller y para su colección Nefelibata, El atlas de las nubes. El destino se ponía en orden y todo el universo ponía la novela a mis pies. O algo así.

David Mitchell usa en El atlas de las nubes la misma estrategia que usaría más tarde en Relojes de hueso, con una estructura similar y un planteamiento más cercano, sin embargo, al concepto de realidad. No sé si podríamos hablar de «realidad aumentada», si sería correcto emplear el término aquí, dado que se trata de una realidad que se transporta de atrás hacia delante y viceversa desde un pasado relativamente cercano (mediados del siglo XIX) hacia un futuro relativamente remoto sobre el que autor realiza sus especulaciones a través de la propia historia. David Mitchell juega, si se me permite el verbo, con el tiempo, los personajes y los escenarios en los que se desenvuelve de un modo especialmente intrincado y complejo. Los elementos, los detalles, son muy importantes para este juego. Es a través de reflexiones específicas, de objetos concretos, de «marcas» de nacimiento, que el autor enlaza esas tres cosas: tiempo, personajes y escenarios. Tres ingredientes que aparentemente no tienen nada que ver entre sí, pero que no tienen probabilidad alguna de vivir de forma individual. A veces, esas conexiones son sutiles; otras, resultan más que evidentes. Y se toma su tiempo para hacer este camino. Un camino que es más importante que el destino mismo. O eso parece.

Los capítulos en que se divide El atlas de las nubes tienen una disposición estructural estudiada para que simule una especie de abanico o acordeón. Tal vez sea una analogía burda, pero es lo que me pareció al terminar de leer la novela. Quizá sea mejor entenderlo si tomamos prestadas las palabras de Robert Frobisher, el amanuense protagonista de una de las historias de El atlas de las nubes: «He pasado estas dos semanas en la sala de música, reelaborando los fragmentos de este año para integrarlos en un “sexteto para solistas que se solapan”: piano, clarinete, chelo, flauta, oboe y violín, cada uno en su clave, escala y tono. En la primera parte, cada solo se ve interrumpido por el siguiente; en la segunda, se retoma cada interrupción, en orden inverso. ¿Idea revolucionaria o efectismo insustancial?». ¡Eso es El atlas de las nubes! Es así. El libro se divide en diversos capítulos largos. Cada uno tiene un protagonista. Cada protagonista vive en una época concreta separada de las vidas del resto de protagonistas por muchas décadas de diferencia. Entre todos ellos hay un abismo. Y, sin embargo, a pesar de la distancia espacio-temporal, mantienen el nexo que une sus vidas y, hasta cierto punto, las determinan. No tiene, desde mi punto de vista, nada de insustancial, aunque sí de efectismo. Si es revolucionario o no en la exposición, a mí me lo parece, pero no soy tan leído como para afirmarlo con rotundidad. Sí que es cierto que, tal y como dice el personaje de Mitchell, cada historia goza de una clave, una escala y un tono particulares que, traducido a una expresión más literaria, vendrían a ser el estilo, el lenguaje y el género que defiende cada personaje a través de confesiones en un diario de viaje, desahogos en las cartas a un amigo íntimo, la grabación de un interrogatorio, el relato de un anciano a un grupo de jóvenes que podemos imaginar en torno a una hoguera, etc. Ese modo de ofrecernos el contenido de la novela hace de ella un caleidoscopio interesante.

El atlas de las nubes es una obra de arquitectura literaria interesante que puede gustar más o menos, resultar tediosa en algunas partes y arriesgada en otras, pero que satisface como lector. Así lo veo yo. Por otra parte, no he leído la novela en su versión original, pero, en cuanto a esta versión en español hay algo que debo aplaudir y alabar y no es otra cosa que el fantástico trabajo con la traducción de Víctor V. Úbeda. Trabajo que queda especialmente patente en el capítulo central del libro. Este capítulo actúa como bisagra, como punto de inflexión de toda la novela, y si menciono la labor del traductor, que siempre resulta menos aplaudida de lo merecido, es porque el uso del lenguaje por parte de los personajes aquí es muy peliagudo, intrincado, complejo, sobre todo en boca del narrador al que se da voz: Zachry. Creedme cuando os digo que la tarea de traducción debió ser especialmente ardua y complicada en este concreto y extenso punto de la novela. Bravo por Víctor V. Úbeda. Creo que no hay nada que no se haya dicho de esta novela y su autor, así que no reiteraré las alabanzas de los medios que se adelantaron a hablar de ellos. Sin embargo, si que diré que creo que El atlas de las nubes y David Mitchell son una novela y un autor muy, pero que muy, recomendables.

Víctor Morata Cortado

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EL ATLAS DE LAS NUBES de David Mitchell / Título original: CLOUD ATLAS / Traducción: Víctor Vicente Úbeda Fernández / Editorial: Duomo Ediciones / Colección: Nefelibata / Género: Novela / 608 páginas / ISBN: 9788416634286 / 2016

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