Cartier-Bresson y ese “momento decisivo”

Henri Cartier-Bresson (Chanteloup-en-Brie, Francia, 1908–2004, Montjustin, Francia)

Henri Cartier-Bresson (Chanteloup-en-Brie, Francia, 1908–2004, Montjustin, Francia)

Henri Cartier-Bresson (Chanteloup-en-Brie, Francia, 1908–2004, Montjustin, Francia) siempre será recordado como aquel estudiante de la escuela parisina del cubista André Lhote que un buen día de 1930, influenciado tal vez por los surrealistas, abandonó el mundo de la pintura para cruzar el charco armado con la ahora mítica Leica portátil en busca de ese “momento decisivo” que plasmar, convirtiéndose con ello en el pionero de un estilo informal y candoroso de hacer fotografía que tanto influenciaría posteriormente a otros artistas.

Artista eterno, supo plasmar en su trabajo la belleza y la tranquilidad que subsiste en la naturaleza humana, en lo cotidiano de la vida. Si pudiéramos hacer una retrospectiva de la totalidad de la obra de Cartier-Bresson, veríamos que siempre se repite una máxima: la importancia de plasmar una historia en la propia historia de los retratados o retratado. Él siempre fue un feroz defensor del fotoperiodismo y de los derechos legales de los fotógrafos, en una época denostados como artistas de segunda o meros retratistas. Para comprender la importancia e influencia de Cartier-Bresson en la historia del arte basta decir que fue el primer fotógrafo occidental al que se le permitió trabajar después de la muerte de Stalin en la Unión Soviética.

Fue un maestro en el juego de luces y sombras, en la espontaneidad, en la perspectiva y la falta de definición como atributo a la profundidad. Son famosas sus fotografías de Gandhi justo el día antes a su asesinato, o los retratos de Matisse o Giacometti, o sus casi mil de desconocidos en la comodidad de sus hogares.

Juvisy, Francia (1938, Cartier-Bressin)

Juvisy, Francia (1938, Cartier-Bressin)

En esta fotografía, por ejemplo, cuatro personas disfrutan de un apetecible picnic a las orillas del Sena. Sobre las tranquilas aguas del río un bote repleto de cañas de pescar espera a que algún pez pique en ellas. La fotografía se tomó muy cerca de los personajes, el espacio tiene poca profundidad y es abierto, alargado, los retratados parecen no advertir la presencia del fotógrafo, todo ello hace que la composición parezca estar muy cerca del espectador, que el grupo forma parte de una realidad tangible. Esta fotografía logra captar un momento muy importante de la historia de Francia, fue tomada un par de años después de que el gobierno francés aprobara la ley de vacaciones que garantizaba a los trabajadores dos semanas de vacaciones al año totalmente remuneradas.

De Cebrián e Illescas

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