Grandes esperanzas

Grandes esperanzas - Charles DickensNo hay duda de que a Dickens le sobran motivos para ser leído y menos aún para haber llegado hasta nuestros días como uno de los clásicos indispensables de la literatura anglosajona del siglo XIX. No hay más que leerle para darse cuenta de que posee méritos suficientes para ser encumbrado, estudiado y vanagloriado. Grandes esperanzas –dicen– no es la mejor de sus obras, pero quienes lo dicen también hablan de que es una de las más logradas a nivel literario y es que es una de las últimas que escribió. No me puedo jactar de haber leído mucho de él, pero de lo leído esta obra tampoco es de las que se encuentra entre mis favoritas. Sin embargo, no por eso puedo dejar de alabar las dotes de este escritor ni su buen hacer. Dickens se decanta por una voz en primera persona donde el narrador no es otro que Pip, nuestro protagonista. Y es él quien sigue el transcurso de sus reflexiones, pensamientos y acciones a medida que va creciendo y sus esperanzas de ser algo más de lo que la vida le ha destinado se van configurando y malogrando con el paso de los años y las fortuitas circunstancias que favorecen en él –y también, cómo no, en el lector– un cambio de perspectiva. Al autor no le interesa que el cruce de sus personajes y situaciones parezcan forzados –el famoso deus ex machina que todo lo organiza por arte de magia y a gusto del creador–, o al menos así lo parece. Para Dickens lo importante es el resultado de esas confrontaciones y el modo en que de ellas se puede extraer un mensaje sobre la moral o el comportamiento, sobre la verdad de la vida, dotándola de una especie de ajuste kármico que pone todo en el lugar que corresponde en arreglo a las acciones de los personajes. No sé si decir que la narrativa de Dickens es vital, social o realista, porque todos estos adjetivos se ajustan perfectamente al modo de ofrecer el panorama que rodea a los personajes y sus estilos de vida son un buen espejo de la sociedad de su tiempo. Lo de vital lo digo ateniéndome a su relación con la vida y la experiencia, no a la impronta pasional del adjetivo. En términos generales no se trata de una novela alegre, hay mucho claroscuro en ella. Muchas sombras planean sobre la felicidad de sus personajes, pero creo que es algo inherente a la época que refleja, donde la industria iba ganando terreno a la artesanía y las ciudades crecían al ritmo de su delincuencia, masificándose y provocando el éxodo de las zonas rurales hacia la ciudad. También es hábil con el enfoque de las emociones y sentimientos en aquellos aspectos en que los toca. Ya hablemos de amor o amistad, así como sus adversos, o de otros menos evidentes o más sutiles como la envidia, el rencor o el arrepentimiento se nota en Dickens el trabajo para conducir al lector. Es una tarea complicada, más aún en el modo en que lo hace Dickens, desde la perspectiva personal del protagonista, pero lo consigue hasta el punto de llegar, incluso, a emocionar. Por lo tanto, Grandes esperanzas es una novela que merece ser leída, como todos –o casi todos– los clásicos. Es un acercamiento agradecido.

Víctor Morata Cortado

NOTABLE

GRANDES ESPERANZAS de Charles Dickens / Título original: GREAT EXPECTATIONS / Traducción: Julia Sabate Font y Jonio González / Introducción: David Trotter / Editorial: Penguin Clásicos / Género: Novela / 672 páginas / ISBN: 9788491052005 / 2016

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