El libro de los americanos sin nombre

El libro de los americanos sin nombre - Cristina HenríquezTodo aquel que se haya visto obligado de algún modo a emigrar para buscarse la vida o ganarse el pan, sabe lo que es estar lejos de casa –del hogar–, de los amigos y de la existencia conocida. Los protagonistas de esta historia –con nombres y apellidos– salen de su tierra para buscar un futuro o perseguir un sueño, lo hacen por necesidad y también por amor. Todos ellos tienen un pasado a miles de kilómetros de distancia, al otro lado de las fronteras de esa América dividida. Todos llegan a un país que no siempre les acoge bien, pero soporta su presencia o, incluso, como en muchos otros países, la explotan. De eso habla esta novela de Cristina Henríquez, de las oportunidades que se buscan fuera de la zona de confort y de lo difícil que resulta a veces subsistir allí donde nada te ata más que la intención de seguir y prosperar hacia una vida mejor, más digna. No es una historia del todo bella, pero sí muy emotiva. Una novela narrada en primera persona por las voces que la integran. Cada uno aportando su punto de vista, su experiencia, su dolor y su pensamiento. En esas inflexiones personales se entreteje la historia que los va uniendo, fundiéndose unas voces con otras, pero sin llegar a mezclarse. Es un coro que canta la misma historia una y otra vez, entonada con diferentes matices. Una canción cuya letra lleva implícita la lucha y el sacrificio, la esperanza y el desasosiego, el miedo y la culpa. Pesa en estas páginas sobre todo la presencia de dos familias: los Toro y los Rivera. En ellos se estructura la trama y en torno a sus figuras danzan el resto de personajes, unos con mayor entusiasmo que otros. Sin embargo, conforman en su totalidad una conjunción fuerte, asombrosa y, como decía, muy emotiva. Puede que haya conectado con el entorno y la historia gracias a que, en cierto modo, he pasado por lo mismo que sus personajes. Puede que sea ese el motivo o puede que sea virtud de la autora haber conseguido que reviva ciertas sensaciones olvidadas: la angustia de enfrentarse a una sociedad y un idioma desconocidos, la percepción de rechazo, la ignorancia y el desinterés por la cultura de la que procedes, la infravaloración, el inevitable acercamiento de aquellos que están en tu situación, el aislamiento, la nostalgia por todo aquello que no valorabas… Son los americanos sin nombre, pero bien podrían ser los alemanes o los ingleses a este lado del charco. Uno de los personajes tangenciales de El libro de los americanos sin nombre, Micho Álvarez, lo expresa así: «Nosotros somos los americanos sin nombre, los ignorados, aquéllos a quienes nadie quiere entender porque les han dicho que deben tenernos miedo y porque puede que si se tomaran el tiempo suficiente como para conocernos, se darían cuenta de que no estamos tan mal, tal vez incluso de que somos iguales que ellos. ¿Y a quién odiarían entonces?». No obstante, no sólo existe la adversidad para el inmigrante, sólo es lo que Cristina Henríquez ha querido reflejar –imagino, así lo veo yo– aquí. Apenas unas pinceladas de una sociedad que acoge, con mejor o peor agrado, a todo aquel que cruza la frontera en busca del «sueño americano». Esas pinceladas conforman un cuadro cargado de matices y detalles y una prosa con un amplio y profundo subtexto.

Víctor Morata Cortado

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EL LIBRO DE LOS AMERICANOS SIN NOMBRE de Cristina Henríquez / Título original: THE BOOK OF UNKNOWN AMERICANS / Traducción: Manuel Manzano / Editorial: Malpaso / Género: Novela / 277 páginas / ISBN: 9788415996859 / 2015

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