Entremés de «No es país para viejos» de Cormac McCarthy

«Mandé a un chico a la cámara de gas en Huntsville. A uno nada más. Yo lo arresté y yo testifiqué. Fui a visitarlo dos o tres veces. Tres veces. La última fue el día de su ejecución. No tenía por qué ir, pero fui. Naturalmente, no quería ir. Había matado a una chica de catorce años y os puedo asegurar que yo no sentía grandes deseos de ir a verle y mucho menos de presenciar la ejecución, pero lo hice. La prensa decía que fue un crimen pasional y él me aseguró que no hubo ninguna pasión. Salía con aquella chica aunque era casi una niña. Él tenía diecinueve años. Y me explicó que hacía mucho tiempo que tenía pensado matar a alguien. Dijo que si le ponían en libertad lo volvería a hacer. Dijo que sabía que iría al infierno. De sus propios labios lo oí. No sé qué pensar de eso. La verdad es que no. Creía que nunca conocería a una persona así y eso me hizo pensar si el chico no sería una nueva clase de ser humano. Vi cómo lo ataban a la silla y cerraban la puerta. Puede que estuviera un poco nervioso pero nada más. Estoy convencido de que sabía que al cabo de quince minutos estaría en el infierno. No me cabe duda. Y he pensado mucho en ello. Era de trato fácil. Me llamaba “sheriff”. Pero yo no sabía qué decirle. ¿Qué le dices a un hombre que reconoce no tener alma? ¿Qué sentido tiene decirle nada? Pensé mucho en ello. Pero él no era nada comparado con lo que estaba por venir.

Dicen que los ojos son el espejo del alma. No sé qué podían reflejar sus ojos y creo que prefiero no saberlo. Pero hay otra manera de ver el mundo y otros ojos con los que verlo, y a eso es a lo que voy. Esto me ha puesto en una situación a la que nunca pensé que llegaría. En alguna parte hay un verdadero profeta viviente de la destrucción y no quiero enfrentarme a él. Sé que es real. He visto su obra. Una vez tuve esos ojos delante de mí. No pienso arriesgarme a plantarle cara. No es solo que me haya hecho viejo. Ojalá fuera eso. Tampoco puedo decir que se trate de lo que uno está dispuesto a hacer. Porque yo siempre supe que para hacer este trabajo tenías que estar dispuesto a morir. Así ha sido siempre. Tienes que estarlo aunque no sea motivo de ostentación. Si no, ellos lo saben. Lo notan enseguida. Creo que se trata más bien de lo que uno está dispuesto a ser. Y pienso que un hombre pondría en peligro su alma. Y eso no lo voy a hacer. Ahora creo que quizá no lo habría hecho nunca.»

No es país para viejos (No Country for Old Men, Cormac McCarthy, 2005)

 

Cormac McCarthy nació en Providence, Rhode Island, el 20 de julio de 1933. Escritor estadounidense considerado por algunos críticos como uno de los cuatro mayores novelistas norteamericanos de su tiempo. Su familia se trasladó a Knoxville, Tennessee, cuando él apenas contaba con 7 años y fue allí donde transcurrió su infancia. Su verdadero nombre era Charles, el cual cambió por el de Cormac a semejanza de uno de los más conocidos y legendarios reyes de Irlanda. Cursó estudios de humanidades en la Universidad de Tennessee sin llegar a graduarse. En 1953 ingresó en las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos, en las que sirvió durante cuatro años, los dos últimos destinado  en Alaska, donde presentó un programa radiofónico. Entonces regresó a la universidad y publicó un par de historias en su revista literaria, siendo galardonado en 1959 y 1960 con el el Ingram-Merril para la creación literaria. Tras casarse y tener su primer hijo, abandonó nuevamente los estudios sin graduarse y se trasladó con su familia a Chicago, donde escribió su primera novela, que se publicó unos años más tarde a cargo de Random House. McCarthy dijo que envió el manuscrito a esta editorial porque «era la única editorial de la que había oído hablar». Antes de su publicación ya se había separado y conocido a la que sería su segunda esposa en un buque camino de Irlanda. Gracias a una beca de la Fundación Rockefeller, pudo viajar con su mujer por Europa, Francia, sur de Inglaterra, Suiza, Italia y España, en cuya isla de Ibiza concluyó su segunda novela. Al año siguiente, en 1967, regresó a los Estados Unidos y se instaló en Rockford, Tennessee, para luego trasladarse a Louisville, Tennessee. Allí escribió su tercera novela y trabajó en el guión de la película The Gardener’s Son. En 1976 se separó de su segunda esposa y se trasladó a El Paso, Texas. En 1979 se publicó su cuarta novela, escrita de manera irregular a lo largo de veinte años. Manteniéndose con la beca recibida de la Fundación MacArthur, acabó su siguiente obra. Sin embargo, no fue hasta la publicación del primer volumen de su Trilogía de la Frontera, que recibió el amplio reconocimiento del público, obteniendo en 1992 el National Book Award. Volvió a casarse en 1998. Tuvo otro hijo. Y, después de siete años, publicó su siguiente novela: No es país para viejos. La misma que dos años más tarde sería llevada al cine por los hermanos Coen. McCarthy es un escritor versátil y ha escrito tanto guiones para la gran pantalla como para videojuegos, relatos cortos, novela y teatro. En el 2006 recibió el Premio Pulitzer de ficción por La carretera. Actualmente McCarthy reside en Tesuque, Nuevo México, al norte de Santa Fe. Raramente concede entrevistas. Se le conoce por obras tales como: El guardián del vergel (The Orchard Keeper, 1965), La oscuridad exterior (Outer Dark, 1968), Hijo de Dios (Child of God, 1973), Meridiano de sangre (Blood Meridian or the Evening Redness in the West, 1985), No es país para viejos (No Country for Old Men, 2005) o La carretera (The Road, 2006).

 

 

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