Fragmentos

Bo7NW6hIUAEo3J0Algunas personas, tal vez más de las que yo creo, consiguen que la sucesión de acontecimientos que suceden a lo largo del tiempo, encajen como eslabones de una cadena logrando al final una trayectoria vital que sigue un hilo conductor continuo, coherente, sin más sobresaltos que el de algunos traspiés inesperados como un accidente o una enfermedad. Son muchos, sin embargo, los que se encuentran con tropiezos que rompen la continuidad de lo vivido y tienen su evolución en este mundo dividida en etapas. Etapas que en ocasiones siguen la lógica de la edad, la carrera profesional y sus altibajos, su vida sentimental, sólida o inestable… Viven en una cierta harmonía pero deben ser muy capaces de adaptarse a los cambios y tenaces para que los sustos que a todos nos llegan no trunquen su camino ni su moral para afrontar las nuevas situaciones. En esta división arbitraria que estoy definiendo, me quedan los que tienen periodos tan cortos de estabilidad y situaciones tan cambiantes que no son ni eso, son simples fragmentos. Se enfrentan a un puzzle de diez mil piezas que no siempre se puede completar, por falta de piezas o por tener algunas repetidas que aparecen inopinadamente de tanto en cuanto de nuevo cuando ya creíamos tenerlas colocadas. Vuelta a empezar. La inestabilidad que esto genera hace afrontar los acontecimientos con incertidumbre y su consiguiente pérdida de seguridad en uno mismo.

Dicho todo esto, he llenado la palabra fragmento de connotaciones negativas. Habrá que solucionarlo. Os preguntaréis que tiene que ver esta introducción con los temas que habitualmente se tratan en «El último refugio». Pues bien, el caso es que los pequeños trozos de cosas de lo más variopinto también tienen una vertiente alimenticia, espiritual, culturalmente hablando. 

Yendo a la cosa cultural, ya sabemos que si uno tiene inquietudes y curiosidad, nunca se deja de aprender. El legado que nos viene de atrás y todo lo nuevo que se crea constantemente, nos sitúa frente a un panorama tan amplio que no podemos abarcar en su totalidad. A pesar de no perder el interés por lo nuevo y la curiosidad por repescar cosas pretéritas, a cierta edad, tenemos ya construido nuestro catálogo particular de disciplinas, autores, películas, canciones, etc. que nos interesan especialmente. Tanto es así que no podemos remediar volver a lo ya conocido aparcando para otro rato lo que está por descubrir.

Aquí aparecen los fragmentos. Últimamente me he descubierto a mí mismo viendo trozos de películas, sin intención de revisarlas por completo, por el placer de recuperar una escena como el final de Casablanca, de sentir de nuevo el gozo estético de una obra como La Aventura de Antonioni, de oír la soberbia voz de Gregory Peck en Matar a un ruiseñor y así podría seguir con muchos ejemplos. En lo musical, es más frecuente dejar de oír LP’s enteros a ponernos un par de canciones que inevitablemente nos llevan a otras que queremos degustar en el momento. La literatura parece menos proclive a este tipo de picoteos pero también se da el caso de buscar descripciones, diálogos o inicios o finales que tenemos grabados.

edward HartwigTal vez sea a causa de que con los avances tecnológicos y con el mayor número de cosas a las que atender que tenemos cada día, sea difícil encontrar dos horas de concentración absoluta, sin interferencias, sobre todo si no se está en el lugar adecuado. En fin, siempre nos quedarán los museos, cines, conciertos y otros «templos» en los que huir de la dispersión.

José A. Valverde

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3 comentarios en “Fragmentos

  1. Es curioso….de un tiempo a esta parte suelo abrir libros leídos y releídos buscando solo ese capítulo vibrante, eléctrico. Eliminados muchos factores, fundamentalmente el novedad y/o sorpresa, supongo que es simplemente el placer de leer o escuchar algo bien contado. Me pregunto, no obstante, si no revisamos simplemente por recordar el buen momento vivido. Genial artículo. Gracias.

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  2. Con la edad educamos el gusto y nos quedamos con lo que merece la pena, tanto con personas como con cosas. Sobre éstas ultimas, me gustó un comentario de mi profesor de guión, Jorge Gil, cuando decía que lo mejor de las películas es que se cuenta solo lo importante. Hasta dentro de ese trabajo de hora y media, a veces, rescatamos unos minutos sublimes porque esos fueron los que nos dejaron boquiabiertos la primera vez. Dentro de un buen trabajo siempre hay una frase sublime, una fotografía que posee más matices que el resto de la colección. Creo que en la revisión de las cosas que nos gustaron siempre hay un poso de nostalgia. Porque quizá vivimos algo digno de ser vivido en aquel momento, porque nos sentimos felices en aquel período o porque vivir fue más fácil. Me parece que lo hacemos todos, e incluso pareciéndonos que nos sometemos a un acto de escasa originalidad, ésta la encontramos en esos versos, imágenes, o canciones rescatadas.

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