Entremés de «Los pazos de Ulloa» de Emilia Pardo Bazán

«Es una parroquia de montaña, más montaña que los Pazos, al pie de una sierra fragosa, en el corazón de Galicia. No hay en toda ella, ni en cuatro leguas a la redonda, una sola casa señorial; en otro tiempo, en épocas feudales, se alzó, fundado en peñasco vivo, un castillo roquero, hoy ruina comida por la hiedra y habitada por murciélagos y lagartos. Los feligreses de Julián son pobres pastores: en vísperas de fiesta y tiempo de oblata le obsequian con leche de cabra, queso de oveja, manteca en orzas de barro. Hablan dialecto cerradísimo, arduo de comprender; visten de somonte y usan greñas largas, cortadas sobre la frente a la manera de los antiguos siervos. En invierno cae la nieve y aúllan los lobos en las inmediaciones de la rectoral; cuando Julián tiene que salir a las altas horas de la noche para llevar los sacramentos a algún moribundo, se ve obligado a cubrirse con coroza de paja y a calzar zuecos de palo; el sacristán va delante, alumbrando con un farol, y entre la oscuridad nocturna, las encinas parecen fantasmas…».

Los pazos de Ulloa (Emilia Pardo Bazán, 1886)

Emilia Pardo Bazán nació el 16 de septiembre de 1851 en La Coruña. Fue una noble (condesa de Pardo Bazán) y aristócrata periodista, crítica literaria, novelista, poeta, ensayista, traductora, catedrática, dramaturga, editora y conferenciante española, introductora del naturalismo en España. Hija de familia gallega noble y económicamente pudiente. Su padre fomentó su amor por la literatura gracias a su extensa biblioteca. Además de El Quijote, La Iliada y La Biblia, le fascinaban los libros sobre la Revolución francesa. A los nueve años comenzó su interés por la escritura. Asistió a un colegio francés durante los inviernos que su familia pasaba en Madrid. Cuando sus padres decidieron quedarse a pasar los inviernos en La Coruña, comenzó a estudiar con instructores privados. Fue una niña rebelde, negándose a seguir las directrices propias de la época en cuanto a educación femenina y centrándose en su verdadera pasión, que era la lectura. Se casó en 1868 y se separó en 1884, cuando su marido intentó presionarla para que dejase de escribir y se retractase públicamente de sus escritos para así evitar atraer la polémica hacia su familia. Durante su matrimonio, viajó por toda Europa y aprendió inglés y alemán. En ese tiempo, publicó en El Imparcial sus crónicas de viaje, donde denunciaba la necesidad de europeización de España. Era asidua lectora de los clásicos españoles, pero también mantuvo su interés sobre la narrativa extranjera de su época. En 1879, publica su primera novela (Pascual López), que no su primera obra publicada. Tuvo una relación amorosa con Benito Pérez Galdós que duró más de dos décadas, durante las cuales, Emilia Pardo Bazán tuvo esporádicos escarceos amorosos con otros jóvenes amantes. Practicaba un Naturalismo que acentuaba la conexión de la escuela francesa con la tradición realista española y europea, lo que le permitía acercarse a un ideario más conservador y católico. Intervino activamente en el periodismo político y luchó incansablemente por la emancipación social e intelectual de la mujer. Su popularidad le granjeó muchas enemistades entre los escritores de su tiempo, que vieron invadido un sector tradicionalmente reservado a los hombres por una mujer más competente que muchos de ellos. Coincidiendo con la muerte en 1890 de su padre, su obra evolucionó hacia un mayor simbolismo y espiritualismo. Doña Emilia aprovechó la herencia paterna para crear una revista escrita por ella sola, El Nuevo Teatro Crítico. Fundó y dirigió en 1892 la publicación La Biblioteca de la mujer. Asistió a congresos como el Congreso Pedagógico, en donde denunció la desigualdad educativa entre el hombre y la mujer. Aún consciente del sexismo dentro de los círculos intelectuales, propuso a Concepción Arenal a la Real Academia Española, pero fue rechazada; tampoco aceptaría ésta a Gertrudis Gómez de Avellaneda ni a ella (fue rechazada tres veces, en 1889, en 1892 y en 1912), por más que en 1906 llegó a ser la primera mujer en presidir la Sección de literatura del Ateneo de Madrid y la primera en ocupar una cátedra de literaturas neolatinas en la Universidad Central de Madrid. Murió el 12 de mayo de 1921 en Madrid. Se le conoce por obras tales como: Jaime (1876), Estudio crítico de las obras del padre Feijoo (1876), Un viaje de novios (1881), Los pazos de Ulloa (1886), Una cristiana (1890), La prueba (1890), La piedra angular (1891), Cuentos de Marineda (1892), La nueva cuestión palpitante (1894), Memorias de un solterón (1896), El saludo de las brujas (1899), Cuentos sacro-profanos (1899), La quimera (1905) o La sirena negra (1908).

 

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