Arte y ensayo

Tarzan_the_Ape_Man_(1932)_Trailer_-O'Sullivan_&_WeissmullerPara mucha gente de mi generación, la del baby boom, en la que incluyo a todos los nacidos en los ’60 no sé si saltándome criterios demográficos y sociológicos, el cine ha sido muy importante. El cine o las películas en general, independientemente de verlas en salas o en televisores. Sobre todo los que nos criamos en un entorno urbano y no teníamos ocasión de jugar en la calle, tragamos mucha tele. Eso no es necesariamente malo. Por ejemplo nos permitió ver cientos de películas, como mínimo las del sábado a las cuatro de la tarde. Irremediablemente, ahora me alegro, todos los años veíamos las de Tarzán, el de verdad, Johnny Weissmuller, y las de los hermanos Marx. Por no hablar de innumerables westerns, películas de capa y espada y aventura, mucha aventura. Títulos que ahora consideramos clásicos eran el pan nuestro de cada día. Pensad que los clásicos de los ’40 tenían la misma distancia temporal de la que tenemos ahora con El Padrino, Star Wars cuando aún era La Guerra de las Galaxias, Indiana Jones o hasta Regreso al futuro. Los dramas quedaban para Sábado Cine o Sábado Noche, ya no recuerdo, que generalmente también veíamos a falta de las múltiples distracciones que tenemos ahora por mor de la tecnología.

El siguiente paso fue que nos pilló la irrupción del vídeo y la explosión de los videoclubs, ya en edad adolescente o juvenil según los casos. Ahí se abrió un abanico nuevo de posibilidades, ver todos los estrenos que en su día no pudimos ver en el cine y ver cine comercial, comedias y de acción a barullo. En mi caso yo estaba metido en esa rueda y no fui nunca, en esos tiempos, a una sala de cine de «arte y ensayo» o a la filmoteca con lo que no había visto películas de cineastas reputadísimos, europeos en su mayoría.

Eclipse4En mi caso, ese cine llamado «de culto», «de autor», intelectual y otra serie de etiquetas me empezó a llamar la atención por la simple necesidad de aprender y saber de qué se está hablando cuando sale algún tema de interés que, para mí, son casi todos. Fue ver La Strada, Los 400 golpes y alguna más y se me quitó la tontería de golpe. Como suele sucederme, me volqué en el nuevo filón que creía haber encontrado y me puse a ver Neorrealismo, Nouvelle Vague, algo de cine japonés, Kurosawa fundamentalmente, hasta ir teniendo una idea clara de lo que me interesaba y lo que no. Cuando algo con el marchamo de culto se nos pone por delante, a veces nos apocamos. Pasa con los clásicos antiguos y contemporáneos de la literatura, con la obra de los pintores más relevantes y con otras cosas pero si se le pierde el miedo y se aborda, se abren un sin fin de maravillas de las que disfrutar. Es verdad que hay niveles. Es, en mi criterio, mucho más sencillo engancharse al cine de Truffaut o Godard que tiene, en general, tramas más sencillas y menos mensajes subyacentes y cuyo atractivo reside en la forma en que las películas están rodadas que zamparse, sin previo aviso o conocimiento de causa, la trilogía de la incomunicación de Antonioni. Éste es un autor al que tengo en un pedestal y no por ello me gusta todo. No es lo mismo ver Blow Up que Zabriskie Point… Igual me ocurre con Bergman del que hay más títulos que me aburren, con perdón que de los que gozo. 

En cualquier caso este texto es una invitación para que todos aquellos que no se hayan asomado a la filmografía de los nombrados y de Visconti, Pasolini, Rossellini, Wenders, etc. se animen y luego valoren si ese tiempo ha sido una inversión rentable.

José A. Valverde

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